Los problemas argentinos tendrán que ser resueltos por argentinos. Hoy como ayer, la neutralidad es una digna herramienta nacional. El alineamiento mileísta es de una gravedad inusitada. Asia occidental: ¿Los Estados Unidos caen o sacan un as de la manga? Versiones distintas sobre el curso del conflicto.
Por Gabriel Fernández *
En una de esas, lector, algunos amigos que se aproximan a esta secuencia de modo irregular, pueden suponer que las temáticas que se abordan sugieren la posibilidad de hallar una solución lejana a los problemas argentinos. De ser así, vale destinar algunas líneas a enfocar el panorama y rechazar con solidez la creencia. Es pertinente subrayar que la situación que atraviesa esta nación del Sur necesita ser resuelta por su propia gente, en el territorio sobre el cual la naturaleza -y las migraciones- la ha ubicado.
Por supuesto: “La verdadera política, es la política internacional” ha señalado con acierto Juan Domingo Perón. Claro está: la situación internacional influye sobre el rumbo interior. Sin embargo, las propuestas y las decisiones deben ser adoptadas y elaboradas en el seno mismo del país. Tomando en cuenta esos asertos, la Argentina necesita tomar distancia razonable de los grandes conflictos que se despliegan en Eurasia y Asia occidental. La antigua tradición neutralista debe relanzarse con vigor a la luz de las explosiones que iluminan otros cielos.
La observación es incómoda. Otro parámetro serviría con eficacia para quedar bien ante la opinión y declamar justicia a diestra y siniestra. Pero es clara, y sincera: resulta preciso combatir el infame alineamiento impuesto por el gobierno de Javier Milei en beneficio de los Estados Unidos e Israel, y también cuidarse de proponer una contracara que convierta al país en beligerante aliado de Irán. Una cosa es rechazar crímenes de guerra, avasallamientos de soberanías, utilización de armas vetadas, y otra es adentrarse en los conflictos como protagonista directo.
Es preciso repasar el planteo de la Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina (FORJA) ante la Segunda Guerra, para absorber los argumentos: “media docena de Estados pretenden decidir los destinos del mundo entero. Nuevamente, como en la guerra del 14, se quiere mezclarnos en la contienda. (…) 300.000 argentinos morirán en la guerra europea, si el pueblo no defiende la neutralidad como lo hizo Yrigoyen, en la guerra de 1914-18, contra el voto de los socialistas y conservadores, de los intelectuales y del periodismo animado por el oro británico. La neutralidad es la única política auténticamente argentina y por eso solo FORJA puede sostenerla”.
Porqué no ir un poco más lejos: “¿Los argentinos somos zonzos? Gandhi está con la libertad y la democracia, pero quiere que empiece por la India. Empecemos aquí con los frigoríficos, los ferrocarriles, el comercio de cereales, el servicio de luz y demás fuentes de nuestras riquezas nacionales que son las prendas de nuestra libertad. Ni las plutocracias, ni el nazifascismo pelean por nosotros. Esta tarea es nuestra”. Se trata de una mirada situada en esta tierra, por encima de la justicia y el sentido de las causas en colisión. La definición es fuerte, de hecho uno de los impulsores de la lidia era Alemania y las campañas para combatir el nacional socialismo fueron cautivantes en favor de los aliados.
A primera lectura, ofende a quienes por estas horas priorizan -con razones- la acción de Irán, China y Rusia en detrimento de la coalición agresora. También a quienes, siguiendo sin método pero con preocupación estas mismas Fuentes, perciben que en el juego se insertan las corporaciones financieras que gobiernan a las armamentísticas y a los laboratorios. Ahora bien: Una vez que se reflexiona con serenidad, puede comprenderse que bien vale un voto de condena en la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas hacia la acción israelí sobre Gaza, pero no la inserción de nuestra Patria como actor armado en el litigio. En modo Estado soberano, la República Argentina necesita plantarse como neutral.
Así como por aquél entonces el grueso del activo forjista tenía su corazón puesto en las fuerzas anti fascistas, en este tiempo el sentido común de los que visualizan los intereses en juego se inclina hacia la coalición que motoriza los países BRICS. De hecho, quien esto redacta ha explicado en reiteradas oportunidades que el desarrollo de los emergentes es clave para diagramar un planeta con mejores perspectivas humanas en general, y sudamericanas en particular. Empero, la definición particular de los militantes no debería involucrar al Estado nacional, que necesita evaluar con detenimiento y sin prisas el decurso de acontecimientos que no ha puesto en marcha. Esos hombres y mujeres sensibles a las causas dignas deben pronunciarse con toda la intensidad que deseen, pero no impulsar un andar en fila detrás de otras naciones.
El planteo necesita ser franco, despojado de excusas estilo “no nos definimos porque no tenemos recursos o posibilidades de colaborar con una de las partes en disputa”. La neutralidad implica un posicionamiento en favor de la paz y -aunque en última instancia todo litigio afecte a la humanidad en su conjunto- una actitud soberana que evita zambullirse en contiendas que el país no puso en marcha. Es comprensible que, debido al dislate general que implica este gobierno libertario, se registre ante zonas de la opinión una tendencia a dar vuelta la rosca con mayor vigor para equilibrar fuerzas. La adhesión de la gestión anti nacional y anti popular a la acción imperial es un baldón que la Argentina solo podrá saldar recuperando su histórica postura y evaluando el modo adecuado de recuperar lo perdido; desde los recursos naturales hasta la industria, desde las zonas ocupadas por potencias extranjeras hasta la investigación científico técnica, desde la elaboración de papel moneda hasta el control del Banco Central.

ADIÓS ESTADOS UNIDOS. No hay peor astilla que la del mismo palo. El desencanto del periodista Tucker Carlson con Donald Trump lo ha convertido en una herramienta de difusión potente y aguda. El reconocido economista estadounidense Jeffrey Sachs refutó, durante una entrevista con Carlson, la idea de que los Estados Unidos dominan el mundo y afirmó que ese enfoque, que atribuyó al presidente Trump, no se ajusta a la realidad actual, marcada por múltiples potencias y países con armas nucleares. El cowboy comunicacional indagó si los sistemas políticos y económicos sobrevivirán la guerra contra Irán, a lo que Sachs replicó que el mundo necesita cooperación para evitar conflictos capaces de destruir la economía global, o incluso el mundo, en poco tiempo.
En este contexto, el economista aseguró que existen creencias falsas sostenidas por Trump. “Tenemos una delusión abrumadora que es sostenida firmemente por el presidente, que tiene sus propias delusiones personales. Y ella es que los Estados Unidos reinan supremamente en el mundo”, expresó. La expresión empleada significa “creencia delirante, persistente e irracional”. Según Sachs, cuando Trump dice que su país es “el más poderoso” de la historia, puede sentar bien a él y a sus seguidores, pero es un enfoque equivocado. “Cada día, cuando el presidente Trump dice que somos los más poderosos … en la historia del mundo, claro, a él le hace sentir bien decirlo. Quizá a sus seguidores les hace sentir bien decirlo, pero es un enfoque completamente, totalmente equivocado para nuestro planeta en este momento”, señaló.
En contraste, se refirió a la “parte seria” del escenario internacional: desafíos profundos, varios países con armas nucleares y múltiples potencias. “Necesitamos encontrar una manera de llevarnos bien, de entendernos, de cooperar, de resolver problemas y de evitar las trampas de una guerra que puede destruir la economía mundial o incluso el mundo en un corto periodo de tiempo”, añadió. Luego, Sachs describió la retórica de fuerza como un resto de la idea de que Washington, desde la Segunda Guerra Mundial, debe “dirigir el mundo”. “Toda esa fanfarronería es un remanente de la idea que los Estados Unidos han perseguido durante su era imperial desde la Segunda Guerra Mundial: que deberíamos dirigir el mundo. Y Trump tiene una visión particular de eso, que es que él debería dirigir el mundo“, afirmó.
HOLA, ESTADOS UNIDOS. Aunque son varios los analistas que, en consonancia con Sachs, estiman que el gobierno de los Estados Unidos ha equivocado el rumbo debido a diagnósticos y proyecciones erróneas, se va haciendo lugar otra vertiente interpretativa que refiere el accionar trumpiano como más calculado de lo que parece y ante el cual es preciso sostener cautela pues los resultados del mismo están en desarrollo. Según esa mirada, los Estados Unidos, en un intento por mantener su hegemonía global ante la creciente de los países emergentes, lleva adelante una estrategia de dominio basada en la guerra, el zigzag y la deuda. Aunque difícilmente ese camino resulte exitoso, sus defensores apuntan que la acción norteamericana dista de ser -como se ha señalado- una burda improvisación.
Así, se preocupan en realzar el primer gran objetivo: el sostén de la hegemonía del Dólar. Debido al aprovechamiento de la estructura de intercambio instalada a través de las monarquías petroleras, los Estados Unidos tensionan a China para que dependa energéticamente de Occidente y sostenga la adquisición de bonos del Tesoro. En línea, impulsa conflictos en los variados puntos nodales del primer tramo de la Franja y la Ruta. Según esta interpretación los extraordinarios gastos se diluyen porque con el respaldo de las compañías financieras y la satisfacción de las armamentísticas, la potencia del Norte puede endeudarse por tiempo indefinido.

Ante el interrogante de este periodista -en base a las previsiones de economistas como Sachs, entre tantos- sobre si eso era posible tomando en cuenta los gigantescos volúmenes la respuesta fue sencilla: “hace tiempo que el endeudamiento norteamericano es escandaloso y nada sucede. El mundo se adecúa a este exceso y se hace cargo del pasivo de los Estados Unidos como parte de las reglas del juego. Ya debería haber estallado y no estalló. Los grandes jugadores, los mega bancos, necesitan sostener al Estado norteamericano en su beneficio”. Esto no significa que Ucrania no sea una dificultad y que Oriente Medio no esté resultando un pantano. Al entender de los pesimistas, los Estados Unidos saldrán debilitados, una parte del planeta pagará su reactivación y seguirá cumpliendo su función de ariete del Estado Profundo.
En armonía con esas consideraciones, los críticos ponen de relieve que, con ambos litigios sobre las espaldas, también la Federación de Rusia y la República Islámica de Irán saldrán menoscabados del tramo en vigor. Es cierto que Vladimir Putin está logrando una lenta victoria en Eurasia, y que los iraníes han evidenciado una capacidad resistente envidiable. Pero eso no significa que puedan afrontar grandes contiendas como si nada -destacan-. Y realzan que aunque efectivamente la economía norteamericana está en caída, no resulta gratuito enfrentar al gigante que conduce a los gritos el rubicundo. En ese punto los analistas insisten en que las declaraciones extravagantes de Trump están previstas para lograr impactos mediáticos y confusión política, descartan que se trate de tonterías e improvisaciones.

LAS COMPLICACIONES. Nada es sencillo en esta vida, claro. Objetores y defensores de las tareas norteamericanas coinciden en complicaciones irresolubles para la tierra de las oportunidades. En principio, el horizonte interno es realmente grave, la crisis humanitaria se extiende y la promesa de re industrializar el país está lejos de cumplirse. La inestabilidad y las confrontaciones locales se intensifican y las perspectivas electorales republicanas son cada vez más lánguidas. Asimismo, por vuelta que le den a la máquina, la ampliación de las instalaciones militares a lo largo y a lo ancho del planeta implica un costo difícil de afrontar; el más reciente registro indica que existen más de 800 bases estadounidenses diseminadas por el globo; son pequeñas naciones cuyo peso económico ahorca el presupuesto continental. Finalmente, aunque los pasos antedichos delatan la intención de un ralentí, la verdad es que los países BIRCS siguen creciendo.
¿Entonces? Aunque anhelan cambiar el escenario los Estados Unidos se están alistando para una guerra abarcativa. Varias automotrices han sido convocadas a fabricar misiles. El área de Defensa analiza la reposición del servicio militar obligatorio. “El objetivo real no es Irán: es China. Rodeada de bases militares, bloqueada por el impetuoso enfoque de negociación de Donald Trump en 2026, caracterizado por amenazas arancelarias rápidas seguidas de aperturas al diálogo, parece ser una mezcla de estrategia consciente y presión sistémica, actuando más como un método de disuasión y ´locura´ que como una diplomacia tradicional. Este estilo busca forzar concesiones rápidas mediante la creación de caos y el uso del apalancamiento económico”. Dicen los cautos.
Por eso los Estados Unidos vienen presentando impactos simbólicos sobre acuerdos estratégicos a largo plazo, por lo común declarando victorias que nadie puede corroborar. De allí, además, que utilice las redes sociales y los anuncios repentinos para generar incertidumbre y obligar a otros países a dar explicaciones ante las poblaciones. A no creer que esa palabrería releva la fuerza. Los anuncios de negociación suelen ir acompañados de un despliegue militar significativo, lo que evidencia la importancia de contar con Fuerzas Armadas bien pertrechadas. Atenti con esto porque se abunda con datos más etéreos, olvidando que las elaboraciones guerreras se encabalgan aunque necesiten de las nuevas tecnologías.
Para concluir con los informantes que brindan una perspectiva interesante a los Estados Unidos, es preciso indicar que a su entender la estrategia en marcha genera un alto impacto mediático y económico, pero provoca desconfianza y debilita las alianzas, haciendo que los acuerdos sean temporales o difíciles de implementar. Y muy especialmente: “En resumen, el comportamiento de Trump refleja una estrategia de choque que busca cambiar las reglas del juego global, aprovechando la fuerza del sistema estadounidense para imponer condiciones, en lugar de someterse a las normas diplomáticas establecidas”.
Ante este panorama, sostienen los portadores de otra mirada, “China tendrá que elegir entre someterse… o enfrentarse al imperio”.
Veremos.
Este narrador considera que la variante es otra, como queda evidenciado en el video, pero no está dispuesto a descartar posibilidades. Aunque las transformaciones persistan, los esfuerzos de las empresas que dominan el universo financiero son loables; saben que no es lo mismo observar el arrasamiento del Viejo Orden en manos de los multipolares que frenar el amanecer un tiempito y contar con el tiempo pertinente para adecuarse al futuro.
- Area Periodística Radio Gráfica / Director La Señal Medios / Sindical Federal











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