Por Camila Hernández Benítez *
Una de la tarde. Miro la 25 de Mayo bastante cargadita para un mediodía que –para mucha gente- era uno más, un jueves más intrascendente en un inicio de Febrero tan raro como lo fue el último año.
Mochila, camiseta, el trapo, agua, pasajes, barbijo –el nuevo accesorio universal- y una ilusión grande como el amor que le tenemos muchas y muchos de nosotros a San Telmo. Nos separaban 300km y diez horas de un hito, de un momento que quedará en la historia y en la retina de la familia candombera. El club de nuestros amores, del barrio, de la isla, jugaba el repechaje para la última plaza en la Primera Nacional. El club de nuestros amores se jugaba una última chance mientras nos recuperábamos del último golpe el pasado 25 de enero en la cancha del Rojo. Se nos escapaba el ascenso con Tristán Suarez y surfeábamos entre la bronca, la tristeza y la confusión de una AFA que -para variar- papeloneaba con las plazas, los números y las zonas. Cargando todo eso a cuestas, había que encarar para Rosario como sea. Con tripa y corazón. Algo que nunca le faltó a San Telmo y su gente.
A medida que pasaban las horas y caía la tarde, el sol pegaba con más fuerza en la ventana del micro. Picaba para recordarte que estabas vivo, que la vida es esto: hacer de todo por amor, por una pasión que no te vas a poner a explicarle a quien no lo entiende. Que la pasión es hacer todos los kilómetros que hagan falta para ir a alentar al club de tus amores, a bancar la parada, a festejar, a llorar, a emocionarse.

Mientras escribo esto –y pido disculpas si abuso de la autoreferencialidad- me recuerdo con ocho años menos, siendo una pibita que hacía malabares entre sus laburos para ir a una cancha entre semana en horarios insólitos, todo por amor y porque había encontrado algo en lo que podía amalgamar oficio con pasión. Mientras escribo esto pienso también en grandes compañeros de radio, en colegas que se han cruzado por este camino, en gente con la que uno se quedaba charlando en algún pasillo del ascenso, de las tablas, de los promedios, de las transmisiones.
Mientras escribo esto pienso en el barrio, en la isla, en el puente, en el bote, en las escaleras mecánicas que nos cansamos de subir y bajar cruzando a pata de La Boca a Avellaneda. “El sueño del villero se tiene que dar” habrán escuchado infinitas veces por ahí, sin saber el profundo significado que esa frase tiene. Sin saber que, cuando finalmente se nos diera, iba a ser no sólo un ascenso sino también un acto de justicia enorme con aquellas candomberas y candomberos que día a día cargan -errónea e injustamente- con el ser “villeros”, ser “los de la isla”.
La isla: ese lugar que supo y sabe hacernos de hogar, ese lugar tan bastardeado, tan discriminado, tan dejado de lado, mirado con ojos que definitivamente no entienden nada de nada. No entienden ni de amor, ni de pertenencia, ni de orgullo, ni de identidad. Ojos que no son capaces de ver más allá de lo que les permite el prejuicio y los estereotipos que nos impusieron desde siempre. Si supieran.
Si supieran lo que es caminar por esas calles con el pecho inflado vistiendo los colores más lindos de mundo. Si supieran lo que es llegar a la isla y ser feliz porque sabes que seguro te vas a cruzar a alguien camino al Baletto y algún intercambio inevitable de abrazos va a haber. Si supieran todo lo que corre por esos colores. Esos colores que vestía un Alan González que se paró frente a la Tribuna ‘Diego Maradona’ del Coloso Marcelo Bielsa y defendió con uñas y dientes. Un Alan González que se hizo enorme y tras dos atajadas le dio el pase a la segunda categoría del fútbol argentino al Candombero.

La emoción a flor de piel no impidió parar un segundo la locura y mirar alrededor. Las lágrimas, los abrazos, la euforia, el grito que finalmente se desahogada por haber logrado el sueño del villero. La emoción a flor de piel tampoco impidió enfriar la cabeza y mirar para atrás a ver todo lo que se atravesó para finalmente llegar a la cuna de la bandera, ser nacionales y que el país supiese de nosotros.
Señoras y señores, de pie: San Telmo es Nacional.
(*) Co-conductora de Abramos la Boca (lunes a viernes de 16 a 18)











Discusión acerca de esta noticia