Por Leonardo Martín
Estas palabras no están destinadas inicialmente al presente, son para el futuro, busca llegar a quienes lean dentro de 30, 40 o 100 años. Si es que las sociedades siguen leyendo o si la humanidad no se terminó de autodestruir en algún conflicto bélico de escala planetaria, en un colapso ambiental o en algún cataclismo como la caída de un meteorito.
Hoy estas palabras son para hablar de este presente, de estos días y lo que está sucediendo en Argentina y en la región, como una especie de nota al pie para habilitar una interpretación futura.
Empezamos esta semana con una alegría muy grande, que se parece bastante a un alivio. Para alimentar aún más el mito en torno a su figura, Lula acaba de ganar unas elecciones históricas en Brasil, a las que les cabe el calificativo de épicas. Perdió en la primera vuelta por 3 millones de votos, ganó el ballottage por cuatro millones a un oscuro personaje como Flávio Bolsonaro. Para alimentar la épica fue en medio de un clima de movilización conmovedor, con un despliegue en las calles con multitudinarias movilizaciones y con una fuerte e inteligente acción en el terreno virtual.
Me da un poco de intriga como van a pensar este presente en el futuro. Imagino que la figura de Lula va a ser muy reivindicada y al que la distancia permita ver como el gran dirigente de la historia de Brasil.
El domingo por la noche, cuando festajaba en su búnker de campaña dijo “Dios ha sido muy generoso conmigo, tiene su dedo en mi cabeza“. Si existiera Dios, vaya si ha sido generoso con Lula. Nacido en el Pernambuco, en el nordeste pobre de un país sumamente desigual. Emigrado, como tantos otros de sus compatriotas, a la periferia industrial paulista donde se convirtió en tornero y luego dirigente sindical en tiempos de dictadura. Sus repetidos intentos fallidos por llegar a la presidencia hasta que lo logró en 2002.
Creo que el futuro va a recordar que sacó a millones de la pobreza, que posicionó a Brasil como una potencia regional que comenzó a ser respetada más allá de sus admiradas selecciones de fútbol, su música y playas. El desgaste, una apuesta que no salió bien con Dilma Rousseff y la reacción antiPT parecían terminar con la carrera de Lula en un período en donde además se enfermó y recuperó de un cáncer y donde estuvo más de 500 días preso. Dio la vuelta la página, hizo nuevos acuerdos políticos y volvió a ganar la presidencial en 2022. Ahora con un ballottage muy complicado, revirtió una elección histórica.
“Queremos ser un país central, no uno periférico”, dijo en su discurso de celebración en el búnker y volvió a repetir “Brasil no va a ser el patio trasero de nadie” en obvia alusión a Estados Unidos, a Trump y a Marco Rubio. Además, enfatizó la necesidad de regular a las redes sociales que en especial Meta (Facebook + Instagram + WhatsApp) jugaron a favor de Bolsonaro. También destacó la importancia de que Brasil desarrolle su propia Inteligencia Artificial por fuera de Estados Unidos y China. Mirada estratégica.

Disgresión. Me intriga saber el destino de Estados Unidos en medio siglo o más. Hoy muchos piensan que ya no va a ser la gran superpotencia que es hoy, que se viene un mundo multipolar con preeminencia China. ¿Qué será de las redes sociales? ¿Existirán? ¿Las habrán regulado? ¿Seguirá la población pasando horas en scrolleos infinitos?
Por lo pronto, esta derrota de Bolsonaro – que previsiblemente aún no aceptó- es una derrota de Estados Unidos. Si esto fuera un TEG – no sé si seguirá existiendo- Estados Unidos desplegó fichas por toda esta parte del continente en el último tiempo: Milei en Argentina, De la Espriella en Colombia, Rodrigo Paz en Bolivia, Daniel Noboa en Ecuador, José Kast en Chile, Santiago Peña en Paraguay, Delcy Rodríguez en Venezuela tras el secuestro de Nicolás Maduro y le faltaba la coronación con Brasil, un país que es un continente y principal potencia regional. No pudo ser por ahora. Seguramente van a continuar con la tarea de desestabilizar para lo cual siempre cuentan con socios locales.
La victoria de Lula da respiro, nos da alivio como latinoamericanos. Argentina podría ser el próximo país que deje atrás a estos gobiernos neocoloniales en 2027, pero si hoy vemos el panorama de la oposición no está del todo claro que ocurra. Las disputas internas y la falta de un liderazgo generan la dispersión de propuestas en la cual ninguna, por ahora, termina de ser nítida para enfrentar a Milei.
¿Podrían ser las nuevas canciones, con versiones de clásicos, de Kicillof? Es una posibilidad. ¿Podría ser Cristina? Más difícil a partir de la persecución judicial, de estar cumpliendo la prisión domiciliaria, pero también de una decisión, a diferencia de Lula, de conducir un espacio más que al conjunto. ¿Podría ser Massa? Quizás lo ayude un golpe de suerte, pero carga con ser el ministro de Economía de un momento desbocado de la inflación.
El deterioro social generado por Milei está haciendo parte del trabajo para la oposición. Ya desde hace varios meses busca suspender las PASO, para quitarle al peronismo la posibilidad de dirimir por los votos a los diferentes candidatos, pero aún no hay eco en el Congreso. Lo que no quiere decir que lo pueda alcanzar, teniendo en cuenta los recientes antecedentes rufianescos de ese honorable recinto.

¿Y Milei? No tengo dudas que lo van a recordar como una total anomalía, como un particular camino de la sociedad argentina de acompañar a un personaje border, un roto en el poder acompañado de una banda bastante lúmpen y con voracidad por manotear dinero mal habido. Detrás de toda esa banda los intereses de los tecnofacistas, de las mineras, de las empresas de energía de Estados Unidos e Israel. Les va a quedar un archivo visual voluminoso de esta etapa, probablemente se pregunten cómo llegamos a esto. Nosotros también lo hacemos.
Su carrera política se construyó en base a un personaje desbordado y desquiciado en un momento de bronca social y ánimos crispados, pero en estos días, particularmente, está en un muy mal momento. Repite en los discursos la misma zarasa envalentonada de transformaciones y números maravillosos, se pelea e insulta a economistas, políticos y periodistas que no le gusta lo que dicen.
De a poco va quedando solo, viejos amigos ya no lo quieren recibir como sucedió en España en una gira que acaba de hacer recientemente. Ya muchos empiezan a explorar el mileismo sin Milei. Las balas les pican cercan, entre ellas la de Patricia Bullrich que juega a ir posicionando una candidatura presidencial si Milei despista del camino.
Como contexto, una economía en caída, con una consumo para abajo, con salarios e ingresos que no alcanzan, sin obra pública, con desfinanciamiento de la educación y la salud y un empobrecimiento generalizado.
Por hoy terminamos. Las tareas del presente demandan. Esperemos que sean útiles los apuntes. Saludos desde un 26 de octubre de 2026.











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