Por Federico Sclausero
En medio de figuras de la talla de Madonna, Shakira o Coldplay, un grupo de siete chicos coreanos se robó todos los reflectores cuando entraron al campo del MetLife Stadium durante el show del entretiempo de la final del último Mundial de fútbol, cantando y bailando al ritmo de “Dynamite”. Era el momento consagratorio de una historia de más de quince años, que comenzó en un pequeño estudio en Seúl y, poco a poco, logró conquistar al mundo.
Jin, Suga, J-Hope, RM, Jimin, V y Jungkook llevan casi dos décadas juntos como BTS. Pero lejos de los reflectores, los récords, los fans repartidos por todo el mundo y los millones de dólares que hoy mueve su marca, BTS primero fue una respuesta alternativa a la escena musical de su país: un grupo anclado en las individualidades de sus integrantes, con una imagen rebelde y poco pulida, y un sonido agresivo influenciado en el hip-hop.
Los “boy scouts a prueba de balas”, traducción de su nombre en coreano Bangtan Sonyeondan, entraron en escena en 2013 con su primer EP, 2 Cool 4 Skool. El impacto, sin embargo, no fue inmediato. Fuera de la esfera de influencia de las grandes discográficas del K-pop y previo a la masificación de las redes sociales, BTS debió formar su popularidad a la antigua, de boca en boca.

Además de su feroz energía en el escenario, la banda captó la atención del público por su crudeza al abordar temas tabú en sus letras. BTS volcaba en canciones como “No More Dream”, “NO” y “Boy in Luv” las ansiedades propias de la generación a la que pertenecían: experiencias de bullying, la presión de las expectativas familiares en el ámbito académico, desilusiones amorosas e incertidumbres sobre el futuro. Esto los acercó a un grupo de jóvenes que veía en su música un reflejo auténtico, ya que los integrantes participaban del proceso creativo a pesar de su corta edad, de un sentimiento generalizado de frustración y enojo que no encontraban en otros artistas populares del momento.
Desde entonces, BTS tiene un leal aliado: Army, el nombre que recibe su club de fans. En una industria tan fugaz como el K-pop, en la que grupos pueden aparecer y desvanecerse en pocos años, el vínculo con los fans es a veces el único sustento de un grupo para sobrevivir. BTS logró conformar una base de seguidores que aún hoy los acompaña de manera incondicional, y que creció hasta conformarse en una comunidad en sí misma. Desde traductores que fueron clave al principio para hacer accesibles los contenidos de la banda a un público mundial, a grupos altamente organizados que apoyan cada presentación en vivo y cada iniciativa en redes sociales, Army es sinónimo de BTS, el estándar de interacción entre un artista y sus fans, y su vínculo inquebrantable es en gran parte la razón detrás de su éxito.

La explosión en popularidad de BTS coincidió con otro fenómeno que empezaba a tomar fuerza de este lado del globo: la Hallyu wave, la exportación de productos culturales de Corea del Sur al resto del mundo. Lo que comenzó con una curiosidad viral, el “Gangnam Style”, se expandió a películas, series, comidas autóctonas, y productos de belleza y tecnología, entre otros.
Ya consolidados en su país, la banda tomó la bandera del K-pop hacia occidente en 2017, dejando de lado sus raíces en el hip-hop por un sonido más cercano al pop electrónico, acompañado por una imagen más madura y tocando temáticas de salud mental y amor propio. La trilogía de discos Love Yourself marcó su entrada definitiva al mercado global con hits como “DNA” y “Fake Love”, y colaboraciones con artistas como el DJ Steve Aoki y la cantante Halsey.
El verdadero año bisagra para BTS sería 2020. El lanzamiento de “Dynamite”, su primer sencillo íntegramente en idioma inglés, le dio al grupo su primer #1 en Estados Unidos, trascendiendo sus orígenes en el K-pop para instalarse como parte del mainstream global. Le siguieron “Butter”, “Permission To Dance” y “My Universe”, en colaboración con Coldplay. En unos pocos meses, la banda había pasado de ser una curiosidad de nicho a un fenómeno cultural inescapable.
Después de un impasse de tres años, tiempo durante el cual los siete integrantes debieron cumplir con su servicio militar obligatorio, BTS volvió a la actividad con su último disco, Arirang, y una gira mundial que visitará 23 países incluyendo, por primera vez, Argentina. La ambiciosa puesta incluye un escenario de 360 grados ensamblado en medio del campo y un repertorio que explora sus trece años como grupo. Las presentaciones serán el 21, 23 y 24 de octubre en el Estadio Único de La Plata, con entradas completamente agotadas, aunque el show también será transmitido en simultáneo en varios cines.
Con millones de discos vendidos y habiendo roto récords de todo tipo, nada indica que el fenómeno BTS vaya a aflojar en el futuro cercano. El mundo ya baila a su ritmo. Ahora nos toca a nosotros.











Discusión acerca de esta noticia