El análisis de Gabriel Fernández sobre la actualidad geopolítica en el aire de la Gráfica. Podés leer el texto desgrabado del editorial.
Por un lado, es preciso subrayar la trascendencia de una acción ucraniana que se desplegó en las últimas horas y golpeó fuerte en el panorama internacional: un ataque incentivado por Kiev contra un barco comercial iraní. ¿Cuál es el objetivo? Bueno, esto enlaza con algo que habíamos charlado aquí: extender la guerra e incrementar el volumen del conflicto bélico. Ha cruzado la raya de una cosa es la declamación y otra cosa es la acción de la separación del conflicto en Asia occidental y de la situación en la frontera euroasiática.
En este momento están reunidos el nuevo premier británico Andy Burnham con el presidente de Kiev, Volodymyr Zelenskyy. El gobierno ucraniano necesita que se sostenga el apoyo europeo, sobre todo que se sostenga el apoyo de inteligencia británico y, más que nada, que los Estados Unidos se involucren más en el litigio.
Y se avecina una reunión importante entre Donald Trump y Benjamín Netanyahu. La intención del premier israelí es que los Estados Unidos no ralenticen ataques contra Irán, que vuelvan al fuego intenso, ni se opongan a las agresiones israelíes sobre el Líbano. La reunión también está relacionada con la sostenida y narrada aquí en relación con las corporaciones armamentísticas. Me parece interesante señalar que, por vueltas que se le dé y por determinadas declaraciones altisonantes que brinde, Trump termina obedeciendo por lo menos lo que viene combinado como presión desde el espacio sionista y desde el espacio armamentístico.
Mientras tanto, continúa la campaña antirrusa en Europa. Como rechazo, las declaraciones de Vladímir Putin han sido más fuertes en los días recientes, a tal punto que en algunos medios hubo confusión sobre si quien había pronunciado esos planteos resultaba ser Medvédev o el propio Vladímir Putin. No; fue Putin el que se plantó frente a las acusaciones fantasma realizadas por Europa sobre el deseo o el anhelo de Rusia de invadir ese continente. Los deseos de los rusos son de los rusos, no necesitan que los inventen desde fuera.
Ahora, ¿qué se está debatiendo en Rusia? Por un lado, se están tomando los recaudos necesarios para afrontar una eventual situación bélica con Europa —que sería realmente la Tercera Guerra Mundial lisa y llana—; pero también se debate si debe resolver la situación en la frontera o no. Por el momento, está a horas o días a lo sumo de tomar todo el Donbás; está ganando la guerra. El tema es si va a apretar el acelerador y va a ir por tierra sobre Kiev o no. Esto tiene una dificultad: por un lado sería la acción lógica de la Federación de Rusia para acabar con el conflicto, con el nazismo y con el hostigamiento de Kiev sobre los pueblos euroasiáticos de la frontera; pero, por otro lado, podría ser el elemento que le brinde razón a la prédica europea y de allí se desate una contienda extendida. Eso es lo que está frenando la toma de una decisión firme y directa.

En el otro “litigio”, Irán está atacando las instalaciones norteamericanas en el Golfo Pérsico. Pero es fuerte ya la versión acerca de la planificación de la Guardia Revolucionaria Islámica para controlar las potencias del Golfo, no de una manera específicamente restringida sobre las instalaciones estadounidenses como hasta ahora, sino yendo un poco más lejos para resolver la situación crítica, además de la política en materia económica relacionada con el tránsito petrolero.
Algunos analistas han ido incorporando un factor esencial. Lo que no se dice hasta ahora y parece importante — lo subrayamos de manera permanente— es que la economía estadounidense no se recupera, no logra despliegue industrial y eso incide en todos los campos. El comentario y la admisión de algo que es evidente resulta tenue aún, pero al menos existe: no están logrando hacer encajar los factores de análisis sin hablar del asunto.
Y un alerta: nos caracterizamos por hacer anticipos cuando estos son firmes, de otro modo no estaríamos señalando esto, sobre todo por el lugar al cual hacemos referencia: atención con el Mar de China Meridional otra vez. Corea del Norte y Filipinas, como puntas de lanza de los dos bloques, básicamente están en alerta. Filipinas anunció, además de su preocupación sobre la situación en el Mar de China Meridional, que va a potenciar y profundizar sus elaboraciones atómicas. Esto ya se sabe que es fuerte en Corea del Norte. Esperemos que no trascienda más allá de las algaradas, pero la situación es complicada en la región y esa zona es otro de los pasos esenciales del comercio internacional; es más amplio y pasan más productos, no solamente elementos relacionados con la energía.
Ahora bien, ¿qué ha sucedido por el barrio? Una de las acciones que desde el siglo XIX surgen con intensidad, sobre todo desde el Reino Unido primero y con posterioridad desde los Estados Unidos, es que el Sur del continente no se convierta en la pesadilla del norte. ¿Y cómo se trabaja eso? Básicamente a través de acciones de inteligencia que contrasten a la Argentina con el Brasil. Si Argentina y Brasil se pelean, si Argentina y Brasil están distanciados, las posibilidades de desarrollo del Sur evolutivamente hacia las naciones cercanas de América latina se complican; definitivamente se complican mucho. Es lo que viene logrando el norte.
Y claro, tiene aquí un anclaje muy fuerte que es Javier Milei como vocero de ese norte, como elemento de quiebre, insultante y provocador, con el objetivo de diseñar alguna variante de contraste entre las dos grandes naciones de la región. Hay un pedido de informes por parte del gobierno brasileño a su embajador en Buenos Aires, quien ha viajado al país vecino con el objetivo de dialogar con Luiz Inácio Lula da Silva. Esto se origina en el último tramo —por supuesto que tiene una historia detrás, como las elecciones del 2023—, pero se origina con intensidad presente porque viajó Milei a Brasil a respaldar a Jair Bolsonaro e insultó a Luiz Inácio Lula da Silva.

Ostensiblemente la respuesta de Lula fue muy fuerte: lanzó a su canciller Mauro Vieira a poner paños tibios mientras ratificaba su rechazo a la injerencia externa planteada por los Estados Unidos a través de la Argentina (qué vergüenza). Al mismo tiempo, señaló que era la posición correcta pero que no debería ser extremada al punto de romper relaciones con nuestro país. Esto no es simple diplomacia —aunque la diplomacia no es nada simple, valga la corrección que nos realizamos al respecto—, sino que todos toman muy en cuenta que Brasil es el principal socio comercial de la Argentina. El volumen de comercio cruzado, el volumen de importaciones y exportaciones es muy elevado.
Desde hace cuatro décadas, por lo menos (hubo otros momentos, pero este es clave), Brasil proveyó de materiales e insumos muy importantes para la industria argentina, y la industria es lo que al gobierno de Milei no le importa, la que está en deterioro. Ahí tenemos una dificultad, porque si contáramos con un gobierno que, aunque más no fuera siendo conservador, resultara práctico y pragmático en materia económica, habría una necesidad de mejorar el vínculo con el Brasil. Pero en este momento el único que está entendiendo de qué se trata es Brasil como gobierno, mientras que la República Argentina —con la irresponsabilidad habitual de la que hablamos en otros flancos— no tiene problema en extremar las diferencias. Así que mientras Lula trata de sostener un vínculo con la Argentina, la Argentina no tiene problema en patear el tablero y, con el objetivo de lograr una victoria bolsonarista en la nación vecina, insultar, gritar, hacer campañas y fomentar el desacuerdo.
El desacuerdo entre Argentina y Brasil es —esto ya lo explicó Juan Domingo Perón en 1953, y lo refrendó y desarrolló Alberto Methol Ferré con posterioridad— una catástrofe, porque el agrupamiento de esas dos economías tracciona al conjunto del Sur y al conjunto de América latina.
En ese marco se sucedieron errores propios que deben ser marcados, aunque puedan perjudicar la argumentación misma que estamos formulando (¿saben por qué? Porque es parte de la verdad). Hay un error de Lula cometido de costado al decir que la Guerra de la Triple Alianza se inició por una invasión del pueblo paraguayo sobre una localidad cercana a la frontera del Brasil. En realidad, como lo ha explicado el revisionismo histórico, el ataque fue una iniciativa británica sobre Brasil, Uruguay y Argentina para destruir la acción económica autónoma, soberana e industriosa del pueblo paraguayo, y terminó configurando un crimen de lesa humanidad, un genocidio. Los paraguayos se lo hicieron saber y ahí surgió un roce que tiene que ver con la discusión histórica y con el Mercosur.
Esto yo lo discutí directamente con hombres de Itamaraty: efectivamente, esa es la posición de Itamaraty. Hay una confusión brasileñista sobre el proceso histórico vivido por estas cuatro naciones involucradas. Por eso el accionar de Juan Domingo Perón fue importante, pero no alcanzó en el tiempo debido a las limitaciones físicas del protagonista como para plasmarse en tanto política exterior argentina. Espero que no haya más tiros en el pie de quien necesita la unidad del Sur para poder avanzar, porque no va a ser fácil convencer a los paraguayos de seguir dentro de las instancias organizativas sureñas si se les dice ese tipo de cosas.
Pero básicamente es preciso señalar que la acción de Luiz Inácio Lula da Silva es excepcional dentro del BRICS y en América latina, y que si no gana las elecciones y vuelve el bolsonarismo al Brasil, las ya no muy extensas posibilidades de recuperación que tiene la Argentina van a quedar por tierra, solo como fruto de deseos a futuro.











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