Por Carlos Aira (*)
El eco de los gritos todavía rebota en las laderas del Cerro de la Gloria. No es un domingo cualquiera en Mendoza; el aire tiene otro peso y un aroma de gloria que se filtra entre los portones del Parque General San Martín. Por unos largos minutos, el Bautista Gargantini dejó de ser un estadio provincial para convertirse en el epicentro de un fenómeno nacional. El clásico mendocino, el más grande y el que paraliza a la provincia, terminó en una humillación histórica: Independiente Rivadavia 5, Gimnasia y Esgrima 1.
Pero esta goleada no es un hecho aislado. Es el corolario de un proceso que desafía todas las leyes del fútbol del interior. El club que ascendió en 2024 no solo se adaptó a la elite, sino que la colonizó: Campeón de la Copa Argentina 2025, líder absoluto en puntos del Apertura 2026 y un debutante en la Copa Libertadores que se mueve con la prepotencia de un veterano, sumando tres victorias en tres partidos, incluyendo la gesta épica de vencer al Fluminense en el mismísimo Maracaná.
El ADN de Berti: Correr para asfixiar
Para entender este presente, hay que mirar el banco de suplentes. Allí, Alfredo Jesús Berti ha impreso un sello que remite a sus años dorados en aquel Newell’s bicampeón de principios de los 90. En un fútbol donde muchos intentan imitar la tenencia europea, Berti propone una intensidad inusual.
“No corremos por correr; corremos para asfixiar la idea del rival”, suele repetir el técnico.
Esa premisa fue la que desarmó a un Fluminense atónito hace solo unas semanas. Los brasileños, acostumbrados al toque y la pausa, se encontraron con once “leprosos” que les disputaron el oxígeno en cada rincón del campo. Independiente no necesita la pelota el 70% del tiempo para dominar; le basta con la eficacia. Es un equipo que quizás no genera treinta situaciones de gol, pero que factura en todas sus presentaciones.
El “Efecto Villa” y la mirada de los protagonistas
Circunscribir este momento únicamente a la presencia de Sebastián Villa sería un análisis perezoso. Villa es vital, sí, pero porque Berti lo ha reinventado. En diálogo con Abrí la Cancha, el periodista e historiador mendocino Cristian Minich (autor de El Campeón del Pueblo) desmenuzó la táctica:
“Independiente le hizo cinco goles a Gimnasia y Villa no convirtió ninguno, pero participó en todas las jugadas. Berti le pidió que juegue libre, como un lanzador multifacético al estilo Valderrama, porque sabe que tiene mucha marca encima. Al soltarlo, el equipo ganó en volumen de juego y neutralizó a los adversarios”.
Sin embargo, el fenómeno se apoya en una estructura colectiva donde todos brillan:
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La eficacia arriba: Matías Fernández, Gonzalo Ríos, Fabrizio Sartori y el paraguayo Alex Arce quizás no sean los más dúctiles en el juego asociado, pero son implacables en el área.
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El sacrificio táctico: Jugadores talentosos como Luis Sequeira han quedado relegados porque la premisa de Berti es innegociable: el que no corre y marca, no juega.
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La revelación del arco: Tras la salida de Centurión (quien regresó a River), las dudas recayeron sobre el juvenil Sebastián Volcatto. Contra todos los pronósticos, el chico de la casa está rindiendo con la sobriedad de un experimentado.
La grieta informativa: ¿Buenos Aires entiende lo que pasa?
Aquí radica el punto de conflicto. Mientras Mendoza celebra una era dorada, el centralismo porteño parece mirar para otro lado. Minich es tajante al respecto: “El día que la Lepra le ganó al Flu en el Maracaná, las portadas nacionales destacaban el escaso 1-0 de River ante Carabobo. No hay dimensión entre un triunfo épico y un partido de compromiso”.
Esta desconexión se manifiesta incluso en el lenguaje. Los medios de Buenos Aires suelen llamar al club simplemente “Rivadavia” (que es un departamento alejado de la ciudad) o “Godoy” a Godoy Cruz. “Lo que nos molesta en las provincias es el desconocimiento porteño. Dudan de nuestro clásico o mencionan mal nuestros nombres. Pero la geografía del fútbol está cambiando y los nuevos centros de gravedad son provinciales”, afirma el periodista.
Prohibido despertar
El conformismo de simplemente participar en la Liga Profesional quedó en el olvido. Antes de la final de la Copa Argentina, Berti le cruzó una frase a Minich en un pasillo del aeropuerto: “Vamos a ser campeones”. No fue una expresión de deseo, fue una certeza. Esa misma fe es la que hoy mueve a una hinchada que ya no le teme a los gigantes del continente.
Independiente Rivadavia ha dejado de pedir permiso. Con un fútbol voraz, una preparación física impecable y la mística de un club que se sabe “el campeón del pueblo”, la Lepra mendocina invita a soñar con lo imposible: conquistar América desde el pie de los Andes.
(*) Periodista y escritor. Conductor de Abrí la Cancha. Autor de Héroes de Tiento y Héroes en Tiempos Infames.











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