Por Carlos Aira
Qué curiosa esta Copa del Mundo. Siempre existieron parteaguas mundialistas, bisagras históricas que redefinieron el mapa del fútbol. Así como Inglaterra 1966 significó el desembarco del color y México 1970 la consagración del satélite internacional, Italia 1990 abrió de par en par las puertas de la nueva era de las comunicaciones globales. Más acá en el tiempo, Corea-Japón 2002 se convirtió en el primer mundial bipartito por una razón estrictamente corporativa: la FIFA no podía declarar derrotado al feroz lobby de las empresas vinculadas a cada nación. Sudáfrica 2010 atendió el eterno reclamo africano de organizar una Copa del Mundo, aun en un territorio donde —de antemano— se sabía que las cosas no saldrían con la matriz de los torneos anteriores. Luego estalló el FIFAgate en 2015, pero las cartas de Rusia y Qatar ya estaban echadas y los contratos, firmados.
Por eso este Mundial 2026 es diametralmente diferente. Es la primera cita máxima parida bajo una lógica donde el espectáculo devoró por completo al deporte. En ese sentido, el Comité Olímpico Internacional tiene muchísimo más claro que —a pesar de las presiones y los intereses espurios— la disciplina deportiva debe preservarse por delante del show. La nueva FIFA no piensa igual y está empujando al fútbol hacia un abismo del que todavía no conocemos el fondo. El juego en sí mismo puede seguir siendo apasionante —hoy nomás fuimos testigos de un partidazo entre Países Bajos y Japón—, pero todo el disfrute queda opacado por un contexto de cotillón que intenta superponerse a lo que siempre nos subyugó: el arte y la pelota.
Para colmo de males, la batalla cultural en el territorio de los Estados Unidos se juega a pleno y sin caretas. ¿Recuerdan que días atrás desmenuzamos la fiesta inaugural en el Azteca y la impostada presencia “latina” de Salma Hayek? Aquella actriz mexicana que se niega a hablar publicamente en castellano fue el estandarte de este nuevo tiempo. Pues bien, la farsa se completó en las últimas horas: la FIFA prohibió terminantemente el uso del idioma español en las conferencias de prensa oficiales.
Tras el vibrante duelo entre Brasil y Marruecos, las figuras Achraf Hakimi y Vinícius Júnior manifestaron su deseo de responder las preguntas en castellano. Sin embargo, el moderador de la FIFA les cortó el micrófono apelando a un tecnicismo burocrático: no había traductores en simultáneo para nuestra lengua. El hecho es de un cinismo absoluto. Si bien ese partido no se disputó en suelo azteca, están proscribiendo el uso del idioma oficial de uno de los tres países organizadores del torneo.
Pero vayamos al fondo de la cuestión. ¿Se acuerdan cuando hablamos de la “cultura latina envasada” que pretenden vendernos desde México hasta la Tierra del Fuego? No quedan dudas de que, desde las usinas del imperio del norte, anhelan que la hermosa lengua que une a casi mil millones de almas sea devastada en términos generacionales, hasta lograr el viejo sueño de que toda América hable un mismo y homogeneizado idioma. No tengo pruebas, pero tampoco tengo dudas.
UNA GOLEADA DE LA GRAN 7
Día 4. En su debut absoluto, Alemania tuvo un primer tiempo con dudas, pero su implacable eficacia le permitió terminar encajándole siete goles a los entusiastas muchachos de Curazao. Es uno de esos partidos de muy difícil análisis para el cronista. La diferencia entre ambos planteles representa un abismo técnico insondable; sin embargo, el fútbol es maravilloso y cuando los isleños de camiseta azul consiguieron el empate transitorio, los cuatro veces campeones mundiales padecieron un cuarto de hora de puras zozobras. Pero Alemania siempre es Alemania: acomodó las estanterías y terminó construyendo una goleada feroz a base de contundencia y rigor físico.
Vale detenerse en un detalle no menor sobre Curazao. Ayer desmenuzamos la realidad de la selección de Haití, donde tan solo 10 de los 26 convocados nacieron en aquella tierra. En Curazao el mapa es todavía más extremo: el número se reduce a un solo nativo. Estamos hablando de Tahith Chong, ese volante de frondosa cabellera que emula al inolvidable Carlos Valderrama y que hoy defiende los colores del Sheffield United, donde hace casi medio siglo brilló la elegancia de Alejandro Sabella.
El resto del plantel nació e hizo las inferiores en los Países Bajos. Hay que comprender que, desde la disolución de las Antillas Neerlandesas en 2010, Curazao ya no es formalmente una colonia holandesa, sino que ostenta el pomposo título de “país constituyente” dentro de la corona de la Casa de Orange. Un eufemismo moderno para decir, exactamente, lo mismo de siempre.
¡PARTIDAZO EN DALLAS!
En un partido plagado de emociones, Japón y Países Bajos igualaron 2 a 2 en el Dallas Stadium. De un lado, la Naranja Mecánica de toda la vida: velocidad, rotación estética y un escaso espíritu de lucha. Del otro, el combinado nipón: pura velocidad, combinaciones punzantes y todo el fuego sagrado que les faltó a los europeos.
Todo lo bueno sucedió en el complemento. Los neerlandeses estuvieron dos veces arriba en el marcador, pero Ronald Koeman cometió un error garrafal al ordenar el ingreso de Nathan Aké por Ryan Gravenberch. En un equipo que genéticamente no está preparado para refugiarse y que sufre horrores cuando no tiene la pelota, sacar al creativo más claro que estaba en cancha para poner un defensor fue un pecado de cobardía. El cambio le dio el ímpetu necesario a un Japón que dio una muestra conmovedora de carácter.
El frentazo de Daichi Kamada cuando el partido ya se moría fue gritado desde el alma. Como se gritan los goles que se buscan con el corazón. Nada de festejos de plástico ni corazoncitos con las manos cuando metés un descuento intrascendente mientras te están goleando (sí, va para ustedes, muchachos de Paraguay). Estos son goles que se gritan con las vísceras, de cara a la tribuna. Yo qué sé… por esas cosas de la nobleza deportiva, los japoneses siempre me van a caer simpáticos.
¡QUÉ LASTIMA ECUADOR!
Es una pena la derrota ecuatoriana. Los goles sufridos sobre la hora suelen ser de una crueldad infinita, sobre todo cuando la victoria estuvo varias veces al alcance de la mano. En Filadelfia, Costa de Marfil derrotó a Ecuador en el último minuto del tiempo regular, en un partido vibrante donde ambos equipos buscaron el triunfo sin especular.
El Ecuador de Sebastián Beccacece tuvo dos veces la apertura del marcador en la primera etapa, pero el travesaño se convirtió en un imán que rechazó la pelota. Primero fue el extremo John Yeboah a los 23 minutos y luego el carrilero Alan Minda a los 29, quienes hicieron crujir el metal con sus remates. Para colmo de males, el eterno Enner Valencia estrelló otro tiro en el poste derecho antes del primer minuto del complemento.
Allí se hizo presente el viejo y sagrado adagio del fútbol: los goles que no se convierten en el arco rival, se sufren en el propio. Cuando el partido se moría, a los 44 minutos del segundo tiempo, un centro rasante desde la derecha enviado por el defensor Wilfried Singo encontró la entrada franca de Amad Diallo. El extremo marfileño sacó un disparo bajo desde el borde del área que se metió contra el palo derecho de Hernán Galíndez, sellando un 1-0 inmerecido pero inapelable.
¡TORNADO EN KANSAS!
En Kansas se desarrolla la célebre historia de El Mago de Oz. Una fantasía que, curiosamente, comienza con un tornado, un fenómeno meteorológico que en esta época del año se vuelve moneda corriente en ese rincón del planeta. La práctica matutina del seleccionado nacional debió suspenderse y el búnker criollo vivió horas de alta preocupación cuando, entrada la noche, se desató un severo temporal que activó de inmediato las alarmas de evacuación.
“Tormenta de viento destructiva en esta zona. Refúgiese ahora“, detallaban con frialdad los mensajes oficiales que interrumpieron de golpe la normalidad de la jornada mundialista.
No es el primer contratiempo de esta índole que padece el conjunto nacional desde su arribo a la sede estadounidense. A pocas horas de haberse instalado en Kansas City, la cola de un tornado ya había causado severos destrozos en las inmediaciones del hotel de concentración, sembrando la inquietud en la delegación.
Por suerte, entrada la noche regresó la tranquilidad y los jugadores pudieron pasar un momento de necesaria distensión. No solo por la ilustre y siempre alegre visita de la leyenda del cuarteto, Carlos “La Mona” Jiménez, sino también porque encendieron las brasas para disfrutar del primer asado formal desde que pisaron Kansas. Una sagrada costumbre identitaria que no hay tornado en el mundo que pueda doblegar.
EL VAR, PROTAGONISTA DE LA GOLEADA
En la noche de Monterrey, el VAR fue protagonista de la goleada de Suecia 5 a 1 sobre Túnez. El VAR y nuestro Yael Falcón Pérez que seguramente se habrá preguntado, ¿Por qué a mí? Lo cierto es que el cuarto gol del elenco escandinavo fue cobrado por un roce imperceptible del balón que habilitó al recién ingresado Svanberg. Sin el apoyo de la pelota con sensor, la jugada hubiera terminado en off-side. Un detalle: cuando los africanos estaban cerca del 2-2, se volvió a repetir un problema ya visto y repetido: la habilitación de un arquero a un defensor, de frente, mal perfilado. ¿No será mejor volver a pegarle fuerte y dividir la pelota?
(*) Periodista / Conductor de Abrí la Cancha / Autor de Héroes de Tiento y Héroes en Tiempos Infames.











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