Entrevista realizada por Úrsula Asta y Leonardo Martín
En diálogo con Radio Gráfica, Lito Vitale destacó el papel del Indio como referente de varias generaciones, repasó sus primeros encuentros con Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota durante la grabación de Gulp!, analizó las claves de la singularidad artística del grupo y evocó otras colaboraciones compartidas a lo largo de los años. El músico valoró, además, el legado cultural del cantante, su capacidad para convertirse en una voz de referencia para miles de seguidores y la vigencia de una obra que, según sostuvo, seguirá creciendo con el paso del tiempo.
-¿Cómo está usted? ¿Qué le pasa en estos días?
Lito Vitale: La verdad es que el Indio es un referente para nuestra cultura muy fuerte, muy importante. Es una figura, realmente, una pieza fundamental en la cultura argentina, especialmente en la cultura rock y también en la figura del artista argentino.
Ha influenciado a tantas generaciones porque, además de ser un gran artista, un gran compositor y un gran letrista, lo que el Indio trae también es la posibilidad —o la mágica situación— de ser un referente para generaciones muy diferentes entre sí. Eso es algo que lo pone en un lugar muy especial y muy único.
Yo creo que la partida del Indio es un momento importante en la historia del arte argentino, indudablemente.
-Lito, te tocó ser parte de ese momento inicial, al menos en la etapa de grabación de discos. ¿Qué veías en aquella época en Los Redondos? ¿Podías imaginar que podían llegar a tener el éxito y la masividad que alcanzaron años después?
LV: No. Creo que tuvimos la suerte de estar en la génesis de algunos proyectos que después se transformaron en muy populares.
Si bien uno siente que está siendo testigo de algo que se está cocinando, algo artísticamente potente, bien terminado y conceptualmente sólido, es difícil que alguien hubiera tenido la intuición de cómo se iba a desarrollar la historia de Los Redondos y hasta qué nivel de masividad iban a llegar.
Eso fue algo que se dio naturalmente. Algunos fenómenos de masividad se producen por la fuerza misma de lo artístico, como ocurrió con el Indio y Los Redondos, y también con otras bandas que lograron gran popularidad sin el aparato de promoción de una gran compañía.
Creo que eso tiene que ver con la fuerza específica e innata de la obra artística. Y también, en el caso de Los Redondos, con la cabeza productora de Poli, que era quien se encargaba de gran parte de la organización.
Poli, Skay y el Indio eran los mentores, el alma mater del proyecto. Medían muy minuciosamente cada movimiento y lograron una enorme calidad artística sin concesiones, junto con una gran popularidad. Y eso no es algo común.
-¿Y cómo es tu historia con Gulp!?
LV: Ellos vinieron a grabar al estudio que teníamos en mi casa de Villa Adelina. Era una casa muy humilde y un estudio bastante precario.
Por amigos en común, la gente de la revista Expreso Imaginario, que en los años setenta y ochenta marcó una contracultura vinculada a la música, al pensamiento alternativo, a la ecología y a muchas otras cuestiones.
Los responsables de ese proyecto eran amigos de ellos y, cuando tuvieron que recomendarles un estudio para grabar su primer disco, nos mencionaron a nosotros.
En ese momento yo trabajaba como técnico de grabación; era mi medio de vida. Los tuve primero como clientes y rápidamente entramos en una sintonía de complicidad humana y artística.
Después surgió la necesidad de sumar teclados en algunos temas y fue natural que me propusieran hacerlo. Así quedé como tecladista en los discos hasta Finisterre.
Hay muchos discos con participaciones mías en teclados, algo que para mí siempre fue un orgullo. Una especie de medalla que me cayó del cielo.
-Quería preguntarte, desde tu mirada como músico, quizá incluso desde una mirada técnica: ¿qué tienen Los Redondos? ¿Qué valorás de lo que hacían y de lo que hizo después el Indio?
LV: Yo admiro a muchísimos artistas, algunos que tuvieron la suerte del éxito y otros que no. Nunca analicé ni valoré a los artistas por el resultado exitoso o no de sus carreras.
Los Redondos son una de tantas bandas que tuvieron la particularidad de la originalidad y de una verdadera expresión artística sin concesiones, como ocurrió con Spinetta y con muchos otros artistas, incluso actuales.
Lo que pasa es que el Indio Solari, cuando se separó de Los Redondos y comenzó su carrera solista, se transformó —no sabría decir exactamente por qué— en una especie de dios para muchísimos pibes.
Eso él lo manejó a su manera y muy bien. Logró convertirse en una especie de guía espiritual, artística e incluso política para muchas personas.
Siempre ofreció reflexiones muy inteligentes y profundas. Siempre se lo percibió como una mente brillante.
Creo que eso es lo que lo distingue. Es una persona muy especial, muy diferente a los demás, y tiene la particularidad de que va a pasar a la historia no solamente por su obra, sino también por su personalidad, por su manera de mostrarse y por el misterio que siempre se construyó a su alrededor.
-Hablando de tu historia con Gulp! y con los demás discos, hubo una colaboración con el Indio en 2006, cuando hicieron El Salmón, la canción de Andrés Calamaro. ¿Por qué eligieron ese tema?
LV: La historia es que yo estaba haciendo un disco por los cuarenta años del rock argentino.
En 1966 aparece La Balsa, considerada la primera canción de rock cantada en español, y a partir de ahí se toma como punto de partida del rock argentino.
Cuando se cumplieron cuarenta años, la Secretaría de Cultura de la Nación me propuso realizar un disco. Mi idea fue que cada artista cantara una canción de otro compositor; que nadie interpretara temas propios.
Participaron muchísimos músicos: Spinetta, Cerati, Fontova, Los Tipitos y muchos más.
Cuando llamé al Indio, empezamos a intercambiar ideas sobre qué canción podía cantar. Él me dijo que quería hacer algo de Calamaro porque en ese momento estaban muy cercanos.
Yo acepté inmediatamente. La verdad es que esperaba una respuesta negativa. Cuando me dijo que sí, me relajé y acepté cualquier propuesta, porque tenerlo a él en el disco era una situación extraordinaria para el proyecto.
-Y acerca de Los Redondos, de esa dupla con Skay como guitarrista. ¿Qué podés decir, como músico, de esa combinación entre la voz y las melodías del Indio y la guitarra de Skay?
LV: En la historia de la música popular hay muchos dúos de compositores y autores que funcionan como una unidad.
Pienso en Lennon y McCartney, por ejemplo, y en muchos otros casos dentro del tango y de otros géneros.
Logran una coincidencia creativa, una respiración sincronizada muy particular. Creo que ellos durante muchos años consiguieron eso y dejaron un repertorio de canciones de rock realmente alucinante.
-Hay quienes dicen por estos días que se produjo un cambio de época, que quedamos huérfanos, que el Indio entra definitivamente en el panteón de los héroes populares. ¿Eso te interpela?
LV: No, no voy por ese camino.
Creo que todas las personas tenemos un grado de importancia en la historia del país que habitamos y no creo en los imprescindibles.
Por supuesto que hay personas que hicieron jugadas que cambiaron la historia y que le dieron al país una altura artística enorme, como el Indio, Spinetta, Borges, Piazzolla y muchos otros que ya no están.
Son irreemplazables.
Pero el arte tiene la maravillosa revancha de la inmortalidad. Su música, su obra, quedan para la historia.
Lo importante no es quedarse detenido en el recuerdo, sino seguir adelante y volver siempre a visitar la obra de los grandes artistas, porque cuanto más profundas y verdaderas son esas obras, menos sufren el paso del tiempo.
-¿Tenés algún disco preferido de Los Redondos?
LV: Me gusta mucho Luzbelito. Es el que más me gusta. No significa que no me gusten los demás.
Fui a ver al Indio en La Plata con mi hijo y mi sobrino, en uno de sus shows solistas. Pero a Luzbelito le tengo un afecto especial.
Creo que lograron una excelencia en el sonido, en las canciones y en la producción. Me gusta mucho la incorporación de los brasses. Es un disco que realmente disfruto.
-Lito, te agradecemos muchísimo este rato aquí en Radio Gráfica. Te mandamos un abrazo enorme. Es un honor para nosotros.
LV: Un beso enorme. Muchas gracias a ustedes. Abrazo.











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