Por Nehuén Gusmerotti*
Mientras en el campo de la virtualidad el capitalismo por suscripción nos propone la membresía en reemplazo de la propiedad de los objetos, la nostalgia golpea la puerta y una resistencia al streaming comienza a gestarse en la llamada Generación Z. Tras el regreso vintage de los vinilos y las bandejas, el olvidado CD resurge y superó al LP en ventas durante la primera mitad de este 2026. Múltiples factores explican este fenómeno en que un sector social apunta a tener nuevamente objetos que no dependan de una plataforma y sean tangibles y únicos.
En datos concretos, la venta de CDs subió un 16% durante este primer semestre del año, según el análisis de la empresa Luminate citada por The Washington Post. Alcanzaron los 16.3 millones de unidades en comparación al crecimiento de los vinilos, que subieron apenas un 2,4% en lo que va del año. Esto no sucede en perjuicio de las plataformas (Spotify vio crecer su consumo en un 10% en el mismo período), pero si como una resistencia y una defensa ante la inestabilidad de las plataformas. Catálogos que se desplazan de una a otra, ¿pueden caerse en el futuro? La dependencia de conexión a internet puede ser algunos de los factores por los que el CD crece.

En este plano, el CD ofrece una ventaja sustancial ante el LP en vinilo. Es más barato y su reproducción es notablemente más sencilla. Recordamos que los vinilos están rondando entre los 30 o 40 dólares, son grandes y requieren una bandeja para reproducción, además de que necesitan un cuidado mayor. El CD es más económico (no superan los 10 dólares y al músico puede costarle mucho menos su elaboración), es más pequeño y tiene reproducción digital, ergo también está menos expuesto al desgaste de púas o del propio disco de pasta.
El factor K-pop también hizo lo suyo en lo que respecta al boom de ventas reciente. BTS, la banda más grande del género a nivel mundial, publicó varias versiones de su disco Arirang, vendiendo 567.000 copias solamente en Estados Unidos. El dato de por si es importante, pero si sacamos a BTS de la ecuación, el resto de las bandas de género oriental sumaron un 6,7% al porcentaje de ventas global del CD.
Otro punto importante es el crecimiento del interés de la llamada generación Z por tecnologías y objetos de otra época con menor grado de conectividad. Teléfonos, cámaras, máquinas de escribir, son algunos de los más buscados dispositivos de esta generación que anhela no depender de la conexión a internet o busca no estar todo el tiempo conectada. Viene aparejado de un rechazo a la lógica del algoritmo y la adicción a las plataformas digitales que se manifiesta como uno de los primeros focos de resistencia real orgánica a la dinámica actual de consumo. Obviamente, en este sentido ya hay una gran cantidad de empresas produciendo contenidos para este público objetivo: Tin Can, Ooma y Pinwheel, vinculadas a teléfonos fijos, mientras que Light, Dumb Co. y Minimal desarrollan teléfonos que no son smartphones. También se menciona el próximo lanzamiento de Clicks, con un dispositivo inspirado en los antiguos BlackBerry.

Este frente de resistencia no solo tiene como objetivo la hiper conectividad y la dependencia de las redes sociales. En un mundo atravesado profundamente por el capitalismo virtual, los humanos dejaron de tener objetos para pasar a ser suscriptores en un loop constante de alquilar o consumir cosas que no le pertenecen. Música, películas, videojuegos son consumidos de forma virtual y mediante suscripción, dejando de lado el formato físico en todas sus formas (Sony ha expresado hace poco tiempo que dejará de producir videojuegos en formato físico para solo tenerlos de manera digital). En ese marco, la conexión es vital para poder acceder a cualquier tipo de consumo cultural.
La generación que busca estos objetos físicos frente al avance de la suscripción virtual también busca un seguro para el futuro. Volver a ser dueños de las cosas que nos hacen felices viene aparejado de este crecimiento del CD que no podemos despegar del auge del vinilo, que supo proponer recuperar la experiencia de dedicar un rato solo a escuchar música. Estas encuestas y estadísticas compartidas no reflejan por su parte los movimientos de usados, ferias, traspasos entre conocidos y el alcance real del fenómeno físico puede ser aún mayor.
Si se caen los servidores, plataformas o se mudan los catálogos, ¿Quién tiene un disco de Los Redondos? ¿La película de El Padrino en la casa? ¿Un libro con las hojas amarillentas del pasar de los años? Incluso el paso de padres a hijos ha quedado relegado, no estando a mano esas discotecas o bibliotecas en las que uno encontraba algo que lo sorprendía por la tapa o la caja. En este sentido, toda una generación busca un resguardo, una resistencia a un avance tecnológico veloz que nos pasa por arriba antes de comprenderlo. Por lo pronto el CD vuelve, como seguro contra el olvido.
(*) Conductor de Resistiendo con Ideas (Lunes a viernes de 20 a 21 horas)











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