Por Nehuén Gusmerotti*
Y así se nos va uno de los últimos grandes héroes de nuestro rock. Nos deja un poco huérfanos. Desolados, tristes, nostálgicos. El pueblo argentino todo ha sido atravesado por este momento. La noticia, no por esperada es menos dolorosa. “Falleció el Indio Solari” tiran fríamente las pantallas y las redes sociales, que por suerte se van inundando de recuerdos, de mensajes de amor y de fotos del último héroe en este lío. Lío grande en que estamos metidos, y en el que nos sentimos cada vez más solos, como espectadores de una era que termina.
Qué difícil es escribir en estos momentos. Entra en tensión las ganas de decir todo, y la sensación de que todo no alcanza. Como con Diego, como con Ricardo, hay personas que no conocemos, que nunca vimos, y que sin embargo nos puede generar un profundo dolor perderlos. Que quisiéramos haber podido decirles todo lo que los queríamos, lo importante que fueron para nosotros es distintos momentos de nuestra vida. Musicalizando alegrías y acompañando dolores. Poner eso en palabras y sentir que está a la altura es difícil. Esto no pretende estar a la altura, esto es solo un rejunte de dolor y agradecimiento.

El Indio Solari fue, es, y será la banda sonora de nuestro país. Los Redondos es la banda más grande de Argentina, es nuestra, no se exporta. Héroe popular, gigante, más grande de lo que un humano puede ser. Alguna vez planteó que si todo lo bueno que depositábamos en él no lo obligaba a ser mejor persona, era un boludo. ¿A cuántos de nosotros nos hizo mejor persona escuchar sus letras o escucharlo hablar? Su narrativa era tierna y feroz, como un tango fatal. Sus entrevistas, pocas durante años, más frecuentes en los últimos tiempos, eran libros abiertos para repensarnos en este mundo cruel que no se puede atravesar cubierto de algodones. Así se hizo bandera, tatuaje, remera, se hizo frases que son guías de vida. “Vivir solo cuesta vida”.
En mi caso, aprendí a quererlo, con el correr de los años, disfrutando de esa descarnada y hermosa forma que tenía de ver nuestra patria. Entendió el pulso de un pueblo que necesitaba encontrarse, dejó que las masas marginales tomen a Los Redondos, un cocoliche platense del ghetto hippie, y lo transformen en un movimiento cultural incomparable en el mundo. Eso siempre me pareció un acto culturalmente impresionante. Encontré en el Indio un tipo que encarnaba muchas cosas en que creía, incluso antes de identificarme peronista, cosa que al Indio también le llevó tiempo. El disfrute como acto revolucionario, el nervio sintiente de los más pibes, la decisión de vivir a todo costo. Más de una generación somos, en gran parte, formados por los preceptos de un Solari, de un Maradona o de un Iorio, nuestros amados dioses humanos. Imperfectos y contradictorios, como nuestro pueblo.

En lo musical, la conjunción Solari-Beilinson nos dio una creación titánica. Un grupo musical que se convirtió en leyenda y en miembro estable del panteón de la cultura criolla. Post punk, blues psicodélico, rock and roll, teclas vanguardistas, en Los Redondos se tamizó toda la música que sonaba afuera en clave argentina. El final trágico y la imposible reconciliación nos duele incluso a quienes no la vivimos, y para quienes ese regreso era como la vuelta del héroe mitológico que contra todo pronóstico aparece en la hora de necesidad para aliviar nuestra pena. En días en que los billetes compraron tantas reconciliaciones, el Indio y Skay no volvieron. Y a pesar de todo nos dejaron esos tiernos y amorosos intercambios de hace no tanto tiempo, para que sepamos que se había restañado la herida y que al menos había algo de paz. Un mimo ilógico que nos hizo felices, “se quieren de nuevo”.
Con la partida del Indio se vive una sensación de fin de época. Nuestros héroes caen y no se alzan nuevos. ¿Estamos condenados a ver perecer mucho de lo bello que nos hizo felices? Posiblemente sea el destino de todos los que envejecen, ver morir a sus héroes. Pero vivir es decidir estar vivo, y el Indio vivió todo lo que pudo y supo. A nosotros nos dejó instrucciones claras para seguir intentando, a pesar del desconsuelo y de la apatía y flacas esperanzas del presente, hacer la revolución, con una canción de amor, como él.
Gracias Indio, graciosos y valientes, siempre.
(*) Conductor de Resistiendo con Ideas (Lunes a viernes de 20 a 21 horas)










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