Por Gabriel Fernández *
Hay argumentos en distintas direcciones. Pero existe un factor singular, que amerita mayor análisis.
UNA ORDEN DE ARRIBA. Quienes hablan acerca de una prohibición lisa y llana de campeonar, pueden esgrimir el dislate de no haber realizado un solo disparo al arco rival en todo el partido. Ni para probar, ni para abrir una defensa con oficio. Inadmisible en este nivel de juego.
También, que la carta de gol que representaba Lautaro Martínez, fue atornillada al banco. Eso, mientras Julián Alvarez no lograba siquiera acercarse a una pelota en posición ofensiva.
En sintonía más general, esbozan que resultaba necesario frenar el empuje nacional para que no se consolide el esquema exitoso: clubes sociales, elecciones de sus dirigencias, trabajo de inferiores, presencia afista en todas las provincias. Ese mecanismo ha logrado demasiadas finales en los dos torneos más importantes del mundo; un bicampeonato parece haber resultado inadmisible para los que pretenden absorber todo el juego y todos sus beneficios.
(Si si, dice dos torneos, no tres. A pensar por qué)
Pero muy especialmente, quienes sospechan cuentan con un ariete significativo: la bandera de Malvinas, cuya inesperada presencia molestó -con hondas razones geo estratégicas- al conjunto de las potencias occidentales y sus verborrágicos voceros.
Hay bastante más, pero dejémoslo ahí.
UNA SITUACIÓN NATURAL. Quienes señalan que se trató de un partido mal jugado por la selección argentina, con un justo vencedor, cuentan con la imagen misma del cotejo del domingo. Apuntan, con buenos fundamentos, que el combinado albiceleste, aunque construyó gran campaña, perdió como puede perder cualquier conjunto ante un adversario superior. Que sus figuras estaban agotadas, que el ritmo configuró un desafío imposible. Y listo el pollo.
Entérense cómo es el fútbol, subrayan: uno gana, otro pierde, y al que le toca afrontar la caída no hay nada que lo consuele. Por eso se lanza a buscar explicaciones que se transmutan en excusas.
EL OJO DE LA TORMENTA. ¿Entonces? ¿Cuál es el factor singular? Se adscriba a una u otra hipótesis, debe aceptarse un hecho comprobable: todos los medios concentrados occidentales se lanzaron a vituperar y desprestigiar a la Argentina en los más variados aspectos, tomando el fútbol, apenas, como un punto entre tantos.
En pocas horas, el país quedó en el ojo de la tormenta, por encima de las realidades atroces que se viven en Asia occidental y en la frontera euroasiática, entre otras regiones. Como a la voz de aura, espacios periodísticos que conozco bien, se escandalizan y rasgan sus vestiduras por la situación de la negritud en estos pagos -no de los pibes morochos de acá a la vuelta, de una especie de negritud abstracta-, de las costumbres brutales de nuestras hinchadas, del trato ofrecido a “los pueblos originarios” -sin mencionar que Europa tuvo algo que ver al respecto-, de las imputaciones contra el Chiqui Tapia -no contra Infantino, contra Tapia-, de rasgos psicológicos de nuestro pueblo -“arrogante”, “se deshonra a sí mismo” llegó a publicar The New York Times, “el más racista del mundo” (¿¿??¿)- y más.
El racismo. Charla del autor con Lautaro Fernández Elem
(No tenía pensado abordar este asunto. Cuando terminó el partido pensé qué pena y resolví dejar correr cierta tristeza, sin exagerar, acompañada de un silencio destinado a facilitar el enlace con las tareas informativas venideras. Algo así como Yastá. Incluso, bien dispuesto para soportar las celebraciones del nuevo campeón. Pero andando el tiempo, empecé a observar un extraño A la carga Barracas Cultural proveniente del Viejísimo continente. Preparé el mate. Me di cuenta de algunas cosas. De otras, todavía no).
MEDIOS Y OBJETIVOS. El puntapié inicial del presente tsunami lo había dado, lógico, El País de España. Es preciso ser justo y reconocerlo como vanguardia. Enseguida llegaron todos los demás.
Esos medios no proceden en cadena si no existe un interés hondo que les diseñe el rumbo. Se les indica ir sobre China, y allí van. Se les pide demonizar a Putin, y lo hacen. Se les ordena fatigar a Irán, y le lanzan adjetivos que envuelven llamas.
Es posible que el sentido de la orientación contenga varios de los elementos indicados al comienzo del artículo.
Aunque también es posible que, como se advirtió oportunamente (Churchill, Condoleeza), la Argentina siga siendo un problema en sí misma. Su gente, su know how, su pensamiento, su creatividad, su geografía, sus recursos, sus sindicatos, sus clubes, su mestizaje, su carácter cabezota. Pese a todos los disparates cometidos por el país mismo en su propia contra.
No sé qué pasó antes de la final. Todos los planteos descriptos tienen un sentido. Puede que ninguno sea verdad.
Ahora: en este tramo del andar humano, con los protagonistas atómicos desatados, me pregunté ¿tanto lío por la Argentina? ¿Qué subyace ahi?
SOLO UN APUNTE. Este ha sido el espectáculo más caro de la historia. Se debe excluir la guerra, claro. Pero lo cierto es que el Mundial de Fútbol desplazó en los rankings a Wimbledon, la NBA, el Superbowl, la Premier, los torneos de cualquier lugar, las olimpíadas, los juegos de invierno. La plataforma de TickPick aseguró que nunca se había registrado una demanda tan alta para un evento. Ni siquiera para los encuentros artísticos más exclusivos.
Los precios llegaron lejos. En el portal oficial de reventa de la FIFA, el boleto más económico disponible rondaba los US$ 8.000 en la categoría 3, mientras que las entradas de categoría 1 comenzaban en US$ 11.700. Los asientos mejor ubicados superaban los US$ 17.000, y las localidades destinadas a personas con movilidad reducida oscilaban entre los US$ 14.000 y los US$ 20.000, según la sección.
Ahora bien, las cifras más sorprendentes aparecieron en la reventa. Varias entradas fueron ofrecidas en US$ 575.000 para la categoría 1, otras alcanzaron los US$ 595.000 en zonas preferentes y, en un caso extremo, un asiento específico fue ofertado por US$ 2,3 millones. Claro, eso no significa que todas esas localidades hayan encontrado comprador, pero los expertos en espectáculos onerosos señalan que refleja el nivel de especulación y la extraordinaria demanda que generó la gran final.
Se me ocurrió preguntar cuánto cuesta viajar al espacio. Créame que la opción compite con este campeonato: Los llamados vuelos suborbitales permiten que ciertas naves lleguen al borde, unos 80 a 100 km de altura. Allí es posible experimentar la ingravidez por unos minutos. Estos viajes cuestan entre $450.000 y $750.000 dólares. Algunos rechazos de defensores enjundiosos pueden golpear en el parabrisas. Los llamados vuelos estratosféricos, muy difundidos en la Argentina de los 90, como se puede evocar, tienen un costo de 125.000 dólares. Y los vuelos orbitales, que pasan cerca de la Estación Espacial Internacional, superan los 20 millones de dólares.
Las pausas de hidratación generaron ingresos estimados entre $500 y $600 millones de dólares en publicidad televisiva durante la Copa del Mundo. Al extender el torneo a 104 partidos, estas interrupciones crearon 208 ventanas comerciales exclusivas de tres minutos, alcanzando picos donde las cadenas podían cobrar varios millones por anuncio. Asimismo, el volumen global de apuestas deportivas superó los $60.000 millones de dólares, con un promedio cercano a los $500 millones por partido. Como estaba previsto, las plataformas reguladas y las casas de apuestas se quedaron con un margen de ganancia plenamente superior al obtenido por los apostadores.
Como a Santos en Los Simuladores, a mi me hubiera gustado ser astronauta. Pero este asunto de escribir me ganó el corazón. Queda la duda: ¿cuánto gana quien conduce una nave espacial y cuánto un jugador de selección internacional? Esta pregunta carece de importancia.
(Así las cosas, antes de ayer cerró el kiosco de enfrente. Pensado como Abierto las 24 horas, logró oblicuamente su objetivo: en la semana durante varios días pasaron 24 horas sin que ingresara un cliente. Agarraron los productos, los liquidaron y se tomaron el buque. Mejor dicho, el chinchorro. Lo curioso es que la multitud argentina en los Estados Unidos permitió evidenciar que en nuestro país, hay plata. ¿Qué indican esos dólares lanzados al espacio exterior? Al costado del fenecido comercio ahora se recuesta -qué frío- un pobre desgraciado, arropado por algunas mantas de baja intensidad. A la distancia, se lo percibe liviano).

TAL VEZ. No importa cuál hipótesis se maneje alrededor del partido final. En todos los casos se debe aceptar que los medios concentrados occidentales se alinearon para vituperar y desprestigiar a la Argentina y a nuestro pueblo. En 48 horas desataron golpes a diestra y siniestra trascendiendo holgadamente la disputa futbolera. Nuestra historia, nuestra gente, nuestro mestizaje, nuestras causas, nuestras costumbres; todo quedó en zona de riesgo, en perspectiva de cancelación. Así, el país más absorbente y abierto ha pasado a ser “el país más racista del mundo”. Desconocen a los pibes de acá a la vuelta que son menoscabados por el liberalismo oligárquico. Pretenden defender víctimas abstractas perseguidas por una gleba de violentos.
Esta es la mentira más grande que el mundo anglosajón haya derramado sobre nuestra Patria. Unos cuantos hispanos y latinoamericanos se prenden, sin observar que la descarga es, también, contra ellos.
¿Por qué ahora?
Argentina molesta, hasta cuando se equivoca. Argentina es una referencia, hasta cuando pierde.
Es probable que ese dueto, Tapia – Scaloni, logre resguardar algo de lo tanto construido a lo largo de los años. Cada club social es, créase o no, unidad básica y escuela.
También es probable que no, que estos mazazos desarticulen hasta lo que el país hace bien.
En una de esas se nos va el fútbol por el desagüe junto a la energía nuclear, la tecnología industrial y la agropecuaria, los centros de estudio y las universidades, los recursos naturales, el Atlántico Sur y la Antártida.
PROPIOS Y EXTRAÑOS. Desde el arranque del campeonato se percibió la confusión local sobre la que se asienta por estas horas la andanada agresiva externa: multitud de argentinos señalando que nuestro combinado futbolero debía caducar para no beneficiar al gobierno, que pretendía gran fiesta para taparlo todo.
La zoncera dejaba de lado algo que se podía aprehender con apenas mirar. Milei necesitaba el fracaso para operar sobre la Asociación del Fútbol Argentino en la misma dirección empleada para quebrar el resto de las actividades productivas y creativas de la nación. Por entonces, apenas semanas atrás, hubo que batallar apuntando la real contradicción.
Sucede que puertas adentro, padecemos una franja que, en mezcla liberal y progresista, considera que el fútbol es opio y, en simultáneo, que el racismo y todas las miasmas de la humanidad han hallado su cobijo en estas tierras. Y ya sabemos, lector, cuál es el vector que atrapa los males, los sintetiza, les brinda realce.
Es esa identidad que parece a punto de desaparecer. Cuando se supone que denota una transformación que la convierte en tenue e inofensiva, sus troncos, sus ramas, sus nervaduras, reciben impactos tremendos. Hoy como ayer, provenientes del mismo enemigo, portando argumentos semejantes, pretendiendo objetivos destructivos equivalentes a los esbozados en otros períodos históricos.
Por eso hay tantos argentinos que en esta instancia se preguntan a qué se debe tanta furia, si no hacemos nada.
Tal vez lo que sigue estando en el seno de este pueblo, sea la respuesta. Tal vez el no hacemos nada, resulte un error de apreciación más importante de lo que creemos. Tal vez hay algo que subyace y resulta tan potente que amerita la preocupación de quienes parecen tenerlo todo.
- Area Periodística Radio Gráfica / Director La Señal Medios / Sindical Federal










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