Por Gabriel Fernández *
Nadie le cree. La directora de Inteligencia de los Estados Unidos, Tulsi Gabbard, dejará el cargo el próximo 30 de junio. La funcionaria argumentó que lo resolvió para acompañar a su esposo, Abraham Williams, quien fue diagnosticado meses atrás con cáncer de hueso. Luego de conocer su renuncia, el presidente norteamericano Donald Trump anunció que Aaron Lukas, hasta ahora segundo de Gabbard, asumirá como director interino.
En una carta dirigida al mandatario, Gabbard señaló que debía “apartarse del servicio público” para acompañar a su marido durante el tratamiento. Sin embargo, su continuidad en el cargo venía siendo motivo de cruces dentro de la administración republicana. La funcionaria saliente generó diferencias por su postura crítica frente a las intervenciones militares de los Estados Unidos y las formulaciones irónicas sobre las justificaciones oficiales.
En marzo, durante una exposición ante el Congreso, Gabbard afirmó que Irán no se encontraba cerca de obtener un arma nuclear: esa evaluación chocó con el planteo impulsado por Trump para fundamentar la escalada contra la República Islámica. Gabbard fue congresista demócrata por Hawái entre 2013 y 2021. Por entonces, sus críticas a las guerras estadounidenses, especialmente Irak y Siria, le granjearon popularidad. En 2020 compitió en las primarias presidenciales del Partido Demócrata, pero dos años después abandonó esa fuerza, a la que consideró belicista.
En 2024 se alineó con Trump y se incorporó al espacio republicano. Su giro político no le impidió mantener el antagonismo con los espacios guerreristas. Cuestionó al apoyo militar estadounidense a Ucrania, criticó las sanciones contra la Federación de Rusia, y deslizó condenas al entusiasmo oficial por situar a la República Islámica cual una amenaza nuclear inminente. Como resultado de estas observaciones las franjas neoconservadoras del gobierno y los medios con lineamientos diseñados por los núcleos financieros que contienen a las armamentísticas, hicieron correr que poseía acuerdos soterrados con Moscú.
La dimisión de Gabbard representa un nuevo cambio en el gabinete de Trump durante su segundo mandato y se suma a otras modificaciones de importante perfil dentro de la administración. Según Fuentes internas de la misma, los sondeos de opinión con vistas a los comicios del martes 3 de noviembre venidero, han sido más importantes en esta decisión que la enfermedad de su marido y al menos tan trascendentes como los desacuerdos sobre política exterior. Además, es claro que varias de las agencias de Inteligencia norteamericanas, con miles de burócratas belicistas y presupuestos gigantescos, nunca aceptaron a una jefa que caracterizaban como pacifista.
En tanto directora de Inteligencia Nacional, Gabbard tenía bajo su órbita la coordinación de las 18 agencias que integran la llamada comunidad de inteligencia estadounidense, entre ellas la Central de Inteligencia Americana (CIA). Su llegada al cargo derivó en prevenciones de sectores demócratas y republicanos, que la consideraron un obstáculo para reposicionar a los Estados Unidos como regente planetario. Hace apenas un mes, Gabbard indicó que no pensaba dimitir. Ya se conocía el diagnóstico sobre la dolencia de su compañero, pero no se habían concretado las decisivas reuniones presidenciales de Xi Jinping y Donald Trump, y de Xi con Vladimir Putin.
En ese lapso, algo ha cambiado, y solo una parte de ese cambio está a la vista.
* Area Periodística Radio Gráfica / Director La Señal Medios / Sindical Federal











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