Por Fernando Gómez *
1.
“La codicia es buena. La codicia es correcta. La codicia funciona” repite Gordon Gekko, aquel villano encarnado por Michael Douglas en la película Wall Street del genial Oliver Stone.
La fuente de inspiración para recrear aquel funesto financista existe en la vida real y su nombre es Michael Milken, el “rey de los bonos basura” como se lo conocía en sus tiempos de timbero feroz en las calles de Manhattan, justo antes de ingresar a prisión a cumplir una condena de diez años, por la que finalmente pagó apenas dos años de efectivo cumplimiento y goza en la actualidad del indulto otorgado por Donald Trump.
Por tercer año consecutivo, a su encuentro en Los Ángeles, viajó Javier Milei junto a Luis “Toto” Caputo, y un pequeño círculo de acompañantes para respaldar la excursión del personaje impuesto en la presidencia del país.
Milken organiza anualmente una conferencia del Instituto que lleva su nombre. Pese a su largo historial de fraudes financieros, su participación en las adquisiciones hostiles de empresas para empujarlas a la quiebra, la agresiva especulación sobre bonos soberanos de países sumergidos en el flagelo de la deuda externa, el “Instituto Milken” sigue siendo sumamente convocante en el redituable sector de la pirateria financiera yanqui.
De hecho, el evento cuenta con la participación de mas de 4000 personas “con más de 200 sesiones a lo largo de unos tres días. La entrada regular de pago comienza en US$35.000. Todavía está abierta la inscripción para el paquete más costoso, el “círculo del Presidente”, por US$150.000” según informa la cadena Bloomberg.
El evento fue convocado bajo el pomposo nombre de “Liderar en una nueva era”. Y cuenta con la participación de las principales corporaciones financieras de Estados Unidos, un extensa representación del arco político local. La “nueva era” también tuvo una representación en un panel de “creatividad”, tal como fue anunciado, y contaba con la participación de la actriz Elisabeth Moss, quien actuara en el “Cuento de la Criada”.
Milken, además, entrevistó en un panel al cantante Lionel Richie y el cierre del evento contaba con un recital electróncio a cargo de “Pitbull”.
El medio financiero Bloomberg, señala: “en muchos sentidos, resulta apropiado que el evento, que se ganó el apodo de “El baile de los depredadores” en su iteración original, cuando los financieros llegaban a acuerdos a menudo hostiles para comprar y vender empresa, se celebre en este punto de inflexión para el sector.”
Los portales financieros especializados denominaron “El Baile de los Depredadores” al evento por presentarse como una continuidad desanclada temporalmente de los actos así denominados por el banco Drexel Burnham Lambert, el cual cerrara sus puertas entre escandalos promediando la década del 90, en la que personajes de las finanzas norteamericanas reunidas para elogiar un nuevo tiempo de inversiones de alto riesgo en bonos soberanos basura de las periferias globales que, además, se jactan de realizar opulentos y extravagantes festejos a puertas cerradas a todo aquel que no pagara los 25.000 dólares que cuesta la tarjeta de invitación.
A ese evento concurrió una vez mas Milei, recibido graciosamente por las corporaciones financieras que se encuentran en plena celebración de la rentabilidad escandalosa que les ofrece la delirante macroeconomía diseñada por miserables para hundir a la Argentina en una crisis que se encuentra en plena gestación.
“La cena de los idiotas” es una película francesa escrita y dirigida por Francis Veber, uno de los más grandes directores de ese país. La película ficciona el entretenimiento que millonarios y snobs de la élite parisina encontraban en la realización de una cena en la que invitaban algún idiota inadvertido con el objetivo de burlarse de sus tonterías.
Pierre Brochant es el personaje inventado por Veber en la figura de un empresario evasor fiscal que reconoce en el funcionario del Ministerio de Hacienda, François Pignon, el idiota necesario al que invitar a dicha cena.
Milken se sacó una foto con Javier Milei, en la que el ex convicto financista posa con su calavérica sonrisa y el presidente argentino aferrado a su carpetita de apego. Milei, a su vez, pagó por una foto con Lionel Richie para sumarla a su exravagante colección de estupideces que exhibe orgullosamente en sus redes sociales, a sólo título de ser el idiota de ocasión que está sirviendo como catalizador de todos los males que provocan en la Argentina la descomunal extranjerización de nuestra economía, la subordinación colonial a los Estados Unidos y la brutal implementación de un programa de miseria que transforma en insoportable la vida cotidiana de millones de compatriotas.
“Fenómeno Barrial” tuitea el pelotudo para celebrar las fotos que colecciona abrazado de los personajes que han perpetrado un saqueo monumental financiado con el sacrificio actual y futuro de los que habitan nuestra Patria.
2.
“No puedo hablar” dice el vocero devenido en jefe de gabinete, Manuel Adorni, acerca del inexplicable incremento patrimonial que renueva los hechos de corrupción escandalosa que acompañan el cotidiano transcurrir de un gobierno nutrido de buscavidas con pocas luces que han decidido intentar hacerse millonarios en poco tiempo, a sabiendas que este golpe de suerte dura el tiempo que transcurre la paciencia de los que autorizaron esta distopía.
Los derroteros del escandalete de corrupción, las llamadas indiagnosticables de Milei a los últimos periodistas aliados, el rastro de guita que acompaña el paso de los hermanos impuestos en atributos de pretendido gobierno, parece ocupar la atención de una Argentina devastada, mientras se sigue consolidando la ofensiva antinacional.
La atención política y la narrativa del escándalo escogida para esmerilar al gobierno de Javier Milei, es una radiografía al desnudo de la estupidez que atraviesa en forma lacerante la superficie de la vida institucional de un sistema político absolutamente incapaz de catalizar las urgencias y emergencias que envuelven la cotidiana existencia de una mayoría invisibilizada del lenguaje y el relato de la clase política.
“Lo verdaderamente alarmante no es la existencia de la estupidez, sino sus consecuencias macro-sociales” dice el escritor Miguel Barreiro Laredo en una nota de un medio español que compartimos oportunamente en InfoNativa y agrega “un individuo estúpido puede arruinar una tarde; un estúpido con responsabilidades institucionales puede arruinar generaciones”.
Detrás de la crisis terminal que atraviesa el gobierno de Javier Milei, se exhibe sólido un programa de miseria planificada que lo encuentra como único catalizador de esta crisis.
Así, la narrativa de la corrupción, los abanderados de la transparencia y los catadores de moral ajena, pretende concentrar en la figura de Javier Milei y el gobierno neurodivergente que encabeza las consecuencias de una crisis social que, desde el minuto uno de su experimento, se anunciaba como inevitable frente al saqueo y la injusticia social que se materializaba al paso de la consolidación colonial.
3.
“Hoy digo que Argentina es un mensajero del futuro distópico que le espera a Occidente de seguir por el camino que comenzó a transitar hace algunos años, seducido por el canto de sirenas de estabilidad y seguridad contra la incertidumbre y la economía del libre mercado” dijo Milei en el Instituto Milken, convocando a la incertidumbre social que ofrece el libremercado, en un derrotero de frases que desnudan delirio y admiración mesiánica por la subordinación colonial de nuestro país a Estados Unidos.
“Les traigo una buena noticia y por eso estoy acá. El sueño americano no está muerto. La promesa de libertad del mundo no está muerta. Está renaciendo y está renaciendo en dos lugares al mismo tiempo, en Estados Unidos, de la mano del Presidente Trump (…) y en Argentina, donde 48 millones de argentinos eligieron poner fin a un siglo de decadencia y volver a abrazar las ideas que a nosotros también supieron llevarnos a la grandeza” sostuvo, argumentando que hasta el último argentino respalda ponerse a disposición de la consolidación del sueño americano.
En el paroxismo de la colonialidad, sostuvo “una vez más los invito a apostar por Argentina, no para reemplazar el sueño americano, sino para hacerlo más grande, para expandirlo por toda la Tierra. Citando aquel histórico sermón de John Winthrop, dirigido a los futuros habitantes de la colonia de la bahía de Massachusett: queremos ser esa ciudad en la colonia con los ojos del mundo puestos sobre nosotros.”
“Ser esa ciudad en la colonia con los ojos del mundo puestos sobre nosotros”, sostuvo. Y agregó “Sabemos, sin embargo, que esas palabras constituyen a la vez un honor y una advertencia de no claudicar y de estar siempre a la altura de la misión que nos ha sido encomendada”.
Si las instituciones moldeadas por la democracia liberal en nuestro país, tuvieran un mínimo funcionamiento de apego republicano, se multplicarían los anticuerpos para evitar semejante romantización del colonialismo en el que se pretende sacrificar el futuro de millones de compatriotas.
Pero la democracia liberal en la que todo el sistema político se anota para catalizar sus pretensiones de conchabo y proyección individual, está diseñada para asegurar el funcionamiento de una administración colonial y reaccionar con múltiples herramientas frente a cualquier intento de resistencia social y organización política para la liberación nacional.
Tarea ineludible para lo urgente es penar el reemplazo de un sistema colapsado, por una genuina democracia popular que sirva de herramienta para defender nuestra soberanía y cuidar los intereses de nuestro pueblo como prioridad absoluta, mas allá del folklore inútil de las listas sábanas de pretendientes a acomodarse en los palacios.
4.
En tiempos en que la segunda guerra mundial abría paso a una nueva forma de organizar el mundo, nuestra Patria, el sentido de nuestro nacionalismo y las urgencias populares gestadas en tiempos de infamia, hicieron parir al peronismo y una forma de producción política que ponía la felicidad de nuestro pueblo y la grandeza de nuestra nación en el centro de los objetivos estratégicos.
Una forma de ver el mundo desde nuestros porpios zapatos, una forma de reivindicar la dignidad desde el paradigma de la Justicia Social, una forma de enfrentar a las minorías desde una mayoría convocada a una épica.
Y un mito fundante, aquel 17 de octubre de 1945, nacido desde la respuesta de un subsuelo de la Patria que se sublevaba ante el encarcelamiento del catalizador de aquel momento histórico, Juan Domingo Perón.
Hay tiempos en que los debates estratégicos se transforman en urgentes. Tiempo de revitalizar convicciones en medio de un desierto ideológico y abandono de la política en el altar de la timba y el conchabo. Tiempo de tensiones indispensables, si además le sumamos el momento de oportunidades que nos ofrece la dinámica de una disputa geopolítica que se evidencia en los conflictos emergentes.
No alcanza con la catarsis sobre los personajes inimaginables que acompañan al circo de subnormales que acompañal al Presidente, ni atribuirles una autoridad de la que carecen o la responsabilidad por actos de los que solo ofician de catalizadores. Es tiempo de análisis, de diagnóstico profundo sobre la extranjerización de nuestra economía, sobre la hegemonía de los grupos económicos sobre el desarrollo nacional y de la parasitación de los especuladores sobre nuestra riqueza futura.
Este tiempo de emergencias, nos impone la urgencia de pensar la refundación de nuestra Patria, la gestación de una nueva independencia. Obliga a la militancia a pensar un sistema que reemplace a la institucionalidad viciada que caracteriza la actual democracia liberal, algo que el mundo viene procesando sin temores ni subordinaciones.
Hay que recuperar los genuinos origenes de un peronismo que se pensó como movimiento nacional para enfrentar el destino colonial que las potencias emergentes de ese tiempo diseñaban para nuestra Patria.
Pensarse como una minoría que acumula fortaleza en la medida que presenta candidatos como caramelos del mismo frasco en el que lo reúnen los de enfrente, y que agitan las discusiones al calor de ponerse a discutir los cargos; exhibirse narcotizados por el sufragio como único artilugio decorativo de la democracia liberal; sobreactuar la importancia de las elecciones para consolidar un cargo más y llorar impotencia cuando se usufructa el cargo; nos ubica en el camino antagónico al que hay que emprender.
Aún peor, emparentan esas acciones a la pretensión de presentarse como alternativa institucional, moderada y vaciada ideológicamente, que discuta las formas de una crisis inevitable que se gesta en el horizonte de este programa de miseria.
(*) Editor de InfoNativa. Vicepresidente de la Federación de Diarios y Comunicadores de la República Argentina (FADICCRA). Ex Director de la Revista Oveja Negra. Militante peronista. Abogado.











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