Lo que da en llamarse ‘trabajo de cuidados’, comenzó Virginia Franganillo, “es lo que hacemos para sostener la vida humana, y lo hacen esencialmente mujeres”. En conversación con Radio Gráfica, la primera en conducir el Consejo Nacional de la Mujer, militante del peronismo y el feminismo, se refirió a los logros y las deudas en relación al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, y las implicancias en la vida de la población.
“La pregunta es desde cuándo hacemos este trabajo. Hubo una etapa en la que se consolidó la división sexual del trabajo, y fue en el pasaje al capitalismo. Ahí se separó lo público -el trabajo, el poder, la representación, la ciudadanía- para los varones y lo privado -el cuidado, el afecto, lo sensible- para las mujeres. Ese régimen que se trazó es muy necesario para el capitalismo, y recién se analizó, desde una visión marxista, en el marco de lo que significó la segunda ola del feminismo”, relató Franganillo.
“El primer trabajo lo hizo la argentina-cubana Isabel Larguía, en 1969, titulado ‘Una explicación científica sobre la dominación de la mujer’, y lo que analiza es el trabajo doméstico. Plantea que el patriarcado es un régimen necesario dentro del capitalismo, donde las mujeres complementan de esta forma la plusvalía que se genera en el mundo del trabajo“, agregó.
“Hubo una etapa en la que se consolidó la división sexual del trabajo, y fue en el pasaje al capitalismo”
“El término ‘crisis de los cuidados’ viene de la academia europea, en el marco de la crisis del modelo industrial. Sin embargo, América Latina produce reescrituras. Lo que tenemos nosotros es una crisis de la reproducción social por el nivel de pobreza. UNICEF indica que tenemos un 63% de niñas y niños pobres. Somos un país constitutivamente desigual, aunque los economistas hablen de los ingresos medios“, dijo.
Y sumó: “No hay oferta estatal para el cuidado de los niños desde que nacen hasta los dos años. Esto afecta fundamentalmente a los sectores populares, porque hay una participación muy fuerte de las mujeres que son jefas de hogar o son cabezas de una familia monoparental, y no pueden salir a trabajar porque cuidan“.
Franganillo también señaló que “una guardería vale más que un salario para quienes hacen trabajo de cuidado. El mapa social de los cuidados en la Argentina es gravísimo. Lo tenemos hace relativamente poco, tenemos los datos de cómo se cuida. Y, en el caso de los niños y niñas, el 90% no tiene ningún tipo de cobertura”.
“hay una participación muy fuerte de las mujeres que son jefas de hogar o son cabezas de una familia monoparental”
“Cuando se mira la relación de las mujeres que trabajan con el hecho de si son o no son cuidadoras, uno se da cuenta cómo la situación afecta su mercado de trabajo. No hay políticas públicas para la educación temprana. En el caso de los adultos mayores hay una cobertura previsional casi universal, a través del ANSES y el PAMI, pero no alcanza para abarcar una sociedad cuya esperanza de vida crece continuamente”, definió.
Finalmente, la socióloga sostuvo que “aún en pandemia se está discutiendo y trabajando todo esto de manera interministerial. Hay un objetivo que es una referencia. El movimiento de mujeres de la post dictadura incluyó en su agenda la demanda de implementar dos leyes elaboradas en el período democrático del ’73 al ’76: (1) la Ley de Contratos de Trabajo, que obliga a las empresas a brindar servicios de cuidado cuando tengan más de cincuenta trabajadoras, y (2) la Ley de Jardines Maternales Zonales”.
“Todavía no logramos que se implemente ninguna de las dos. Ni siquiera con una etapa de bonanza económica durante un gobierno nacional y popular. Nadie obliga a las empresas a cumplir, pero tampoco el Estado ha asumido estas responsabilidades ¿Por qué? Porque las mujeres salimos baratas“.
- Entrevista realizada por Úrsula Asta en Feas, Sucias y Malas (sábados de 9 a 12)
- Redacción por Martín Gorojovsky











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