¿Por qué aparecieron cipayos a escandalizarse por el peligro de “malvinizar” la batalla contra este “ejército invisible”?
Por Lucas Molinari *
La vuelta de la democracia tuvo una imposición externa que el gobierno de Raúl Alfonsín adoptó como propia: era necesario desmalvinizar. Se construyó un relato oficial que la guerra de 1982, lejos de ser parte de una gesta histórica de nuestro pueblo, fue producto de la aventura de un general borracho. De allí el maltrato a nuestros combatientes que llega al absurdo de escuchar en estos días que hay que “deconstruir la idea del héroe”.
Fue el politólogo francés Alain Rouquié quien planteó que para que haya democracia en Argentina debía “desmalvinizarse”. En los Tratados de Madrid firmados por Domingo Felipe Cavallo y Carlos Saúl Menem en 1989 y 1990, se consolidaría una democracia de la derrota. En ese hecho diplomático con el Imperio Pirata, poco conocido y enseñado, se explica la gran entrega: Desguazar el sistema productivo, destruir el ferrocarril, regalar el petróleo, las empresas del estado, y también… dejar de tener Fuerzas Armadas.
Un pacto del coloniaje a partir del cual Inglaterra fue potenciando su presencia en el Atlántico Sur. Pero no bastó con eso. Era y es necesario hacer desaparecer cualquier vestigio de nacionalismo. Claro, en el país del peronismo, que fue señalado en varias ocasiones por Winston Churchill, como un peligro para los intereses de la Corona.
Es por eso que “Malvinizar” significó desde entonces “Nacionalizar”, gestar conciencia política sobre la grandeza argentina y latinoamericana. Porque, digamosló, la guerra de 1982 fue un capítulo más de nuestra gesta de liberación. Más allá de la cobarde conducción militar. Por eso hubo miles de voluntarios en la Patria Grande para ir a pelear. Por eso Fidel Castro puso a Cuba a disposición. Cierto que Galtieri y sus cómplices no avanzaron con esa decisión, como tampoco rompieron relaciones económicas con el invasor, porque iba contra sus principios de lacayos del imperio. Contradicciones de la historia que vale discutir sin caer en el relativismo histórico,
Malvinas es unidad nacional
¿Por qué aparecen los periodistas cipayos a alertar por esta malvinización? (un botón de muestra: leer a Luis Majul). Porque ven el peligro de un presidente que crece en adhesión popular. Porque saben de aplausos todos los días, del himno nacional cantado desde balcones de las grandes ciudades. La rabia que tienen es porque son parte (o empleados) del círculo rojo del Odio que concentra la riqueza, sobre todo desde 1976.
Ante la pandemia las desigualdades no se pueden esconder y Los Miserables muestran sus caras. Se agudizan las contradicciones. Y el gobierno de coalición tiene que ir tomando definiciones.
En un contexto mundial en plena transformación. Hasta los medios más conservadores dan por hecho que el Estado debe tener más presencia. De allí que la coyuntura invita al debatir salidas.
Cobrar más impuesto a los ricos, parece estar en el menú de muchos países. Pero ¿Qué hacer con los bancos? ¿Y con el comercio exterior? ¿Qué se va a definir con los servicios públicos? Una salida planteada desde el movimiento obrero es nacionalizar, avanzar en el control popular, por medio del Estado, de los recursos genuinos de la Nación (recomiendo escuchar a Héctor Amichetti).
Movimiento Obrero y Proyecto Nacional
En el mismo sentido vale señalar que otra de las preocupaciones esbozadas por los círculos de poder fue el acto de Alberto Fernández junto a Hugo Moyano la semana pasada. El presidente afirmó: “Les quisieron hacer creer a los argentinos que el problema eran los dirigentes políticos y los sindicalistas”. “Y el problema de la Argentina son los que creen que sobra gente, no los que creemos que todos tenemos un lugar. El problema son los que especulan y no creen en construir un país trabajando y produciendo”. Resaltó el gran sistema de “autogestión” de las obras sociales sindicales.
Al toque apareció la runfla periodística parloteando sobre el supuesto “lavado de activos de Moyano”, o que había un “acuerdo para la paz social”. La necesidad siempre de romper el movimiento nacional buscando eliminar el protagonismo de los sectores populares.
“Sin movimiento obrero no hay proyecto nacional”, recuerdo que repetíamos en 2012 cuando la encerrona política de Cristina, u otro motivo desconocido, hizo a la ruptura con la CGT.
Que buena noticia que tanto Alberto como Axel hayan conocido la grandeza del movimiento sindical argentino. En el discurso del propio presidente contó la “sorpresa” ante la inmensa obra del sindicato de Camioneros.
Y se vincula lo comentado anteriormente. Porque si hay una identidad que está presente en el movimiento obrero es Malvinas. Como decía Evita: “donde hay un trabajador está la patria”.
Se trata entonces de malvinizar, gestar conciencia sobre la necesidad de avanzar como Pueblo sobre los privilegiados de ayer y de hoy.
* Conductor de Punto de Partida – lunes a viernes de 8 a 10am











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