Radio Gráfica
  • Secciones
    • Política
    • Gremiales
    • Sociedad
    • Mundo
    • Deportes
    • Cultura
    • Opinión
  • Grilla
  • ¿Quiénes Somos?
    • Historia
    • Contrataciones
    • Comunidad RG
    • Contacto
No hay resultados
Ver todos los resultados
  • Secciones
    • Política
    • Gremiales
    • Sociedad
    • Mundo
    • Deportes
    • Cultura
    • Opinión
  • Grilla
  • ¿Quiénes Somos?
    • Historia
    • Contrataciones
    • Comunidad RG
    • Contacto
No hay resultados
Ver todos los resultados
Radio Gráfica
No hay resultados
Ver todos los resultados
Home Opinión

Barcelona, el soft power atlantista y sus límites. El progresismo subordinado

Barcelona fue elegida esta semana como capital simbólica del progresismo mundial.

20 abril, 2026
en Mundo, Opinión
0
Barcelona, el soft power atlantista y sus límites. El progresismo subordinado

Por Fernando Esteche *

 

En la Fira Gran Via, convocados por Pedro Sánchez y Lula da Silva bajo el paraguas de la Internacional Socialista, el Partido de los Socialistas Europeos y la Alianza Progresista, se reunieron mandatarios, ex presidentes, activistas, sindicalistas, influencers y representantes de más de cien partidos de cinco continentes en lo que se denominó la Global Progressive Mobilisation (GPM).

En paralelo se celebró la IV Reunión en Defensa de la Democracia. Nadie se animó a criticarla como dispositivo decadente sino que los unificó la idea de defenderla. Más de tres mil personas inscriptas, cien eventos, salas bautizadas con los nombres de Allende, Angela Davis, Frida Kahlo, Nelson Mandela, Edward Said.

El simbolismo es impecable. La sustancia, obscena.

Lo que ocurrió en Barcelona no fue el nacimiento de una alternativa al orden global sino la inauguración de un dispositivo institucionalizado de gestión del descontento progresista mundial financiado por las agencias del soft power atlantista, protagonizado por figuras con historiales guerreristas o de complicidad activa con masacres, y articulado alrededor del único eje que los une; el antitrumpismo.

Ser antitrumpista no equivale a ser antiimperialista. Ni siquiera equivale a ser consecuentemente progresista. Es, en el mejor de los casos, una condición necesaria y radicalmente insuficiente. En el peor, es la fachada con que el imperialismo liberal se recicla cuando pierde su variante más descarnada.

 

El ecosistema financiero: softpower atlantista con cara de filantropía

Para entender lo que fue Barcelona, hay que empezar por quién paga y qué compra con ese pago.

Las Open Society Foundations son, desde su fundación por George Soros, la red de subvenciones privada más influyente del mundo en el campo de la llamada “sociedad civil global”. Con más de 32.000 millones de dólares distribuidos desde su origen, sucursales en 37 países y presupuestos anuales que superan los 600 millones de dólares, la OSF financia organizaciones de derechos humanos, medios de comunicación, universidades, think tanks y estructuras partidarias en todos los continentes.

Su imagen pública es la de una filantropía al servicio de la democracia. Su naturaleza profunda es la de un instrumento de proyección del orden liberal-atlantista. La Open Society es un vehículo para transformar la sociedad civil del bloque post soviético y de los estados de bienestar en líneas neoliberales, erosionando cualquier protección social que esos Estados aún pudieran sostener.

Soros construyó su fortuna como especulador financiero. En 1992 atacó la libra esterlina obteniendo mil millones de dólares en un solo día, hundiendo las reservas del Banco de Inglaterra. En 1997 sus operaciones contribuyeron decisivamente a la crisis financiera asiática que destruyó décadas de desarrollo en Tailandia, Indonesia y Malasia. Ese es el origen del capital que ahora financia cumbres progresistas y organizaciones de “sociedad civil” en América Latina, África y Europa del Este.

Los valores que la OSF promueve —democracia, transparencia, derechos humanos, gobierno abierto— son los términos en que el liberalismo hegemónico define y administra su proyecto de mundo. No son necesariamente falsos en abstracto; son funcionalmente imperiales en la práctica, porque definen quién tiene democracia, quién cumple con los estándares de derechos humanos y quién merece ser sancionado o intervenido. La Cuba bloqueada no cumple los estándares. Arabia Saudita, aliada estratégica, sí. Irán sancionado, no. Los Emiratos, socios comerciales, sí. Esa selectividad no es un defecto del sistema, es su mecanismo de funcionamiento.

El Center for American Progress, cuya presidenta Neera Tanden participó en Barcelona, fue fundado por John Podesta —jefe de gabinete de Bill Clinton (quien destruyo la socialista Yugoslavia), director de la campaña presidencial de Hillary Clinton— con capital inicial aportado directamente por Soros, y ha funcionado desde 2003 como la usina ideológica del Partido Demócrata, produciendo la política exterior e interior de los gobiernos de Obama y Biden. Es el think tank que justificó intelectualmente la escalada en Afganistán, el apoyo a “rebeldes moderados” en Siria que terminaron siendo Al Qaeda con otro nombre, y la doctrina de la “intervención humanitaria” que destruyó Libia.

Ese ecosistema —OSF, CAP, Internacional Socialista, PSE— es el auspiciador real de la GPM. No es un detalle de financiamiento, es la determinación estructural del proyecto. Una cumbre que no puede existir sin el capital del especulador que destruyó economías periféricas no puede ser, por definición, una plataforma de emancipación periférica.

 

Los silencios que definen o lo que la cumbre no pudo decir

Una cumbre se define tanto por lo que proclama como por lo que omite. Y los silencios de Barcelona son la prueba más contundente de su naturaleza subordinada.

Cuba. El bloqueo económico, comercial y financiero que Estados Unidos impone a Cuba desde hace más de seis décadas es, según la abrumadora mayoría de la Asamblea General de la ONU año tras año, un acto contrario al derecho internacional y a los principios de la Carta de las Naciones Unidas. Ese bloqueo priva a la isla de medicamentos, de equipamiento médico, de combustible, de insumos básicos. Produce escasez, apagones y sufrimiento sobre la población civil. Varios de los gobiernos representados en Barcelona —el Reino Unido de David Lammy, la Alemania socialdemócrata, los partidos del PSE que han gobernado en Europa— han sido cómplices activos o pasivos de ese bloqueo, alineados con Washington en las instituciones financieras internacionales que niegan crédito a Cuba, en los organismos multilaterales donde se vota la continuidad del cerco. ¿Hubo en Barcelona una declaración colectiva exigiendo el fin del bloqueo? ¿Una sanción política contra los miembros de la propia coalición que lo sostienen? ¿Una mención siquiera de la responsabilidad directa de los aliados atlantistas de la GPM en la asfixia económica de la isla? No.

Gaza y el Líbano. El genocidio en Gaza —así calificado por la Corte Internacional de Justicia en sus medidas cautelares— produjo decenas de miles de muertos, la destrucción sistemática de hospitales, escuelas y sistemas de agua, y el desplazamiento de prácticamente toda la población del enclave. La campaña sobre el Líbano destruyó infraestructura civil en el sur del país en una de las operaciones de bombardeo más intensas de este siglo. El laborismo de David Lammy gobernó el Reino Unido durante parte de esas operaciones. La socialdemocracia alemana, presente en Barcelona, no suspendió ventas de armas a Israel. El PSE europeo no promovió sanciones colectivas. ¿Cómo se llama una cumbre que junta en el mismo espacio a las víctimas del imperialismo y a los representantes de los partidos que armaron a quienes los masacran, sin que nadie señale esa contradicción en voz alta? Se llama dispositivo de gestión, no de resistencia.

Irán. Las agresiones israelíes sobre territorio iraní, las sanciones norteamericanas que asfixian a la población civil iraní, y la presión permanente de la OTAN y sus socios sobre un país soberano que ha resistido décadas de hostigamiento imperial no aparecieron en el debate de Barcelona. No podían aparecer, hacerlo implicaría confrontar directamente a los aliados atlantistas cuyo capital y cuya estructura política sostienen a la GPM.

Bolivia. La guerra civil interna entre facciones del MAS, el bloqueo de Evo Morales contra Luis Arce, la ruptura del movimiento que fue el experimento más interesante y genuino de la Bolivia contemporánea. Todo eso ocurrió sin que la diplomacia regional reunida en Barcelona tuviera algo articulado que decir ni una propuesta de mediación soberana que ofrecer.

Venezuela. El secuestro del presidente Nicolas Maduro el 3 de enero del 2026 tras una agresión ilegal llevada a cabo por los Estados Unidos en clara violación de toda legislación internacional existente, tampoco fue tema ni siquiera de mención por parte del GPM, lo cual es hasta paradójico teniendo en cuenta “la cumbre en defensa de la democracia” en donde la única democracia que se defiende es la sistémica parte del establishment impuesto y que no transforma las realidades ni pone en discusión al verdadero poder.

Cada uno de estos silencios tiene la misma causa estructural; la GPM no puede denunciar lo que denuncia sin impugnar a sus propios auspiciadores, aliados y miembros. Una internacional que no puede hablar libremente sobre el bloqueo a Cuba, sobre el genocidio en Gaza, sobre los bombardeos a Irán y Líbano, sobre las complicidades europeas en todas esas situaciones, es una internacional que ha definido de antemano los límites de su crítica. Y esos límites los trazó el capital atlantista que la financia.

 

Hillary Clinton como símbolo más obsceno

Hay momentos en que un solo dato dice más que mil análisis. El mensaje de Hillary Clinton proyectado con aplausos ante los líderes progresistas reunidos en Barcelona es uno de esos momentos.

Clinton es la figura que más cabalmente encarna la brutalidad del imperialismo liberal en las últimas tres décadas. Como Secretaria de Estado supervisó con entusiasmo la intervención en Libia que destruyó un Estado funcional, convirtió un país en campo de batalla permanente y abrió rutas de tráfico de armas hacia el Sahel. Su reacción al anuncio de la muerte del heroico coronel Gaddafi —”We came, we saw, he died”, pronunciado con una carcajada— es un documento histórico sobre la ligereza moral con que el imperialismo liberal trata la muerte de los otros.

En Honduras facilitó la estabilización del régimen golpista que derrocó a Manuel Zelaya. Sus propios correos revelaron la frialdad con que el Departamento de Estado manejó el proceso para bloquear el retorno del presidente constitucional mientras se proclamaba defensora de la democracia latinoamericana.

Ese golpe produjo la violencia que produjo las caravanas migrantes que Trump usó como combustible político. Clinton contribuyó a fabricar las condiciones del trumpismo que ahora la GPM dice combatir.

La CIA, el Departamento de Estado y el complejo político-militar que Clinton representó son los mismos que sostuvieron y sostienen el bloqueo a Cuba, las sanciones a Irán, el armamento a Israel, la presión sobre Venezuela, la expansión de la OTAN hasta las fronteras rusas.

Que su mensaje fuera proyectado en Barcelona sin que nadie en el plenario se levantara a señalar ese historial no es una omisión menor. Es la demostración más elocuente de que la GPM ha decidido de antemano no confrontar al imperialismo que dice resistir.

 

Los guerreristas y sus cómplices en la sala

La presencia de Tim Walz merece ser leída con precisión. Walz fue el candidato a vicepresidente de Kamala Harris, una administración que continuó sin ningún cuestionamiento sustantivo el armamento a Israel durante el genocidio en Gaza, que escaló el apoyo militar a Ucrania dentro de la lógica OTAN, y que mantuvo intactas las sanciones sobre Cuba, Venezuela e Irán heredadas de administraciones anteriores.

La administración Biden —de la que Walz fue un entusiasta promotor— no levantó ni una de las medidas de asfixia económica sobre los países periféricos que pagaron el costo de la política exterior bipartidista norteamericana. Walz en Barcelona llamó “fascismo” al gobierno de Trump y pidió a los progresistas del mundo que “presionen”.

El diagnóstico sobre Trump puede ser correcto. La solución implícita —volver al mundo de Clinton-Obama-Biden— es volver al mundo que, con mejores modales, ejecutó las mismas políticas imperiales.

La socialdemocracia alemana, representada en Barcelona, gestionó durante años el Nord Stream y la dependencia energética europea de Rusia, luego cambió abruptamente hacia el rearme y el apoyo total a Ucrania dentro del marco OTAN, sin jamás preguntarse si la expansión de esa alianza hasta las fronteras rusas, en violación de compromisos verbales que datan de 1990, tuvo algún papel en crear las condiciones del conflicto.

El laborismo británico de David Lammy llegó al poder prometiendo una política exterior más ética y mantuvo en lo esencial las ventas de armas a Israel y el alineamiento atlantista.

El PSE europeo como familia política administró durante tres décadas el desmantelamiento progresivo de los sistemas de bienestar que eran su razón histórica de ser. La flexibilización laboral, la privatización de servicios públicos, los recortes al gasto social durante la crisis de 2008-2013 fueron gestionados por partidos socialdemócratas en España, Grecia, Portugal, Alemania, Francia.

Esa gestión del ajuste con cara progresista fue la que produjo el colapso de credibilidad que abrió el espacio a las ultraderechas que ahora la GPM dice combatir. Presentarse como solución al problema que en buena medida se contribuyó a crear requiere una audacia que en otro contexto se llamaría descaro.

Y luego está el caso de Macron y el macronismo como síntoma del vaciamiento europeo. Macron llegó al poder desmantelando al partido socialista francés desde adentro, gobernó con políticas de austeridad y reforma laboral regresiva, reprimió con violencia documentada al movimiento de los Chalecos Amarillos —una de las expresiones más genuinas de descontento popular en Europa occidental en décadas— y ejecutó en África una política neocolonial que incluyó el apoyo a regímenes militares mientras los presentaba como socios en la lucha contra el terrorismo.

Que el espacio europeo de la GPM incluya fuerzas que han tolerado o apoyado al macronismo como mal menor civilizatorio frente a la ultraderecha es otro síntoma de la desorientación de fondo.

 

Lula y el asiento que anhela

El discurso de Lula en Barcelona fue retóricamente potente. Reivindicación de sus orígenes, crítica al pensamiento económico dominante que “prometió prosperidad y entregó hambre”, llamado a reformar el Consejo de Seguridad de la ONU, denuncia de que sus miembros permanentes se han transformado en “señores de la guerra”. La autocrítica sobre el fracaso del progresismo que “no supo superar el consenso liberal” fue pronunciada con genuina emoción.

Pero hay una contradicción irresoluble en la posición de Lula respecto al Consejo de Seguridad. La crítica a ese organismo es inseparable, en la diplomacia brasileña, del anhelo histórico de obtener un asiento permanente en ese mismo organismo. Brasil lleva décadas cultivando esa aspiración con todos los gobiernos, de izquierda o derecha.

No es ilegítimo que una potencia regional aspire a mayor representación en los organismos multilaterales. Pero no se puede al mismo tiempo denunciar la arquitectura del poder imperial y aspirar a uno de sus asientos más exclusivos. La crítica al Consejo está contaminada por el deseo de ocuparlo.

Más revelador aún es el contraste entre la retórica soberanista de Lula y la práctica diplomática de este tercer mandato. Brasil vetó a Venezuela en los BRICS cuando la presión del establishment occidental era insostenible, y no ofreció ninguna alternativa política soberana cuando Estados Unidos ejecutó una operación militar sin precedentes en suelo venezolano.

No hay diplomacia brasileña activa sobre Bolivia, donde el movimiento más interesante de la izquierda regional se destruyó en una guerra interna de facciones. No hay propuesta de mediación soberana sobre Nicaragua. No hay ninguna iniciativa regional de los presentes en Barcelona para responder colectivamente, con instrumentos propios, a ninguno de los conflictos que devastan a los pueblos del Sur Global.

La grandeza retórica de Lula en Barcelona contrasta con la modestia de los instrumentos que ha construido. El Banco del Sur no pudo ser ni será. El Nuevo Banco de Desarrollo de los BRICS, parido en Fortaleza en 2014 bajo su impulso junto a Dilma Rousseff, ha sido debilitado por las contradicciones entre sus propios miembros.

El progresismo latinoamericano de la primera ola —con toda su riqueza real— no construyó instituciones suficientemente robustas para resistir el cambio de ciclo electoral. Esa es su tragedia más profunda. Y en Barcelona, en lugar de analizarla con honestidad, se la cubrió con retórica.

 

Sanders, Mamdani y la izquierda sistémica del Imperio

La participación de Bernie Sanders —en el ecosistema si no en presencia física— y de Zohran Mamdani en formato video, y del CAP en sala, representan el componente más revelador del mapa ideológico de la GPM.

Sanders es el caso canónico de lo que puede llamarse la izquierda sistémica del Imperio: décadas de crítica real al poder financiero norteamericano, diagnósticos en muchos casos correctos sobre la desigualdad, el sistema de salud y la corrupción de la clase política. Y al mismo tiempo votos sistemáticos a presupuestos militares descomunales, apoyo sin fisuras al marco OTAN para Ucrania, operación dentro del Partido Demócrata que ha gestionado el imperialismo con cara amable durante veinte años.

Sanders no ha cuestionado el bloqueo a Cuba con la misma energía con que critica el sistema de salud norteamericano. No ha denunciado el armamento a Israel con la misma contundencia con que critica a los millonarios de Wall Street. Los límites de su izquierdismo son exactamente los límites que el sistema imperial tolera.

El ecosistema Soros-CAP-Partido Demócrata financia los espacios en que Sanders opera, le da tribuna, le permite existir como voz crítica interna que no amenaza las estructuras fundamentales. Esa es la función de la izquierda sistémica en el Imperio, canalizar el descontento, darle voz, contenerlo dentro de marcos manejables. Sanders y Mamdani no desafían al Imperio, le administran la conciencia disidente.

Que ambos aparezcan en la constelación de Barcelona —un evento orbitado por el capital de Soros, protagonizado por Clinton, copado por el CAP— sin que nadie señale esa contradicción en voz alta habla de la profundidad con que el campo progresista internacional ha interiorizado sus propios límites.

 

El fracaso de las alternativas reales

Para entender por qué la GPM puede presentarse sin ser impugnada desde adentro, es necesario registrar el peso del ciclo anterior y su derrumbe.

El Banco del Sur fue concebido para dotar a América Latina de arquitectura financiera propia, rompiendo la dependencia del FMI y el Banco Mundial. Nunca llegó a operar con capacidad real. La voluntad política de la Brasil de Lula —imprescindible por su peso económico— estuvo siempre dividida entre el proyecto propiamente latinoamericano y la aspiración a ser reconocido como potencia dentro del sistema global existente.

Petrocaribe funcionó mientras Venezuela tuvo petróleo y voluntad política, pero era un modelo de dependencia de un solo actor, no de integración soberana. UNASUR se desarticuló cuando las derechas comenzaron a retirarse de sus gobiernos. CELAC existe como sigla sin densidad institucional. La moneda común del MERCOSUR no avanzó. El Nuevo Banco de Desarrollo de los BRICS fue golpeado por las contradicciones entre China e India, las sanciones a Rusia y las crisis políticas internas de sus propios miembros fundadores.

La Argentina kirchnerista fue admitida en los BRICS en 2023 y renunció a esa membresía a los pocos meses con Milei en el poder, porque nadie había construido los consensos institucionales para que esa decisión no dependiera del resultado de una sola elección. Venezuela quedó fuera de los BRICS gracias al veto de Brasil. Bolivia se desgarró internamente.

El ciclo progresista latinoamericano de las primeras dos décadas del siglo —con toda su riqueza real— no construyó instituciones lo suficientemente robustas para sobrevivir a la alternancia electoral. Esa fragilidad estructural es la que hace posible que el dispositivo liberal-atlantista de la GPM aparezca como alternativa donde no hay arquitectura propia, el espacio lo ocupa quien tiene los recursos para organizar cumbres.

 

La naturaleza del dispositivo

Lo que ocurrió en Barcelona puede formularse con precisión clínica. Se trata de un dispositivo de soft power atlantista que captura, organiza y reconvierte la energía crítica del campo progresista global hacia formas de gestión compatibles con el orden capitalista liberal.

Su polo financiero es la red Soros-OSF: capital acumulado mediante la especulación financiera que destruyó economías periféricas, redistribuido ahora en formas que parecen filantropía pero operan como colonización ideológica de la sociedad civil global.

Su polo ideológico es el CAP y el ecosistema demócrata clintoniano, la usina que justificó intelectualmente la doctrina de la “intervención humanitaria”, el mismo aparato que destruyó Libia, que bloqueó a Cuba, que sancionó a Venezuela e Irán, y que armó el conflicto ucraniano dentro de la lógica de expansión de la OTAN.

Su polo político europeo es la Internacional Socialista y el PSE: partidos que administraron el desmantelamiento del Estado de bienestar, que fueron cómplices activos o pasivos de las guerras imperiales del siglo XXI, y que ahora se presentan como alternativa a las derechas que en parte ellos mismos produjeron.

Su polo latinoamericano es el conjunto de presidentes y ex presidentes de la región; figuras algunas con raíces reales en sus pueblos y con proyectos genuinos en muchos casos, pero cuyo margen de autonomía dentro del sistema-mundo capitalista es más estrecho de lo que su retórica proclama, y cuyos proyectos alternativos no lograron construir la irreversibilidad institucional que los haría verdaderamente emancipadores.

El resultado es una internacional que es antitrumpista pero no anticapitalista. Que habla de multilateralismo y no de Multipolarismo o de nuevo orden global, pero además no cuestiona la OTAN. Que nombra a Allende y a Angela Davis en sus salas pero recibe aplausos para Clinton en el plenario. Que denuncia la concentración de la riqueza pero opera dentro del ecosistema financiero del especulador que derrumbó la libra esterlina y devastó el sudeste asiático. Que declama solidaridad con los pueblos del Sur pero no exige el fin del bloqueo a Cuba, no denuncia el armamento a Israel, no cuestiona los bombardeos a Irán, y opta por el silencio ante todo conflicto que incomode a sus auspiciadores atlantistas.

El antitrumpismo no es un proyecto político. Es el estándar más bajo concebible. Y una izquierda que no distinga entre la resistencia genuina al imperialismo y la administración decorativa de su ala más presentable pagará el costo de esa confusión durante las décadas que vienen. De hecho, ya lo está pagando.

 

(*) Dirigente del Encuentro Patriótico. Doctor en Comunicación Social (FPyCS-UNLP). Director de PIA Global.

  • Artículo publicado originalmente en PIA Global.
Tags: BarcelonaGeorge SorosGlobal Progressive MobilisationHillary ClintonLula Da SilvaPedro Sanchez
Compartir77Tweet48EnviarEnviar

Relacionados

Fuentes Seguras. España. Del comunismo al peronismo

Fuentes Seguras. España. Del comunismo al peronismo

5 mayo, 2024
Lula Da Silva: persona grata para los pueblos del mundo

Lula Da Silva: persona grata para los pueblos del mundo

22 febrero, 2024
Fuentes Seguras. Apuntes sobre el comunismo en España

Fuentes Seguras. Apuntes sobre el comunismo en España

26 noviembre, 2023
Lula aumentó el salario mínimo y rechazó la suba de la tasa de interés

Lula aumentó el salario mínimo y rechazó la suba de la tasa de interés

2 mayo, 2023
Esperanza renovada. Lula asumió su tercer mandato presidencial

Esperanza renovada. Lula asumió su tercer mandato presidencial

1 enero, 2023
Perspectivas de una elección histórica

Perspectivas de una elección histórica

30 octubre, 2022

Discusión acerca de esta noticia

Categorias

  • 50 años dictadura
  • Ciencia y Tecnología
  • Ciudad
  • Congreso
  • Cultura
  • Deportes
  • Derechos Humanos
  • Documento
  • Economía
  • Elecciones
  • Elecciones 2021
  • Elecciones 2023
  • Elecciones 2025
  • Entrevista
  • Géneros
  • Gremiales
  • Historia
  • Institucional
  • Judiciales
  • Medio Ambiente
  • Medios de Comunicación
  • Mundo
  • Opinión
  • Peronismo 80 años
  • Podcast
  • Política
  • Provincia
  • Radioteatro
  • Salud
  • Sin categoría
  • Sindicalismo Internacional
  • Soberanía
  • Sociedad
  • Solicitada

Visitas

Temas

Abrí la Cancha alberto fernandez Apiladas Deportivas argentina axel kicillof Boca Juniors Bolivia Carlos Aira CGT China ciudad de buenos aires Coronavirus corriente federal de trabajadores COVID-19 cristina fernandez de kirchner CTA cuarentena despidos deuda externa elecciones emilia trabucco estados unidos evo morales Feas Sucias y Malas FMI Frente de Todos Fuentes Seguras hector amichetti Horacio Rodríguez Larreta inflación islas malvinas Javier Milei mauricio macri milagro sala Milei pandemia Panorama sindical paritarias paro peronismo principal Provincia de Buenos Aires sergio massa Sipreba UTEP

Radio Grafica FM 89.3 © 2021. Todos los derechos son del pueblo.

Diseñado por IT10 Informatica y Telecomunicaciones

  • Política
  • Gremiales
  • Sociedad
  • Mundo
  • Deportes
  • Cultura
  • Opinión
  • Grilla
  • ¿Quiénes Somos?
  • Historia
  • Comunidad RG
  • Contrataciones
  • Contacto

Radio Grafica FM 89.3 © 2021. Todos los derechos son del pueblo.
Diseñado por it10 Informatica y Telecomunicaciones