Por Adrián Berrozpe
Días después de que apareciera la niña de Villa Lugano y de que estuviéramos seguros que Savanz va quedar encerrado en algún reservorio de carne humana (hospicio o cárcel), ya no es tapa la situación de miles de familias en la Ciudad de Buenos Aires, aunque hoy quedan, según el último censo (realizado por organizaciones sociales, sindicales y asociaciones civiles en 2019), presumiblemente en un número mayor y agravado por la situación de pandemia[1], 870 niños, niñas y adolescentes en situación de calle.
Sobre esta situación, antes de ser intervenido para hacerse un estudio en unos de los hospitales más exclusivos de la ciudad y previo al 24 de marzo, el jefe de Gobierno mostró un plan donde se adicionarían más policías y más comisarias a los barrios de la ciudad[2], sin plantear que debe haber una política social antes que una penal, porque si no se está incurriendo en criminalizar la pobreza en vez de problematizarla.
La problemática, que aunque no es exclusiva de la ciudad capital, se ve agravada por la falta de políticas integrales, que permitirían a los más de 7 mil vecinos y vecinas que están en situación de calle puedan acceder a una vivienda (aunque sea a una pieza), entendiendo que este no es el único flagelo que sufren pero que este podría ser un hecho rotundo para poder asegurarse un futuro distinto del que les da vivir en la calle, debajo de un puente o en una vieja estación de tren. También, hay que saber que la ciudad maneja un presupuesto comparado al de algún pequeño país de Europa o de alguna ciudad capital del viejo continente.
La inseguridad es vivir en la calle…
Según el último censo poblacional de 2010, la Ciudad de Buenos Aires tiene 225.016 viviendas inutilizadas u ociosas contra 1,1 millón de viviendas habitadas. Esto da una tasa de vacancia de 23,9%, la más alta del país.
Según el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS)[3], la ociosidad de las viviendas es el resultado de que las viviendas que se construyen y las necesidades habitacionales de la ciudad van por caminos separados. El análisis de los datos oficiales arroja que la construcción de inmuebles no está apuntada a la solución del amplio déficit habitacional porteño.
Entre los años 2005 y 2018 se construyeron más de 195 mil viviendas, de las cuales más del 50% son suntuosas y lujosas, según datos que surgen de la Dirección General de Estadísticas y Censos. Esta dinámica de la construcción no mantiene relación con el problema habitacional porteño, donde más de 300.000 personas viven en villas y asentamientos, y más de 7.500 se encuentran en situación de calle. Además, más del 35% de los hogares alquila su vivienda en condiciones libradas al libre mercado y paga de alquiler una importante porción de su salario.
En la mayoría de las capitales del mundo, por ejemplo, de Nueva York o Montevideo (todas lejos de la cubana Habana), el Estado interviene fuertemente en el mercado inmobiliario y fomenta la construcción y compra de la “vivienda propia”. En la CABA se da el caso contrario, el “mercado” interviene sobre las políticas del Estado.
Mientras Larreta continúa profundizando un proyecto, con más de 13 años de vigencia, que prepondera la política del “mercado”, que es parte de la “cultura del descarte” que sostiene que hay seres humanos que sobran porque no tienen capacidad de consumo (y los termina consumiendo el mismo mercado), donde se gastan 2400 millones en publicidad y se reduce el presupuesto educativo o se recortan los programas de asistencia, frente a la benevolencia de los tanques mediáticos y algunos opositores; no se puede pensar que se vaya a resolver ni la situación habitacional de la ciudad ni la realidad de miles de vecinos y vecinas que duermen en la calle, porque ese es el cuento de la inmobiliaria propia.
[2] https://twitter.com/horaciorlarreta/status/1374350769831485444











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