Tras ir perdiendo 2 a 0, Argentina igualó ante Alemania en Dortmund. Los cambios impulsados por Lionel Scaloni fueron vitales para la remontada del equipo. Entre tropezones, la Selección toma cuerpo y línea de juego. Nicolás Podroznik analiza a fondo el dibujo de un entrenador que viene superando críticas despiadadas.
Por Nicolás Podroznik (*)
A excepción del 4-0 frente a México -y con todos los permisos que brinda México por su forma de juego- da la sensación que al conjunto de Lionel Scaloni siempre le faltan cinco pal peso. Cuando no falla una cosa, falla otra.
En la noche de Dortmund, los primeros quince minutos del partido fueron interesantes de analizar. Argentina con un esquema casi tradicional – exceptuando a Correa que se acoplaba con la línea de volantes – intentó presionar la salida de Alemania con cierto éxito; interrumpiendo el avance pero sin lograr recuperación y superioridad numérica. Por su parte, los locales permitiendo a Argentina tener la pelota sin dejar que Paredes sea el primer pase y obligando a tener que salir por los costados. Sabia decisión: con el ex Boca como salida trunca y los laterales apostados en el mediocampo, la responsabilidad recayó en Otamendi y Rojo. Alemania encontró la falla y en menos de diez minutos logró un 2 a 0 exagerado.
Scaloni creyó que su rival volvería a jugar como lo supo hacer durante años: con paciencia, toque y desmarque. Pero esta Alemania no es la misma que venció en 2014. Nombres nuevos y dinámica distinta. Los teutones contragolpearon y se replegaron, mordiendo e imponiendo un juego físico donde su rival más lo podía sentir. Así, la construcción de juego fue imposible para el seleccionado argentino y los tres de arriba quedaron aislados. Apenas un sablazo de Rodrigo de Paul al palo derecho de Ter Stegen.
Scaloni ingresó al Huevo Acuña y a Lucas Ocampos para además cambiar el esquema, poblando la mitad de cancha, fijando tres centrales para evitar la inferioridad numérica en el contragolpe y darle profundidad al equipo. Vale decir: Acuña ingresó para hacer la banda completa y liberar a Ocampos de las responsabilidades que tuvo Angel Correa. Esa lectura que en algún momento pareció verse en la Copa América y en algún momento no – basta recordar los inexplicables ingresos de Di Maria – se terminó de materializar para bien con el ingreso de Lucas Alario por el cada vez más tibio Paulo Dybala. El tridente Lautaro-Alario-Ocampos fijó a los tres centrales alemanes, obligando a la última línea a no achicar tan adelante y, consecuentemente, a retroceder en el campo para evitar de ser compacto. Argentina le comió veinte metros de cancha a su rival con apenas tres modificaciones.
El descuento de Alario despertó al técnico rival que rápidamente movió fichas quitando a un delantero y poniendo un mediocampista, pero el protagonismo ya era celeste y blanco. A falta de cuatro minutos para el final llegó el empate de Ocampos, que lo gritó con alma y vida, algo que no debe pasar desapercibido en estos tiempos donde los amistosos parecen un simple y frio compromiso cuando en realidad hay un claro viento de cambio: la Selección Argentina necesita jugar en fecha FIFA contra rivales Clase A.
El empate le queda justo al desarrollo del encuentro. Un tiempo para cada uno. Es menester destacar la capacidad de Scaloni para visualizar y acertar con los cambios, sin inventos raros ni cambios de posiciones masivos. También será interesante ver de aquí en mas que lugar tienen los autores de los goles, en esta búsqueda de recambio ante un equipo que en algunos puestos ya se sabe quienes juegan. Da la sensación que Foyth, Tagliafico, Paredes, De Paul y Lautaro Martínez son fijas. Si a eso le sumamos a Armani, Messi, Agúero y en menor medida Marcos Acuña, pareciera ser que podríamos tener un equipo de memoria, algo que apenas podemos visualizar durante la etapa de Sabella sin necesidad de irnos tan atrás en el tiempo.
La única cuestión a resolver será la de los marcadores centrales. El punto más flojo de ayer. Otamendi repitió su dificultad en el anticipo y Marcos Rojo dista kilómetros de ser aquel que fue. El ex Velez aún cuenta con algo de crédito, lo cual hace pensar en que el otro puesto se dirimirá entre Pezzella, Martinez Quarta y Kannemann. Los dos primeros cuentan con una enorme capacidad de salida, mientras que el ex San Lorenzo brinda mayor firmeza en el juego físico y tiene una ventaja: ser zurdo en un mundo donde los centrales con ese pie hábil no abundan. Argentina pareciera que va camino a reencontrarse con su fútbol. Comprendiendo su realidad y el material humano que se tiene para llevarlo a cabo. Solo falta ajustar pequeños detalles, pero eso solo se logra con el correr de los partidos y el roce ante rivales que, aún en la adversidad del resultado, permitan corregir errores tanto individuales como colectivos.
(*) Periodista. Abrí la Cancha.











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