Por Gabriel Fernández *
Como se dice en las calles: ya no saben qué inventar. La República Popular China, en este 2026, está revolucionando la ciencia al crear su propio sol artificial, fruto de la innovación dentro del área de la fusión nuclear. De esta manera, superó un límite físico que parecía imposible, abriendo la perspectiva de acceder a una fuente única de energía.
En estas páginas hemos planteado que la Terraformación ya no es una opción lejana. Las herramientas están a disposición. El estudio mencionado se asentó en el reactor experimental Tokamal Superconductor Experimental Avanzado (EAST) que alcanzó una barrera histórica del plasma. Los avances fueron publicados en la revista Science Advances a inicios del año en curso, y están dando la vuelta al mundo científico bajo este título: “puede cambiar la vida en el planeta”.
Intentemos, con humildad, aproximarnos al concepto. El Tokamak Superconductor Experimental Avanzado, ubicado en Hefei y operado por la Academia China de Ciencias, consiguió por primera vez operar en un “régimen libre de densidad” (density-free regime) aplicando la teoría de autoorganización plasma-pared (PWSO). A ver: Esto significa que los científicos asiáticos lograron mantener el plasma estable a densidades mucho mayores que el límite de Greenwald (un cuello de botella histórico en la fusión), alcanzando incluso 1.3 veces por encima de ese umbral crítico sin que el plasma se vuelva inestable ni dañe las paredes del reactor.
Difícil desentrañar tecnologías complejas ¿no? Los expertos emplearon la teoría de autoorganización llamada plasma-pared, una propuesta experimental impulsada anteriormente por científicos franceses. Este proceso logró hasta 150 millones de grados Celsius de temperatura del plasma, es decir, 10 veces más caliente que el Sol. Alguien deslizará: cuando se arrebata el asado. “Con este enfoque, reducimos de forma significativa las interacciones plasma‑pared, la acumulación de impurezas y las pérdidas de energía, y logramos impulsar el plasma a una densidad suficientemente alta al final del arranque”, precisó la Academia China de Ciencias en un comunicado.
Bueno, y ¿cómo esta creación cambiará la vida en la Tierra? La fusión nuclear imita el proceso que alimenta al Sol: fusionar átomos ligeros (como deuterio y tritio) para liberar energía colosal sin residuos radiactivos de larga duración ni emisiones CO₂. Si logran un encendido continuo de esta fuente, producirán:
- Energía limpia y prácticamente infinita
- Independencia energética global
- Reducción drástica del cambio climático
- Electricidad para abastecer ciudades enteras durante siglos con muy poco combustible.
El Sol de nuestra galaxia produce energía mediante una reacción de fusión nuclear. En su interior, los átomos de hidrógeno colisionan entre sí, se ensamblan a altísimas temperaturas -del orden de 15 millones de grados centígrados- y están sometidos a enormes presiones gravitatorias. Cada segundo se fusionan 600 millones de toneladas de hidrógeno formando helio. Durante este proceso, parte de la masa de los átomos de hidrógeno se convierte en energía. Recuerde, lector, que esta instancia de energía por los tiempos de los tiempos se presenta ahora, cuando los grandes protagonistas batallan para hacerse de un impulso vital.
Fusión nuclear vs fisión nuclear. La fusión es una tecnología nuclear que puede producir niveles muy elevados de energía sin generar grandes cantidades de residuos nucleares, y los científicos llevan décadas intentando perfeccionarla. En la actualidad, la energía nuclear se obtiene mediante la fisión, el proceso contrario a la fusión (la energía se genera al dividir el núcleo de un átomo pesado en dos o más núcleos de átomos más ligeros). La fisión es más fácil de conseguir, pero genera residuos.
Con estos parámetros, China ya realizó una prueba exitosa de su sol artificial, su reactor de fusión nuclear ubicado en el Southwestern Institute of Physics en Chengdu, China. El reactor genera energía aplicando potentes campos magnéticos al hidrógeno hasta formar plasma, y puede alcanzar temperaturas superiores a las registradas en el núcleo del Sol, y generar formidables cantidades de energía al fusionarse los átomos. El plasma se contiene mediante imanes y tecnología de súper enfriamiento.
(En la ciudad de Hefei se encuentra instalado el reactor EAST (Tokamak Superconductor Avanzado Experimental), desarrollado por el Instituto de Física de Plasma de la Academia de Ciencias de China. Este es el dispositivo más famoso por romper récords mundiales de duración de plasma confinado. En la ciudad de Chengdu se ubica el reactor HL-3 (anteriormente conocido como HL-2M), operado por el Instituto del Suroeste de Física (SWIP). Es el dispositivo tipo tokamak más grande y avanzado del país en términos de diseño de parámetros térmicos).
La investigación viene de hace tiempo. El reactor experimental de fusión HL-2M consiguió generar su primer plasma el 4 de diciembre de 2020. Se trató de un importante logro científico para desarrollar formas de propulsión nuclear más seguras y limpias. También se espera que HL-2M refuerce la investigación y desarrollo numerosas disciplinas científicas derivadas. El proyecto que está viendo la luz -pocas veces mejor aplicada la metáfora- fue diseñado y construido por la autoridad nuclear de energía atómica de la nación milenaria: la China National Nuclear Corporation.
Esta obra de arte científica fue designada como prioridad industrial clave para el futuro en el marco del XV Plan Quinquenal, que abarca el periodo 2026-2030. Esta medida supone una importante transición de la investigación puramente de laboratorio al desarrollo a escala industrial y de ingeniería.
Cuando este narrador señalaba la existencia de los elementos básicos para la terraformación no hablaba de posibilidades, sino de realidades. El mecanismo en cuestión logra gambetear los obstáculos medio ambientales: produce energía sin emisiones de carbono ni residuos radiactivos peligrosos de larga duración. Utiliza combustibles como el hidrógeno, que son abundantes en la naturaleza. El objetivo final de la creación es generar fusión nuclear “como el sol”, proporcionando a la humanidad una fuente de energía sin límites para el conjunto de sus actividades.
CÓMO SE HACE. Es evidente que para obtener ciertos logros resulta pertinente desplegar políticas estatales bien pensadas y adecuadamente direccionadas. Aunque los disparatados debates en nuestro país difuminen lo obvio, es preciso apuntar, para un desarrollo de esta naturaleza, que el Estado debe existir y participar activamente de la vida económica y cultural. En ese sentido vale considerar las advertencias de aquellos espacios a los cuales el Dragón no sienta nada bien, pero admiten su vigor.
En una publicación del semanario inglés The Economist, se analiza cómo China se ha convertido en una superpotencia científica. Su crecimiento en el último lustro ha sido notable. Los científicos chinos han superado al resto en varios indicadores de ciencia de alta calidad. Según la publicación, “el viejo dominio de la ciencia europea y americana parece haber concluido”.
Veamos. En 2003, los Estados Unidos produjeron 20 veces más textos de alto impacto (publicaciones que son citadas con mayor frecuencia por otros científicos en sus propios trabajos) que China, según datos obtenidos de Clarivate – Web of Science, la empresa de análisis científico; pero en 2022, China ya había superado a ese país y a la Unión Europea (UE). El panorama permite observar que China lidera el ranking de publicaciones más citadas en diferentes áreas de la ciencias naturales e ingeniería mientras que los Estados Unidos y Europa todavía tienen ventajas sustanciales tanto en biología general como en ciencias médicas.
El Ranking de Leiden, reconocida clasificación académica de universidades basada en indicadores bibliométricos que miden la productividad y el impacto de la investigación científica, muestra el volumen de producción de investigación científica de calidad en áreas de ciencias duras e ingeniería y en matemática y ciencias de la computación. Ocho universidades chinas se encuentran entre las 10 primeras del mundo. En ciencias médicas y biología aún existe superioridad de las universidades norteamericanas.
China encabeza el Nature Index creado por la editorial del mismo nombre, que contabiliza las contribuciones de artículos que aparecen en varias revistas de prestigio. Los textos deben ser aprobados por un panel de revisores que evalúan la calidad, la novedad y el potencial de impacto del estudio. En 2014, China ocupaba el segundo lugar en publicaciones de ciencias naturales, pero su contribución a los títulos elegibles era menor a la de los Estados Unidos. En 2023, China había alcanzado el primer puesto.
The Economist se pregunta ¿Cómo ha logrado China este cambio en tan poco tiempo? Aventura una respuesta honesta dentro de su marco filosófico. La remodelación de la ciencia china se ha logrado centrándose en una mayor inversión estatal en investigación y desarrollo (I+D). En términos reales, el gasto de China en investigación y desarrollo se ha multiplicado por 16 desde 2000. Según los datos más recientes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, en 2021, China todavía estaba por detrás de los Estados Unidos en la inversión total en I+D (668 vs 806 mil millones de dólares).
La creación de universidades e instituciones gubernamentales de talla mundial también ha sido parte del plan de desarrollo científico de China. Iniciativas como el “Proyecto 211”, el “Programa 985” y la “Liga China Nueve” otorgaron dinero a laboratorios seleccionados para desarrollar sus capacidades de investigación. Las universidades pagan importantes bonificaciones al personal si publican en revistas internacionales de alto impacto.
Otra prioridad ha sido desarrollar la fuerza laboral. Entre 2000 y 2019, más de 6 millones de estudiantes chinos abandonaron el país para estudiar en el extranjero, según el Ministerio de Educación de China. En los últimos años, muchos de ellos han regresado trayendo consigo las habilidades y conocimientos recién adquiridos. Los datos indican que, desde finales de la década de 2000, más científicos eligieron retornar, en comparación con los que se fueron. Desde ya que quienes volvieron, recibieron incentivos económicos y subvenciones.
En 2006, el Partido Comunista Chino publicó su visión sobre cómo debía desarrollarse la ciencia durante las décadas sub siguientes. Al entender de sus referencias científicas, el país necesitaba invertir el dinero en áreas estratégicas: tecnologías cuánticas, inteligencia artificial, semiconductores, neurociencia, genética, biotecnología, medicina regenerativa y exploración del espacio profundo, océanos profundos y los polos de la Tierra. En el campo de la computación cuántica, algunos de los laboratorios académicos del país ya alcanzaron el mismo nivel que los occidentales. En 2023, investigadores que trabajaban en China batieron el récord de cantidad de bits cuánticos, o qubits, entrelazados dentro de una computadora cuántica.
Según el mismo artículo de The Economist parece poco probable que el crecimiento en calidad y cantidad de la ciencia china se detenga. El gasto en investigación científica y tecnológica sigue aumentando: el gobierno ha anunciado un alza del 10% en la financiación para el año venidero. Y el país está formando a un enorme número de científicos jóvenes. En 2020, las universidades chinas otorgaron 1,4 millones de títulos de ingeniería, 7 veces más que en los Estados Unidos. China ha formado ahora, a nivel universitario, 2,5 veces más investigadores de IA de primer nivel que los Estados Unidos. Y para 2026, se espera que las universidades chinas produzcan casi el doble de graduados con doctorado en ciencia y tecnología que los Estados Unidos.
ARGENTINA. Como colofón sencillo, vale reflexionar: tanto la República Popular China como The Economist, evitan calificar la inversión en Ciencia y Técnica como un gasto superfluo. Y a nadie se le ocurre que para afrontar complicaciones económicas se desfinancien universidades, centros de investigación o proyectos destinados a la elaboración de altas tecnologías.
En alguna ocasión, Henry Ford, con bastantes cosas para aportar en investigación e industria, apuntó que “el único verdadero fracaso es aquél del que no aprendemos nada”. No muy lejos de ese tramo histórico, nuestro Raúl Scalabrini Ortiz escribió: “El único fracaso real e imperdonable de un individuo o de una nación es la parálisis y la falta de lucha”.
Así están las cosas, lector.
* Area Periodística Radio Gráfica / Director La Señal Medios / Sindical Federal
Fuentes: Nei Magazine, ITER, Global News, Foro Nuclear “Fusión nuclear, una energía de futuro”. Xinhua. The Economist. Radio Gráfica: secuencia Terraformar la Tierra.











Discusión acerca de esta noticia