El horizonte se complejizó, pero la energía sigue como eje. El panorama europeo se ensombrece y los Estados Unidos no encuentran una puerta de salida. El pequeño distrito de Sajonia-Anhalt emitió un mensaje.
Por Gabriel Fernández *
Si la insistencia europea en presentar a la Federación de Rusia como un peligroso agresor continúa, será preciso admitir que esa nación ha sido designada como enemigo estratégico. Tal caracterización necesita argumentos y los mismos deberán relacionarse con acciones bélicas de diverso tenor. Es claro entonces que el país que lidera Vladimir Putin tendrá que realizar algún movimiento que contribuya a justificar la descripción.
El problema es para qué. Para qué tanta movida, tanto armado, tanta agitación y propaganda. Los estados occidentales desterritorializados admiten que las corporaciones financieras y armamentísticas delineen sus políticas exteriores. Ello indica que les asignan razón y sentido. Que están admitiendo la primacía de un interés de base genuino que amerita alineamiento para su defensa y proyección.
La Unión Europea (UE), que se desliza en el planeta bajo la orientación del tándem Davos – OTAN, no trepida en desestructurar sus propias naciones y los espacios productivos que las mismas contienen. Y si bien esa ecuación es aprehensible, de todos modos cabe indagar por qué no se les ocurre a los gobernantes del Viejo Continente impulsar, aunque más no fuera parcialmente, la protección de aquellos factores básicos que beneficiaron la Eurozona.
Veamos. A lo largo de los años, Europa edificó su desarrollo sobre una combinación de improbable reiteración: energía en precios razonables provista por Rusia, acceso al mercado chino, tránsito abierto en el comercio mundial, paraguas militar estadounidense y adelantos tecnológicos occidentales con roce asiático. En este tramo, los elementos enunciados se van desmoronando. Y no lo hacen por presión euroasiática, sino por acciones propias surgidas de una turbulencia de sanciones.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, admitió dos semanas atrás que el bloque ha ingresado a un panorama diferente. “Estas certezas han desaparecido”, dijo ante un selecto grupo de empresarios congregados en Francia. Allí sugirió, sin olvidar hacer responsables a los demás, que la UE afronta una energía cara, una creciente competencia con China, el hostigamiento ruso y la caída del respaldo estratégico de Washington.
La energía ya es uno de los dilemas fundamentales en Europa. Sus precios siguen entre dos y tres veces por encima de los norteamericanos y chinos, y más de la mitad del consumo depende de combustibles fósiles importados. Desde el inicio de la crisis en Oriente Medio, esa dependencia ya le ha costado al bloque más de 50.000 millones de euros (unos 58.000 millones de dólares). Por otro lado, Las importaciones procedentes del Dragón aumentaron un 45 % en cinco años, a la vez que las exportaciones europeas disminuyeron.
El déficit comercial roza ya los 1.000 millones de euros diarios (unos 1.160 millones de dólares) y creció otro 10 % desde comienzos de año. Por primera vez, los 27 miembros de la UE están en déficit con Pekín. La producción industrial china acrecentó su presencia en todas las naciones de la Unión, ocupando más de la mitad de la oferta de productos. A ello se suma una dependencia superior al 80 % en numerosas materias primas críticas y de hasta el 90 % en algunas tierras raras.
OÍDOS SORDOS. Líneas antes se apuntó en este texto que también se atenuó la protección estratégica de los Estados Unidos. ¿Qué es eso? Bueno, Von der Leyen sostuvo que Europa debe convertirse en un continente que “produzca, invierta y proteja“. Bruselas prevé movilizar más de 450.000 millones de euros (unos 522.000 millones de dólares) a través del Fondo Europeo de Competitividad y Horizonte Europa para impulsar la investigación, la innovación y la producción industrial. Entonces.
Todos saben que la negativa de los países de la región al llamado del presidente Donald Trump a formar una flota naval conjunta para enfrentar el dominio iraní en el Estrecho de Ormuz abrió una distancia imposible de acortar: con Francia, con Italia, con España desde ya, y con varios más. La desavenencia resulta tan honda que abarca al Reino Unido y a la propiedad de las Islas Malvinas. La advertencia de Trump es clara: si los británicos no aceptan incrementar su aporte económico para la Defensa en el marco de la OTAN, sus intereses serán perjudicados por Washington.
En el ámbito energético, uno de los puntos de inflexión fue la ruptura de los vínculos económicos con Rusia. Este narrador quiere subrayar: por vocación occidental, no por enojo ruso. Más allá de las citadas sanciones, cabe evocar el ataque al Nord Stream, visible en su matriz para todo el que desee observar.
En medio del debate sobre las causas de los problemas europeos que hoy se extiende, el Centro de Estudios Militares y Económicos del Instituto de Economía Militar Mundial y Estrategia de la Escuela Superior de Economía de Moscú, difundió un interesante informe según el cual tras la Segunda Guerra, se logró un “amplio mercado proveedor de recursos energéticos baratos”. La entidad indica su sorpresa, pues “ahora todos estos factores ya no son relevantes”, ya que “las relaciones con Rusia se han roto”.
Que cosa. El que impone castigo ha resultado el perdjudicado. La Comisión Europea alentó la sustitución del económico gas ruso, soporte de su industria, por otras fuentes, entre ellas el gas natural licuado estadounidense, mucho más oneroso. A finales de agosto, los depósitos estaban al 63 por ciento de su capacidad de contención, mientras que la media para finales de agosto suele ser del 80 %, situándose las reservas en su nivel más bajo en 13 años.
El presidente Vladímir Putin lo anticipó sin tremendismos, empleando el sentido chino de objetividad a la hora de evaluar una situación: en octubre del año pasado, predijo que la renuncia a la energía rusa originaría una secuencia de efectos negativos para la economía europea, en particular el alza de los precios del petróleo y el gas transoceánicos, el descenso en la producción industrial y la pérdida de competitividad de los productos elaborados en Europa.
Es pertinente mencionar la cuestión científico técnica. La presencia china es ostensible. El informe antes presentado, puntualiza que la República Popular “está empezando a conquistar los mercados y muestra un importante desarrollo tecnológico”, mientras que la UE “se entusiasma demasiado con la formación de políticas basadas en valores e ideologías en detrimento de los intereses nacionales de muchos países europeos”. De allí que ciertas restricciones contra Rusia y su aliado multipolar terminen “afectando a los fabricantes europeos de productos industriales, de alta tecnología, la tecnología laser y la ingeniería de alta precisión”.
Para estas empresas China “no solo representa un mercado de ventas, sino también un eslabón clave de sus cadenas de suministro”. Por eso, las restricciones podrían provocar “la pérdida de contratos, retrasos en las entregas y la necesidad de buscar alternativas más costosas”. Vale recordar que tras la escalada de las sanciones que intentaron descargar latigazos sobre 14 empresas chinas en el 21.º paquete de sanciones contra Rusia, Pekín resolvió tomar el pañuelo lanzado y restringir las exportaciones de 14 compañías europeas. Un ejemplo nomás.
PRIORIDADES, ESTRATEGIAS. Es que las personas no pueden darse la mano si tienen el puño cerrado. Es bueno repasar pensamientos recientes difundidos con intención desde medios situados. Por caso, Greg Simons, destacado politólogo sueco, dijo a RT que son los propios europeos los culpables de su deprimente posición. “Su arrogancia y su ignorancia, su fe ciega y su disposición a actuar con una mentalidad esclava les han llevado a esta situación”. A su juicio, todavía no comprenden que los Estados Unidos “no los consideran aliados; los consideran una herramienta para alcanzar objetivos geopolíticos”.
Pero vamos a los diseñadores del modelo. El embajador estadounidense ante la OTAN, Matthew Whitaker, aseveró este sábado que la Defensa de Europa ocupa el cuarto lugar entre las prioridades estadounidenses. Antes se cuentan la protección del territorio norteño, del hemisferio occidental y de la región del Pacífico. Atenti latinoamericanos. Además, Whitaker recordó que las diferencias sobre cuánto aportar para el área defensiva, en verdad armamentística, siguen marcando oleajes indomables en el atlantismo.
El asunto es más complejo si se incluye la situación ucraniana. Y es preciso hacerlo pues los Estados Unidos, el principal aportante al gobierno de Volodimir Zelenski, necesita salir de allí -tiene gran sentido el diálogo entre Putin y Trump, así como el encuentro directo de los titulares de las áreas de Inteligencia– mientras el vaciamiento de las naciones europeas incluye, además de los datos proporcionados sobre el rubro energético, la intensa inyección de armas y recursos: Alemania, Francia, el Reino Unido, Dinamarca, Países Bajos, Suecia e Italia.

EEUU PIERDE, O PIERDE. En tanto, la realidad de Asia occidental ratifica la tendencia, ya que desde el arranque de las hostilidades de los Estados Unidos e Israel contra la República Islámica de Irán se pudo percibir la fortaleza de la multipolaridad. El espacio BRICS – Shanghai abasteció de modo armónico a los persas sin adentrar las narices en el aspecto bélico. El conjunto de las naciones emergentes creció en el lustro reciente, pese a las contiendas, y mientras el Añejo Continente y los Estados Unidos observaban a sus PBIs deslizarse entre los dedos como arena del desierto medio oriental.
La cuestión es más grave de lo grave que parece. Para los Estados Unidos una salida rápida del conflicto -lo más conveniente, en concreto- podría presentarlo ante el mundo como derrotado por Irán. La imagen mostraría las espaldas de sus soldados trotando hacia casa; como en Vietnam, como en Afganistán. Sin embargo, la contracara no sería más auspiciosa: seguir en el conflicto podría presentarlo ante el mismo planeta en cuestión como un estado orientado, regenteado por Israel.
Es llamativo el nivel de conciencia alcanzado por los pueblos a raíz del genocidio en Gaza; muy especialmente por la sociedad del Norte, que viene poniendo en cuestión una forma de encarar la política internacional que prioriza las necesidades del premier Benjamín Netanyahu por encima de las de cualquier estadounidense. Se puede corroborar en tantos espacios periodísticos: ya no hace falta explicar qué es el sionismo o cuáles son los delitos que los israelíes cometen contra los palestinos. Todos parecen conocer al menos en parte lo que está en discusión.
Claro que aún resta una región del debate que cuesta enfocar. En algunos casos, comprensiblemente; en otros, con algo más de intención. ¿De qué se trata? A este periodista no le aflige, usted sabe lector, retomar la temática de quién gobierna en realidad, cuál es el nivel de representación que ofrece el esquema llamado democracia. Las cosas se tornan cercanas y la niebla se difumina si se detectan ciertos elementos.
Por caso, que a Israel y a varias monarquías del Golfo les convendría poner las tropas en postura de descanso para escuchar ciertas sugerencias chinas. Por caso, que los Estados Unidos, si no logran re dimensionar su potencial industrial, ingresarán en zona de descenso. Por caso, que Europa, al lanzarse hacia una gran guerra contra la Federación de Rusia, corre el riesgo de dejar de ser. Las corporaciones financieras que condensan y abrigan a las armamentísticas creen que esos factores, a todas luces negativos para sus recipientes, constituyen el verdadero destino de la humanidad.

ALEMANIA. CAUSA, CONSECUENCIA. Toda acción genera un derivado. Nada se crea de la nada. El partido Alternativa para Alemania (AfD) obtuvo una significativa victoria en la región oriental de Sajonia–Anhalt. Esta vertiente, crítica del atlantismo y de los alineamientos recientes del gobierno germano, alcanzó el 44 por ciento de los votos el reciente domingo y desató un formidable temblor político en toda Europa.
El distrito es reducido. Contiene poco más de dos millones de pobladores. La trascendencia del comicio radica en la orientación política de los vencedores. Una semana antes del sufragio, la progresista Der Spiegel caracterizó al referente Ulrich Siegmund como “el hombre más peligroso de Alemania”. En realidad, la interesada descripción encaja con lo narrado hasta aquí, pues el amenazante joven tiene buen vínculo con Vladimir Putin y una visión crítica del atlantismo promovido por el actual canciller Friedrich Mertz.
La victoria otorgó a la AfD 39 de los 83 escaños del Parlamento, apenas por debajo de los 42 que necesitaba para obtener la mayoría absoluta. Hay más curiosidades para este boletín: La vía del partido para alcanzar la mayoría podría pasar por formar una coalición con el espacio de izquierda Alianza Sahra Wagenknecht (BSW), que superó el umbral del 5 % para entrar en el Parlamento. En sus primeras declaraciones Siegmund dijo: “Este es un momento histórico para nuestra hermosa región. La gente ha demostrado con mucha claridad que por fin quiere un cambio político. Y, sobre todo, ha demostrado que lo quiere con nosotros”.
La AfD, considerada “abiertamente prorrusa”, tiene planes para orientar las escuelas y las instituciones culturales hacia valores más tradicionales, frenar la inmigración y reformar la radiodifusión pública. En esa dirección añadió que el resultado electoral dará a su partido el mandato para volver a una “diplomacia sensata” tanto con Rusia como con los Estados Unidos. “Necesitamos a ambos si queremos que Alemania tenga éxito”, dijo.
Otra dirigente de AfD, Alice Weidel, declaró en los primeros minutos tras el cierre de las urnas: “Los alemanes están sencillamente hartos de que se formulen políticas contrarias a los intereses de Alemania. Nos presentamos a las elecciones con el objetivo muy claro de representar los intereses de nuestro país, no los de Ucrania ni los de ningún otro país”.
Kirill Dmitriev, inversor ligado al estado de la Federación de Rusia, publicó en su cuenta de X: “La histórica victoria de la AfD humilla la arrogancia, la estrechez de miras, el belicismo, la ineptitud y la hipocresía de la desacreditada coalición gobernante alemana”. Como contracara, el jefe de Estado Merz indicó “Debo admitir que esta es la peor derrota electoral que ha sufrido la Unión Demócrata Cristiana (CDU) en años, de hecho, en décadas”. Y perfiló lo que viene en materia discursiva: “Cuando la ciudadanía vota por partidos políticos que ponen en tela de juicio las instituciones democráticas y las reglas del juego de nuestro país, entonces no podemos simplemente ignorar ese resultado electoral como si nada hubiera pasado”, añadió.
Todos los partidos mayoritarios han descartado trabajar con la AfD, calificada como “extremista” por los servicios de inteligencia alemanes. Este narrador no descarta que, efectivamente, lo sea, pero necesita precisar que el gobierno alemán se encuentra cuestionado por la mayor parte del planeta debido a su negativa a considerar “genocidio” la acción israelí sobre Gaza y recibe objeciones de la Corte Internacional de Justicia de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) por su envío de armamentos a Ucrania. No resulta vano recordar, asimismo, que la Operación Militar Especial de la Federación en la frontera euroasiática tiene como objetivo defender a la población pro rusa del Donbas y desnazificar la región.
Una persona razonable bien podría preguntarse ¿dónde está la derecha? ¿dónde está la izquierda?
ANTE EL ABISMO. La cuestión alemana se ha complejizado notablemente. Según la cadena de información pública del convulsionado país, ARD, “ahora empezarán a surgir preguntas sobre cómo puede Merz sobrevivir a esta amarga derrota. La verdadera pregunta es cuánto tiempo más durará”.
Con destacados funcionarios del partido realizando frecuentes viajes a Moscú, San Petersburgo y la península de Crimea, el apoyo de la AfD a Rusia no es secreto. El partido se opone a más paquetes de ayuda y defensa para Ucrania y suele referirse a los fondos de defensa destinados a Kiev como dinero que no se invierte en programas para el pueblo alemán. Desde la salida de Angela Merkel de la Cancillería, la economía cayó en picada y las protestas sociales se intensificaron. El diálogo del Estado con los sindicatos se evaporó, abriendo las compuertas para un alza del desempleo y una caída en los ingresos promedio. De allí, además, que la prédica en favor de las deportaciones planteada por AfD resulte adecuada para varias zonas de la opinión pública.
Finalmente, lector; en este período sinuoso, la confusión no solo es inducida desde los grandes medios concentrados. La elección en Sajonia-Anhalt canaliza el malestar ostensible, pero invita a unos cuantos amigos del ayer a pintar svásticas y fustigar extranjeros. También, a presentarse en sociedad con gorritas rojas que proponen Make Germany Great Again.
De todo esto y algo más conversaron, en Kirguistán, Putin y Xi. También se sentaron a dialogar con Narendra Modi, Recep Tayyip Erdogan, Masud Pezeshkian. ¿Se avecina un intercambio de ambos con Donald Trump?
Falta una firma y se pone en marcha Power of Siberia 2. Siempre la energía en debate.
Veremos cómo evoluciona el presente conmocionante que nos toca vivir.
Derecha e izquierda. No deje de reflexionar al respecto.
- Area Periodística Radio Gráfica / Director La Señal Medios / Sindical Federal










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