Por Sebastián Maradei
Durante el miércoles 21 y el jueves 22 de octubre de 2026, la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (FSOC UBA) albergó las Jornadas “Infancias, adolescencias y pantallas: intercambios sobre escenarios y desafíos contemporáneos”, en un encuentro organizado por la Carrera de Ciencias de la Comunicación. Este reunió a docentes, investigadores, graduados y especialistas para discutir el rol de la inteligencia artificial, la soberanía tecnológica, los consumos culturales y la necesidad imperiosa de abandonar las miradas prohibicionistas en favor de un enfoque basado en la promoción y protección integral de derechos.
La masificación de la cultura digital y la incorporación inconsulta de herramientas de inteligencia artificial corporativa en el sistema educativo porteño abrieron el debate sobre la soberanía pedagógica y epistémica.
En este sentido, Mariano Caputo, investigador del Instituto de Investigaciones Gino Germani de la UBA, advirtió durante su intervención en el panel de pedagogías y alfabetizaciones sobre los riesgos de subordinar la educación pública a los intereses de las grandes corporaciones tecnológicas.

Al respecto, el investigador señaló que el propósito oficial es el de “garantizar acceso crítico, situado y con mediación docente a una tecnología que ya forma parte de la vida cotidiana, de las adolescencias y de las infancias, en vez de que ocurra de manera espontánea y sin acompañamiento pedagógico“.
Aunque cuestionó severamente la tercerización de la formación docente a través de capacitaciones corporativas que eluden la discusión epistemológica de fondo.
Profundizando en las implicancias geopolíticas y económicas de estas alianzas estatales con monopolios tecnológicos, Caputo alertó sobre la pérdida de autonomía estatal en el manejo de información sensible.
Con una contundente advertencia sobre el modelo de negocios basado en la extracción masiva de datos, el especialista sostuvo que “meter a Google en el sistema público educativo es poner a una corporación que, a través del uso de su inteligencia artificial, manipulará un conocimiento que supera al del Estado, y que el Estado hoy no tiene capacidad de controlar tampoco“, evidenciando la urgencia de construir una imaginación jurídica y política regulatoria a la altura de los desafíos contemporáneos.
En la misma línea crítica sobre la mercantilización de los saberes educativos, Juan José Isella, docente de la Carrera de Ciencias de la Comunicación de la UBA y profesor del Instituto Superior de Formación Docente N° 29 de Merlo (Provincia de Buenos Aires), reflexionó sobre la necesidad de reorientar el debate hacia una perspectiva humanista.

Isella planteó que es fundamental “pensar las soberanías tecnológicas hacía el humanismo. Y ver la capacitación es simplemente una presentación del producto Gemini asociado a toda la familia de software que tiene Gemini. Entonces ahí, nos están peleando a ver quién nos captura toda la información”.
Asimismo, el docente remarcó el impacto de la desvalorización del rol docente frente a la automatización algorítmica, afirmando que al suprimir la dimensión temporal crítica del aula “se perdió la soberanía de los docentes, porque el aula pasa a ser algo que pasa en el pasado, y no tiene ni presente ni futuro, pues, presente y futuro implica una mirada crítica”.
Abordando las representaciones sociales y los discursos públicos en torno a las infancias y adolescencias frente a las pantallas, María Agustina Sabich —docente de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA e investigadora del CONICET— expuso los hallazgos preliminares de un proyecto de reconocimiento institucional sobre géneros audiovisuales ficcionales.
Sabich analizó cómo el tratamiento informativo hegemónico criminaliza las tecnologías y señaló que “el discurso público de los medios masivos sobre las redes sociales, viene generando como una especie de estado de pánico moral, en donde pone a la sociedad en un estado de amenaza, en un estado de alarma frente a estos usos demonizados de las redes sociales”.
Frente a esto, la investigadora destacó que las investigaciones comparadas demuestran que, “frente a la escasez total de un estado familiar o social, las redes sociales vienen a cumplir funciones sociales y emocionales muy importantes” para los jóvenes.

Por su parte, el trabajo de campo empírico en instituciones educativas de la Ciudad de Buenos Aires —específicamente en la Escuela Secundaria Julio Cortázar del barrio de Flores y en la propia facultad— fue presentado por Rodrigo Manrique, docente de antropología y comunicación de la UBA e investigador del CONICET.
Manrique problematizó el determinismo tecnológico que reduce las prácticas informativas juveniles exclusivamente al consumo algorítmico de los teléfonos celulares, demostrando que existe “un circuito mucho más amplio de mediaciones donde entra las instituciones escolares y la dimensión de la propia vida dentro de esas instituciones, por ejemplo de una escuela secundaria o de una universidad. Tiene que ser una mediación que tenga que ver con el tipo de acceso a las noticias y a la información”.
En el terreno de la producción y circulación cultural, Ana Broitman —titular de la cátedra Elementos y Estructuras de la Expresión Audiovisual de la carrera de Ciencias de la Comunicación— puso el foco en la urgencia de reconstruir lazos comunitarios a través del cine y los formatos audiovisuales compartidos.
Recordando el impacto de programas públicos descontinuados como el Cinemóvil del INCAA y las funciones escolares de DAC, Broitman subrayó la relevancia de la formación de públicos y la exhibición federal.
En su exposición sobre las prácticas pre profesionales impulsadas por su cátedra en centros comunitarios del barrio porteño de Barracas, la docente enfatizó la misión fundamental de “destacar la importancia de generar espacios comunitarios de consumo audiovisual. Acá la importancia es la de generar, participar de las zonas audiovisuales que ya existen y de allí donde no existen preocuparnos por crearlos o por impulsar que existan allí donde se elaboren espacios comunitarios participativos, los cuales promuevan la exhibición audiovisual compartida”.
Entrando de lleno en las estrategias de abordaje estatal, Paula Chinellato —docente de Diseño Estratégico de la Comunicación en Políticas Públicas de la UBA e integrante de LatinLab— sistematizó las lecciones aprendidas de la gestión del programa nacional Clip Derechos (nacido a la luz de la ley de grooming).
Chinellato argumentó con firmeza que el Estado debe superar la visión simplista, punitiva y restrictiva tradicional, postulando que es indispensable “correr la mirada de la prohibición a los niños y a las niñas que utilicen las pantallas. El Estado debe centrar la política pública en el ejercicio de derechos de niños, niñas y adolescentes”.
Para la especialista, dado que para las nuevas generaciones lo virtual es parte constitutiva de su vida real, las políticas públicas deben garantizar autonomía progresiva, participación activa y regulación estricta sobre los modelos de negocio de las empresas privadas.
Finalmente, la bajada territorial de estas políticas de cuidado en los entornos digitales fue ejemplificada por Santiago Algranati, docente de Ciencias de la Comunicación de la UBA y funcionario de la municipalidad de General Las Heras.
Algranati relató la experiencia de articulación intersectorial local inspirada en el programa provincial Cuidamos en Red, destacando cómo el contacto directo con las comunidades escolares transformó los protocolos abstractos en herramientas dinámicas y lúdicas construidas junto a los jóvenes.
Con la convicción de que los equipos estatales deben priorizar el vínculo directo con las realidades barriales, el funcionario concluyó que “lo que tuvimos que aprender fue a escuchar con las herramientas que ya teníamos. Obviamente, recurriendo a cursos de actualización, tratando de comprender algunos fenómenos, pero esa devolución de a qué juegos jugaban, qué redes utilizaban, qué era lo que estaba pasando, nos permitió comprender el mundo digital actual”, consolidando así un espacio de diálogo intergeneracional indispensable para la defensa de los derechos en la era cibernética.










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