Copa del Mundo 2026. Día 15: Ecuador y el triunfo de la fe

Mientras Beccacece y Ecuador derriban gigantes a fuerza de coraje, el Mundial castiga a los amantes de la posesión inútil.

Por Carlos Aira

 

El juego más maravilloso del mundo. Un deporte donde la fe es un actor fundamental y el querer es poder se impone, aunque la prensa especializada y la corriente global de las redes sociales señalen que es imposible. ¿Cómo va a ser imposible? El fútbol siempre le abre una hendija a las hazañas.

¡Los de afuera son de palo!, dijo alguna vez Obdulio Varela a sus compañeros cuando se disponía a sacar del medio para levantar un 0-1, sabiendo que el Maracanazo de 1950 era posible. Sebastián Beccacece y sus dirigidos tuvieron esa misma confianza. En un partido que arrancó cuesta arriba, Ecuador derrotó 2 a 1 a Alemania y sueña con clasificarse como uno de los ocho mejores terceros en la fase de grupos de la Copa del Mundo.

¿Cuál fue la mayor herramienta de Ecuador en la tarde de New Jersey? La fe, ese dinamizador notable de las cosas. Las lágrimas de impotencia luego del incomprensible empate ante Curazao tenían un semblante de eliminación. Sin embargo, apenas finalizado aquel encuentro, el entrenador argentino reunió a los jugadores en el centro del campo y, con determinación, les señaló una realidad: Todavía estamos vivos. Tenemos un partido para revertir la historia.

Los adjetivos son solo eso: adjetivos. Alemania es poderosa, imbatible, eterna, los que siempre ganan; pero también son humanos y derrotables. Un entrenador de cualquier otra latitud puede quedar apabullado ante la catarata de elogios previos y un formato de competencia donde los poderosos ganan y el resto acompaña. Pero un entrenador argentino está formado con un ADN diferente. Acá se compite. Acá los chicos derrotan a los grandes porque tienen fe en la victoria, porque hay rebeldía y coraje. ¿Por qué se buscan técnicos argentinos en todo el continente? Justamente por este detalle, tan poco señalado por relatores y comentaristas, pero muy presente en el día a día.

Según las estadísticas FIFA, Ecuador había generado 27 situaciones de gol en sus partidos ante Costa de Marfil y Curazao. Como señalamos en un enfoque anterior: setenta balcones y ninguna flor, porque el ataque ecuatoriano no había podido concretar. El desafío era destrabar esa sequía goleadora, y enfrente estaba Alemania con todos sus titulares. Una Alemania vestida de azul y celeste que, paradójicamente, nos demuestra que la paleta cromática global del fútbol siempre nos devuelve un acierto de la AFA: el celeste y blanco es innegociable.

Para colmo, Ecuador comenzó el partido cayendo desde el arranque con complicidad arbitral. La jueza Tori Penso cometió un grueso error al no sancionar una clara infracción de Aleksandar Pavlovic sobre Pedro Vite. Acto seguido, Florian Wirtz filtró un balón preciso para que Leroy Sané, con la jerarquía que lo caracteriza, definiera cruzado ante la salida de Hernán Galíndez. ¿Cómo puede ser que el VAR no haya revisado tan clara infracción?

Lejos de caerse ante la injusticia, la Tri revivió gracias a su convicción: apenas a los 9 minutos, igualó el marcador con un golazo descomunal de Nilson Angulo.

Alguno dirá que un equipo ya clasificado no tiene la misma garra que uno que busca la subsistencia. Tal vez sea cierto, pero todo depende de la conciencia de cada deportista. En este caso, los ecuatorianos tenían claro que una victoria no solo significaba la posibilidad de avanzar, sino también una hazaña histórica para su país. Detrás de esa gloria fueron los dirigidos por Beccacece.

A partir del empate, el partido se volvió estratégico. Los germanos tuvieron la bendita posesión del balón moviendo los hilos a través de Joshua Kimmich y Jamal Musiala. Ecuador, en respuesta, ofreció una muralla defensiva liderada por Willian Pacho y Piero Hincapié. Los de amarillo no escatimaron energía; de hecho, el ex Talleres y Alan Franco terminaron amonestados en la primera etapa.

Al inicio del segundo tiempo, la justicia divina (y el VAR) corrigió un penal que la flojísima Tori Penso le había otorgado al equipo germano. Pasado el sofocón, Beccacece movió el tablero con los ingresos de Kevin Rodríguez, Ángelo Preciado y Pervis Estupiñán. Era el momento de ir a ganarlo.

Minuto 77: tras un tiro de esquina y una serie de rebotes que la zaga alemana no logró despejar, el esférico le quedó servido a Gonzalo Plata, quien convirtió, hasta ahora, el gol de su vida.

El festejo fue conmovedor. Beccacece buscó a su familia en la tribuna mientras los alemanes se quedaban sin espíritu de lucha para igualar el encuentro. Ecuador fue el triunfo de la convicción; el que le permitió derrotar a los agoreros del fracaso, a la imbatible Alemania y a una terna arbitral que pareció un rival más.

Cuando se habla de ADN no es por un sentimiento ciego de patriotismo, sino porque hay un componente cultural que marca la diferencia.

“El rock nacional me ayudó muchísimo en estos últimos días porque tiene frases muy potentes. El Ángel de la Soledad no escucha lo que oye, va para adelante. Se prende fuego y siente”, expresó el entrenador en la conferencia, en alusión a la mítica canción del Indio Solari.

Tal vez pocos de los 20 millones de ecuatorianos sepan que hace días Argentina se sumergió en el duelo por la muerte del Indio Solari. Sin embargo, el director técnico —factótum de esta hazaña en nombre de la fe— está profundamente condicionado por esa cultura. Una cultura que lleva en las venas el coraje para las grandes gestas y que, por fortuna, logró trasladarle a sus jugadores para sellar una victoria que se festejó tanto en Quito como en Buenos Aires.

PARTIDOS Y MÁS PARTIDOS

Para Países Bajos, la victoria ante Túnez fue un simple trámite: pasar por ventanilla y cambiar el cheque por goles. Por su parte, Costa de Marfil consiguió meterse en los dieciseisavos de final gracias a los tantos de Nicolas Pépé ante una Curazao que, al menos, se despide del Mundial con el histórico punto sumado frente a Ecuador.

En un choque mucho más intenso, Japón y Suecia igualaron 1 a 1. El resultado dejó el panorama claro para los asiáticos, que serán los rivales de Brasil en la siguiente etapa de la Copa; al mismo tiempo, los escandinavos deberán esperar una combinación de resultados para intentar colarse en el cuadro como uno de los mejores terceros.

Más tarde, Turquía derrotó 3 a 2 a Estados Unidos y se despidió de la competencia con un detalle estadístico muy valorado por los líricos, pero que merece un debate profundo: terminó como el equipo con mayor posesión del balón en toda la Copa. La pregunta es inevitable: ¿para qué querés tanto la pelota si te volvés a casa a la primera de cambio?

Por último, Paraguay y Australia protagonizaron uno de los partidos más aburridos que se recuerden. Ambos salieron al campo con una premisa evidente: ¿para qué arriesgar? Con el empate final, los australianos sellaron su pasaporte a la siguiente ronda. Los guaraníes, en tanto, todavía pagan el precio del 1-4 inicial ante Estados Unidos y quedaron a la expectativa de meterse milagrosamente entre los terceros beneficiados. Cosas de este fútbol moderno, con desempates olímpicos y clasificaciones agónicas por la ventana.

(*) Periodista / Conductor de Abrí la Cancha / Autor de Héroes de Tiento y Héroes en Tiempos Infames.

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