Sumergidos en la etapa eliminatoria de la Copa del Mundo, nos encontramos ante una nueva realidad del fútbol global: un juego homogeneizado. Este fútbol espectáculo es el formato tan requerido por los sponsors y los dueños de las corporaciones deportivas, quienes se preguntan constantemente cómo hacer para que este deporte compita en la franja televisiva global, aun cuando el fútbol jamás tuvo tanto encendido e interés como ahora. El problema es que nos topamos con un juego que conoce un solo lado de la biblioteca: el de la ofensiva, la presión asfixiante y las transiciones veloces. Alguno dirá desde el sofá: «¡Por fin vemos fútbol de ataque!». Otros diremos: «¡Pero qué mal que defienden los equipos!».
Claro, el fútbol defensivo cayó en desgracia. Convengamos que no es sencillo encontrarle valor estético a replegarse para salir de contra, o a saber en qué momento exacto del partido hay que agrupar jugadores para ocupar espacios. Sobre todo hoy, cuando defender es un anatema en las grandes ligas europeas. Hace poco tiempo, un entrenador español señaló que un defensor actual ya no es un ropero lento y programado solo para el rechazo, porque la marca es tan solo una parte de su trabajo; ahora, su principal virtud debe ser el corte y la salida limpia con buen pie.
Son tiempos en los cuales, por ejemplo, en Alemania se preguntan por qué razón no pudieron doblegar a Paraguay. Gustavo Alfaro no solo puso dos colectivos delante de Orlando Gill (dos bloques bajos, para que nos entiendan los modernosos), sino que tuvo la lucidez de recordar que existen momentos diferenciados para defender y para atacar. Hay equipos que, sencillamente, no deben atacar todo el tiempo. La vieja virtud de manejar los ritmos de un partido quedó en desuso bajo la premisa global del vértigo constante.
Existe una realidad insoslayable: ese fútbol de ataque y ritmo frenético es plausible cuando se tienen los jugadores idóneos para ejecutarlo, pero también cuando los rivales permiten ese juego. Sebastián Beccacece es un viejo conocido para todos nosotros: hizo brillar a un Defensa y Justicia subcampeón y condujo a un Racing de excelente pie. Sin embargo, luego del triunfazo ante Alemania, los ecuatorianos enfrentaron a México en un Estadio Azteca convertido en una verdadera caldera. Cualquier entrenador argentino de la vieja escuela hubiera armado un bloque defensivo sólido y un mediocampo rápido pero de buen trato de balón para aguantar los primeros minutos, logrando que la presión del reloj y del público se trasladara a los locales. Beccacece, fiel a su credo, salió a presionar con varios hombres la salida mexicana. El primer gol verde fue producto de esa audacia: una presión alta de Ecuador con seis hombres que, tras una rápida salida mexicana, los dejó completamente desguarnecidos.
¿Acaso está prohibido defender y dormir los tiempos del partido?
Ayer mismo, dos selecciones africanas quedaron fuera de la Copa del Mundo por no saber conservar sus triunfos parciales. Tal vez la República Democrática del Congo lo tenía más complejo ante los ingleses; aun así, en el ADN de los muchachos del ex-Zaire nunca estuvo presente la posibilidad de tocar lateral, dormir la pelota y hacerla partícipe del sueño de los minutos que pasan. Lo de Senegal fue todavía más grave: ganaba 2 a 0 hasta el minuto 40 del segundo tiempo y terminó cayendo 3 a 2 en el último suspiro de la prórroga. La sempiterna ingenuidad táctica de los equipos de esa región hizo de las suyas una vez más.
Es verdad que no existe la fórmula perfecta para el partido cerrado —nadie va al almacén a comprar un producto llamado “cerrar partidos”—, pero el discreto arte de saber defender puede ser hoy una herramienta sumamente eficaz si se cuenta con los intérpretes justos. No es para cualquiera, y hoy quedan muy pocos maestros que lo enseñen. Ya no está en el ADN del jugador globalizado. Y justamente por eso, por su escasez, saber defender se ha convertido en la ventaja competitiva más útil dentro de este fútbol de vértigo frenético y alarmante pobreza defensiva.
Periodista / Conductor de Abrí la Cancha / Autor de Héroes de Tiento y Héroes en Tiempos Infames












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