Por Nehuén Gusmerotti*
¿Qué buena suerte pudo permitir que en estos tiempos tan jodidos encontremos música que nos salve? Son días oscuros para nuestra patria y, como hace algunas décadas, en el rock encontramos refugio y fuego para no aflojar. Eso es La Chancha Muda. Desde siempre una banda de trinchera, de guerrilla. En sus letras ha sabido volcar rabiosamente el canto de un pueblo oprimido pero desobediente. Vaya desafío llegaba con este nuevo disco, sucesor de Quien Autoriza (2023). Con la sociedad fragmentada, triste, sin un rumbo fijo que seguir. ¿Qué puede hacer una banda ante tanto odio y miseria injustificada? La respuesta llega como un rayo de claridad por las hendijas de los infiernos. A Todos Mis Santos, un álbum que condensa en sus doce canciones la esperanza que se sostiene como una llama, el refugio de mirarnos a los ojos como un acto contracultural, la rabia de seguir de pie, aunque estemos asesinados. Sin dudas su mejor producción hasta el momento.
A Todos Mis Santos es el quinto disco de la banda porteña. Llegó a las bateas digitales este 14 de mayo, aunque tuvo una pre escucha a principios del mes en que se pudo disfrutar de todo el disco en una sala teatral y en completa oscuridad. En este nuevo trabajo la banda se aventuró a explorar sonidos nuevos que le dieron al recorrido una versatilidad nueva, es un disco que constantemente está proponiéndonos algo nuevo desde la lírica, la melodía y las intensidades.
En términos técnicos podemos decir que fue producido por Ale Vázquez y Germán Wiedemer, tuvo a Catriel Ciavarella como drum doctor y fue masterizado por Daniel Osorio. Se grabó en Estudios Romaphonic y Estudio Garra a fin de 2025 y principios de 2026. Tuvo varios invitados en cuerdas que iremos repasando y que dieron a varias canciones un vuelo épico fundamental. Pero ahora vamos a las canciones.
Arranca con el que da nombre al disco, “A Todos Mis Santos”. Las primeras notas de la guitarra ya nos sacan del lugar conocido, entra en el salón como un rayo de luz que expulsa toda la oscuridad. Es un tema esperanzador que abandona la lucha por unos minutos para mirar al costado y refugiarse en quien tenemos más cerca. Otra de las temáticas que atraviesa este momento de la banda es la ternura y el cobijo. “Agradezco tenerte acá a mi lado”, reza Gonzalo Pascual mientras repasa las malas que pueden rodear este presente. “Cosecharemos” sigue en la misma línea, es un himno popular al estilo “Himno de mi Corazón”. Una especie de balada, como una caricia con una mano áspera que dice que no todo está perdido. En “La Última” volvemos al conocido rapeo de Pascual que prende la mecha del combate nuevamente. “Susurra la voz del fuego que llevamos dentro, escúchala” nos pide la banda como una última batalla contra los malnacidos que nos tienen aprisionados. Los vientos detrás acompañan como una marcha militar al frente.
“Tsunamis” es una canción con un estribillo pegadizo y melódico, de esas de encendedor y ojos cerrados. “Nadie nos viene a rescatar” se lamenta Pascual en una letra con un tinte más melancólico. Llega “He Visto”, único corte del álbum, con una esencia bien clásica, rabiosa, con vientos de vodevil y el canto en forma de prosa rapeada. En este tema la banda parece mirarse a sí misma y su propio recorrido en un momento de introspección y confesión descarnada. Esta canción va preparando el terreno para lo que puede ser el climax del disco por diferencia. “La Canción Sagrada” arranca como un blues con reminiscencias tangueras. Con las cuerdas invitadas de Paula Pomeraniec (cello), Alex Musatov (violín), Matías Romero (violín) e Ignacio Gobbi (viola), la imagen se va ampliando ante nuestros ojos, como una gran cámara de columnas majestuosas. Por momentos la armonía que se genera alrededor de la banda nos recuerda a Pink Floyd en Pompeya, cuasi progresivo. Y si este himno no tenía suficiente, tras una breve pausa se entremezclan pinceladas de violines con uno de los solos más impresionantes que dio la carrera de la banda y que eleva la canción a instancias de grandeza. Se ramifican guitarras y cuerdas invitadas hasta cerrar lo que podemos imaginar como el fin de un hipotético lado A del disco. Éxtasis total.
El “Lado B” empieza con un rocanrol con toques punk, “Cuchillo”. Agresiva, veloz, nos vuelve a bajar a tierra y a La Chancha Muda que conocemos. Pascual, irreverente, se planta de nuevo y canta “Soy el filo de mis dientes”, con plena consciencia del peligro que cargan sus letras. “Nos a Caer” tiene a los vientos como protagonistas y eje del relato, más oscura y solemne que su predecesora. En “Alteraciones” la banda baja mil revoluciones y se sienta frente a un fuego a repensar cómo se sale de un momento como este. Pascual parece hablar directamente con la fe en la pelea, con alguno de sus santos, compartiendo las penas de años de combate. Es triste y esperanzador, una balada que nos dice “Que uno mismo si no cambia se oxida” y también que la gloria hay que celebrarla. Otro gran aporte de las violas de Bisio y Fassa. Párrafo a destacar, a lo largo de todo el álbum, es la producción de guitarras que da un salto de jerarquía respecto de sus discos anteriores.
En el último cuarto del disco aparece “Refucilo”. Riffero con guitarras a lo Beilinson tirando arreglos luminosos y protagonistas. En la letra hay una declaración de principios y no apto para tibiezas. “Siempre dejar la piel y el fuego alimentar, ser viento” escupen los versos en el ocaso del álbum. “Fábulas” tiene un sonido familiar, aunque cobra una identidad grandilocuente con unos vientos orquestales y las cuerdas invitadas que nos vuelven a recordar al Floyd de la época de Barret. Cuenta con Catriel Ciavarella en los parches como invitado, sumando ese golpe de martillo sobre el yunque, dándole una potencia que se corta abruptamente al sonido de una especie de caja musical que podría haber terminado el trayecto. Pero cuando parece que la obra se ha terminado se vuelve a abrir el telón y los vientos dan lugar a “Inquieto” y un canto contra la hiperconectividad. “Mirarte a los ojos se ha vuelto fundamental” dice Pascual en un tema con aires a “Bicho Raro”, pero más circense. La obra termina al grito de “Contracultural”, como mucho de lo que rodea a la banda.
Así cierra este nuevo trabajo de La Chancha Muda, que será llevado al vivo el próximo 13 de junio en Flores y que tiene varias canciones que ya están vestidas de himnos y hits del grupo. Una obra incendiaria y amorosa al mismo tiempo, urgente en una época de desinterés y apatía generalizada. La banda logra en doce canciones llevarnos a la guerra con la ternura de los revolucionarios, recordándonos por qué vale la pena mantener vivo el fuego en esta oscuridad. ¿Qué puede hacer una banda ante tanto odio irracional? Recordarnos que, pese a todo, conquistaremos el cielo que nos han negado.
(*) Conductor de Resistiendo con Ideas (Lunes a viernes de 20 a 21 horas)











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