Por Hugo Bruera (G.R)
Al abordar la vida de este ilustre General, resulta necesario comenzar por el final con el objeto de destacar un error histórico ampliamente difundido en las redes sociales. Juan Pistarini no murió en la cárcel de Ushuaia sino en el Hospital Militar Central, a causa de un ataque cardíaco, por supuesto, censurado y agobiado por el hostigamiento de la dictadura de Aramburu
Aún surge la duda sobre si llegó a estar preso en aquel penal, en razón de que el mismo había sido clausurado definitivamente el 21 de marzo de 1947, por decreto del presidente Juan Domingo Perón, atendiendo a razones humanitarias derivadas de las duras condiciones de vida y de la modernización del sistema penitenciario. Es decir, nueve años antes del fallecimiento de Juan Pistarini.
Sin embargo, varios escritos afirman categóricamente que el penal, ya en manos del Ministerio de Marina, fue reabierto un tiempo, por la revolución libertadora en 1955 y que entre algunos sindicalistas y funcionarios detenidos, habría estado el General Pistarini. La ausencia de datos oficiales, puede ser claramente atribuida a que la reapertura de la prisión por una decisión de facto de la dictadura, careció de ley o decreto alguno.
Procuro entonces reclamar a docentes e investigadores de nuestra historia, pampeanos y en especial victoriquenses, que exploren la vida y obra de uno de los principales hacedores de nuestra Nación, nacido en su propia tierra. No lo planteo como una mera sugerencia, sino como una convicción firme de que es un deber académico y patriótico rescatar y sobre todo difundir la obra de una figura injustamente descuidada por la historiografía de nuestro País.
Sobre sus orígenes e itinerario profesional, puede hallarse información interesante en su legajo militar, resguardado en dos lugares: en el Archivo General del Ejército y en la copia que, hace algunos años, remití a la Municipalidad de Victorica, La Pampa, su ciudad natal; documento que constituye una valiosa fuente, que seguramente estará disponible a la consulta pública.
Asimismo estimulo, al peronismo pampeano a exaltar debidamente a Juan Pistarini, quien desde el Ministerio de Obras públicas, demostró entrega y lealtad inquebrantable hacia el gobierno del presidente Perón y sobre todo, hacia el pueblo argentino. Su gestión en obras públicas se orientó a las verdaderas necesidades de la Argentina invisible, referidas a educación, salud y vivienda digna para las familias
Era hijo de inmigrantes piamonteses, Luisa Pedemonte y Carlos Pistarini. Su padre era carretero, o sea encargado de conducir las carretas de bueyes que acompañaban y abastecían a la tropa, transportando armamento, municiones, provisiones y agua a través de territorios inhóspitos, en el proceso de colonización de la Patagonia, que abarcó de 1878 a 1885. En 1882, a pocos meses que el Coronel Ernesto Rodriguez fundara Victorica, en la precariedad natural de la situación, nacía Juan Pistarini, quizás uno de los primeros natalicios a partir de la transformación del Fortín Resina y Los Pisaderos, en pueblo.
Engresó del Colegio Militar de la Nación, lugar de donde surgieron otros prestigiosos emprendedores nacionales, entre ellos Savio, Mosconi, (También hijos de inmigrantes italianos) y Perón entre los más nombrados. Su capacidad intelectual determinó que el Ejército lo enviara a estudiar a Europa, de donde volvió con el título de Ingeniero civil. Como Comandante de Ingenieros y en Campo de Mayo, hizo plantar un millón de árboles.
La efectiva presencia del Ejército en la vida institucional del País, lo tuvo como integrante del GOU (Grupo de oficiales Unidos) y de la revolución del 43. Había sido ministro de obras públicas del presidente constitucional Agustín Justo y volvió a serlo de los de facto, Ramirez y Farell, con quien ejerció como vicepresidente sin abandonar el cargo anterior.
Durante primer gobierno de Perón, fue cuando desde el ministerio desplegó su monumental tarea, cuya enumeración resulta tediosa por su vastedad.
Impulsó la construcción de miles de kilómetros de rutas, 10.000 escuelas, 1.000 institutos secundarios y terciarios, la mayoría de los cuarteles del Ejército con viviendas para suboficiales, hoteles de turismo populares, así como los balnearios y barrios al estilo californiano, con los que saldó un déficit de 650.00 unidades. Hospitales, hogares escuela, edificios públicos como los del del Ministerio de Obras Pública, Vialidad Nacional y Obras Sanitarias, entre otros. Cada obra mencionada, al estudiarla en particular, permite descubrir cosas asombrosas referidas al bienestar del pueblo.
Desarrolló una flota fluvial que fue la cuarta en el mundo, por supuesto levantó el aeropuerto que a pedido de los obreros lleva su nombre y la autopista que lo conecta con la Capital. “El obrero come llueva o no llueva”, fue su frase al derogar la ley que disponía que el trabajador cobraba estrictamente los días que trabajaba. Le decían el hacedor y Evita lo llamó “el corazón de Perón”.
Es importante aquí resaltar que aunque apenas vivió sus tres primerio años en Victorica, desde la gestión pública marcó un fuerte compromiso con la educación y el desarrollo del pueblo natal, e incluyó dentro de su ambicioso plan de obras sanitarias la nueva construcción del Hospital local, al que puso el nombre de su madre, Luisa Pedemonte de Pistarini. También aportó los fondos del Ministerio, para la edificación de los nuevos edificios de la de la Escuela Nacional Nro7, (En la manzana frente a la plaza principal), bajo los lineamientos de infraestructura del Primer Plan Quinquenal. Por otra parte, fue el responsable directo de la inauguración en 1952 de la importante Escuela de Agricultura y Ganadería, hoy Escuela Agrotécnica Florencio E. Peirone.
Su gestión, culminó con la primera presidencia de Perón, pero su afecto lo mantuvo ligado al líder. El bombardeo de la Plaza de Mayo en junio del 55, lo impulsó a dirigirse prestamente a la casa rosada para acompañar y proteger al presidente, quien ya había sido evacuado por el General Lucero al edificio del Ejército. Pero a su llegada fue herido por una esquirla en la pierna, que influyó en su estado de salud posterior.
Lo que siguió fueron persecuciones a su familia, desprecios indignantes, supresión de haberes de retiro, inhibición de sus bienes y así fue como el mayor generador de viviendas para los argentinos, de nuestra historia, falleció sin casa propia. Su pecado, haber sido demasiado colaborador de Perón y sobre todo leal con su pueblo.
Un martes 29 de mayo de 1956, día del Ejército Argentino, a los 74 años de edad, su alma se elevaba al cielo de los grandes hombres. Nuestra obligación, estudiarlo y venerarlo como ejemplo para los futuros “hacedores” de nuestra Patria”.











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