Por Úrsula Asta desde Teherán
El funeral del líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jameneí, asesinado el 28 de febrero durante la agresión israelí-estadounidense contra la nación persa, se desarrolla con una serie de ceremonias fúnebres. Se esperan, sólo en Teherán, 20 millones de personas.
Los actos dieron inicio con velatorios en el Gran Mosalá de Teherán. El viernes 3 de julio, el turno de las delegaciones internacionales. Los días 4 y 5 de julio, millones de personas inundan las calles de Teherán para despedirlo. El 6 de julio, se realiza una procesión fúnebre en la capital. Una procesión adicional se lleva a cabo en la ciudad de Qom el 7 de julio, culminando con la ceremonia de entierro final el 9 de julio en la ciudad de Mashad donde será sepultado en el santuario del Imán Reza. Aunque también habrá ceremonias en Irak.

Jameneí y el martirio
El martirio de Alí Jameneí tiene una enorme importancia política, religiosa y geopolítica. Un mártir es quien muere defendiendo la fe o una causa justa. Esto coloca a Jameneí en una tradición simbólica de profunda espiritualidad para su pueblo. Representa la máxima demostración de compromiso.
Subyace ante esto que la movilización popular de millones de iraníes en este funeral funciona como respuesta directa al cálculo estratégico de los agresores, que apostaron a que la muerte de Jamenei fracturaría al Estado iraní. Esto es una demostración de cohesión nacional frente a la presión externa y el funeral no debería ser únicamente interpretado como un acto de despedida, sino como una expresión política y geopolítica, que refuerza la idea de que la eliminación de un líder no necesariamente provoca el colapso del Estado ni de sus estructuras de poder. Por el contrario, produjo repulsión al injerencismo.
Alí Jameneí fue el líder supremo de Irán desde 1989 hasta su muerte en febrero de 2026. Era la máxima autoridad política, militar y religiosa de la República Islámica y participó activamente en la revolución iraní de 1979.Antes de convertirse en líder supremo fue presidente de Irán entre 1981 y 1989.
Pensamiento de Jameneí y las delegaciones
El portavoz de la Cancillería iraní, Esmail Baghaei, declaró este jueves que los países que apoyaron la agresión israelí-estadounidense en su contra no fueron invitados al funeral. La ausencia de delegaciones europeas, decisión explícita de la cancillería iraní, abona en la lectura de ser esta una aplicación directa de la doctrina antihegemónica que Jameneí sostuvo hasta su muerte.
Desde esta visión, esta doctrina se asienta en políticas destinadas a fortalecer la autonomía estratégica del país. Nos referimos a la sustitución de importaciones forzosa por las sanciones, y con ello al desarrollo tecnológico propio, a la expansión de la industria nacional, que se observa aquí desde autos, hasta heladeras o producción farmacéutica. Además, al fortalecimiento de capacidades defensivas, a la diversificación de socios comerciales y profundización de vínculos con Asia y otros actores del Sur Global. Acciones que reducen la dependencia de los centros tradicionales de poder.
Su asesinato ocurre en el marco de una guerra que agravó las sanciones económicas contra Irán, el mismo sistema de presión que Jameneí identificaba como brazo financiero del imperialismo mundial, con grandes corporaciones financieras como la pata económica del sistema de dominación mundial. De esta manera, la presión política se ejerce mediante sanciones económicas, restricciones comerciales y limitaciones al acceso al sistema financiero global. Todos ellos, aspectos que buscan condicionar decisiones soberanas de los Estados.
La composición de las delegaciones presentes en Teherán, con fuerte presencia asiática y ausencia europea, refleja de manera visible la estrategia de la mirada al Este que Jameneí consolidó en las últimas dos décadas. De nuevo, esto respondería a la búsqueda de un orden internacional multipolar. Por tanto, el fortalecimiento de relaciones con potencias asiáticas permitiría reducir la dependencia económica y diplomática respecto de Occidente, ampliando mercados, inversiones y mecanismos alternativos de cooperación.
En igual medida, la presencia del secretario general de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) y de representantes de la Organización de Cooperación Económica (ECO) entre los asistentes al funeral confirma el peso que él otorgaba a las instituciones que alientan el multipolarismo. Esto implica mayor margen de maniobra diplomática y económica frente a las sanciones occidentales y, aunque estas organizaciones no sustituyen completamente los mercados financieros globales, contribuyen a diversificar el comercio y fortalecer alianzas estratégicas.

Negociación vs sometimiento y la hostilidad estructural
Las negociaciones indirectas entre Washington y Teherán, suspendidas durante la semana del funeral y previstas para retomarse en Doha, ponen a prueba la distinción doctrinal que el ayatolá trazaba entre negociación y sumisión. Una diferencia estructural entre ambas que se aplica hoy ante el Memorando de Entendimento de Islamabad. Así negociar no significaría renunciar a los principios nacionales, sino utilizar la diplomacia para defender intereses propios desde una posición de igualdad. La diferencia con la sumisión radicaría en que cualquier acuerdo solo sería aceptable si preserva la soberanía, la independencia política y la capacidad de decisión del Estado, evitando condiciones percibidas como impuestas unilateralmente.
La desconfianza hacia Estados Unidos e Israel es un elemento constitutivo de la diplomacia persa, por lo que posiblemente los acuerdos diplomáticos pueden reducir tensiones puntuales, pero no eliminan diferencias profundas; todas ellas relacionadas con la soberanía, la seguridad, el equilibrio regional y la disputa geopolítica. Ningún acuerdo eliminará la condición de hostilidad de las potencias militares agresoras mientras Irán mantenga soberanía plena sobre su desarrollo de defensa.
Debemos levantarnos
Cada noche, desde el 29 de febrero, el día siguiente al ataque estadounidense israelí, las plazas de las ciudades de Irán son lugares de congregación. Llevan más de 120 días realizando. Durante las primeras semanas, bajo los bombardeos. Por estos días, aún con un entendimiento firmado. Con banderas iraníes y pancartas, lloran a su líder y refuerzan su intención de luchar hasta vencer. En las horas que recorrieron los días previos al funeral eso no mermó. Ahora se suman en las calles grupos con banderas y mantas que ya se congregan a lo largo de las calles adornadas con pancartas que muestran el puño rojo, símbolo del funeral, junto con el lema: «Debemos levantarnos». En la Plaza de la Revolución, se instala una estatua gigante de un puño cerrado. En las veredas, las personas disponen espacios para dar agua y comida que preparan los días anteriores en gran cantidad.











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