Por Carlos Aira
“¡Vamo´… vamo´ arriba la Celeste! ¡Vamo´ / la de ayer y la de hoy”. La voz de Jaime Roos es profunda y contagiosa. Lo dijo el Negro Jefe: los de afuera son de palo. Los de ayer están jalonados de gloria, ¿pero qué pasa con los orientales de hoy? Uruguay camina con su antaña gloria a cuestas, esa que reverdeció para sorpresa del mundo en Sudáfrica. El milagro de los cracks. El mito de las cuatro estrellas que llevan casi un siglo brillando, pero que difícilmente puedan sumar alguna más al firmamento oriental. En este momento del fútbol uruguayo, me sale la prosa de Ricardo Iorio para encontrar la encrucijada: oxidarse o resistir.
¿Es un tema de jugadores o de estructura? En el fútbol oriental siguen surgiendo valores de notable calidad. Aunque, en algunos casos, parecen más productos de mercado que jugadores con el coraje y la determinación que siempre fueron el sello histórico charrúa. En la noche de Miami, Cabo Verde volvió a vestir su ropa de Cenicienta y logró otro empate impensado. Tan impensado como sorprendente, porque Uruguay convirtió los cuatro goles de la noche: los dos propios para dar vuelta el partido al cierre de la primera etapa, y los dos caboverdianos. Porque si no hubiera una barrera abierta —donde cabe preguntarse qué pasó con el coraje o si le tienen miedo a la pelota— o una acción indescifrable como un lateral en campo rival jugado hacia atrás, un pase mal dado y un arquero que salió lejísimos, Cabo Verde jamás hubiera tenido las herramientas para convertir.
¡Pobre Uruguay! Es nuestro clásico de toda la vida, el Clásico del Río de la Plata. Hemos protagonizado batallas épicas, pero hasta esos combates corren el riesgo de quedar encerrados en hermosos libros de historia. Hoy se golpea con dureza a Marcelo Bielsa. Al rosarino se le pega por diversas cuitas sueltas: desde aquellos que lo atacan por sus dignos posicionamientos a contramano de la marea, hasta los que lo cuestionan porque su filosofía de juego les resulta ajena, sin olvidar a los que todavía no pudieron superar la tristeza de Japón 2002. A sus 71 años, todo el mundo del fútbol sabe perfectamente qué puede dar un equipo de Bielsa. El problema uruguayo, en realidad, es mucho más profundo.
El bipartidismo Peñarol-Nacional ya no alcanza en un fútbol local sin competencia ni proyección internacional, donde los clubes orientales han quedado sumergidos en la mediocridad continental de la Libertadores y la Sudamericana. Los gurises que juegan bien siguen surgiendo, ¡algunos hasta llegan al Real Madrid!, pero eso ya no alcanza. La estructura del fútbol uruguayo necesita una inversión económica urgente que permita refundar sus bases.
La Copa del Mundo es un mes de atracción mundial. Alguno podrá ensayar un enfoque cortoplacista y de circunstancia, diciendo que la Celeste no pudo superar a un combinado de muchachos que en su mayoría ni siquiera nació en el país que representa. Pero la verdad es que el fútbol uruguayo necesita afianzar sus cimientos, una tarea titánica cuando en su idiosincrasia la planificación jamás existió. Ahora a la Celeste le queda una patriada grande: derrotar a España. Un empate la mantendría en carrera, pero dependiendo del resultado de Arabia contra Cabo Verde. ¡Vamo´ arriba la Celeste!, pero la de hoy. La de ayer ya la conocemos, y está llena de gloria, pero es de palo, como decía el Negro Jefe.
ESPAÑA, AL GALOPE
Luego de las dudas ante Cabo Verde, España hizo lo que tenía que hacer y goleó 4 a 0 a Arabia Saudita. La Roja liquidó el partido antes de la primera pausa de hidratación, con los goles de Lamine Yamal y Mikel Oyarzabal en dos oportunidades. En la segunda etapa, en una carambola, Al Tambakti batió su propia meta. Se notó que España salió al campo de juego con su orgullo tocado luego de las críticas generadas por el empate inicial. No dejó dudas y ratificó esa chapa de candidato que el propio Luis de la Fuente reafirma en cada conferencia de prensa. ¿Es la vara alta o una realidad? Un equipo que va para campeón tiene que tener el coraje de señalar públicamente que es candidato al título, algo que nadie desconoce. En nuestro país, una actitud como la del entrenador español sería, cuanto menos, arriesgada.
Ante los árabes, España dejó en claro su potencia ofensiva. Los goles de La Cabra Oyarzabal y la presencia estelar de Yamal marcaron el ritmo de un partido donde la diferencia pudo haber sido todavía mayor. El arquero saudí evitó nuevos festejos de Cucurella y Porro, mientras que Ferrán Torres convirtió sobre el final, aunque la acción fue invalidada por posición adelantada.
¿Cuál es la verdadera España? ¿La de Cabo Verde o la de Arabia? El destino ha querido que los caminos se crucen en un duelo definitivo. Veremos si este Uruguay en crisis de identidad es un parámetro real para saber dónde está parada la selección que, supuestamente, es la mejor del mundo.
¡QUÉ PENA, IRAN!
Alguna vez lo analizamos con Nehuén Ríos en Abrí la Cancha: por más que uno se pare imparcial y meridiano, en una competencia deportiva de a dos, por alguna razón, va a cinchar por alguno de los contendientes. Esa elección puede deslizarse por cuestiones triviales, como el color de la vestimenta o algún nombre que recuerde algo, pero el favoritismo siempre está presente. No lo voy a negar: entre Irán y Bélgica tenía ganas de que los persas se llevaran los tres puntos. No pudo ser en un partido intenso, de área a área y no exento de polémica, donde el neuquino Darío Herrera le anuló un tanto a Irán a instancias del VAR.
La jugada de la discordia se presentó al minuto 25, cuando Irán sorprendió a Bélgica con una acción preparada a balón parado. En lugar de enviar el clásico centro al área, el cobro fue raso y encontró a Mehdi Taremi dentro de la zona de peligro. El delantero definió con gran calidad ante Thibaut Courtois y desató la celebración iraní. Sin embargo, Herrera recibió la recomendación de revisar la acción y, tras el análisis en las pantallas, el tanto fue invalidado por posición adelantada. ¿Cuál sería la polémica entonces? Que días atrás, en el encuentro entre Estados Unidos y Australia, a los locales les convalidaron un gol en una jugada calcada a la que determinó la frustración del seleccionado iraní.
EGIPTO Y UN SEGUNDO TIEMPO A PURO FUTBOL
El fútbol es un juego apasionante. Tan apasionante que, en los primeros 45 minutos, Nueva Zelanda —un equipo limitado, rústico, que hace gala de una gran fortaleza física— se fue al descanso derrotando 1-0 a Egipto. Sin embargo, en la segunda etapa, los africanos desplegaron un fútbol de alto vuelo y dieron vuelta la tortilla. Vencieron 3 a 1 con un Mohamed Salah en gran nivel y un número 11 con reminiscencias sudamericanas; no solo porque se hace llamar Zico, como aquel inmenso crack brasileño de los años 80, sino porque su juego se asemeja al que sabemos disfrutar en este rincón del mundo.
Párrafo aparte para un detalle de las transmisiones argentinas: aflojen con Tim Payne. Entendemos que sus cinco millones de seguidores en Instagram son un imán de atracción y que nombrarlo genera interés, pero ya aburren. Sobre todo porque, en el verde césped, como diría Ángel Labruna, no es más que un discreto lateral derecho.
(*) Periodista / Conductor de Abrí la Cancha / Autor de Héroes de Tiento y Héroes en Tiempos Infames.












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