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La noche en que Brasil le dijo que no a Trump (y cambió el internet para siempre)

Cayó la moratoria que impedía poner tarifas a las transmisiones electrónicas.

1 abril, 2026
en Mundo, Soberanía
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La noche en que Brasil le dijo que no a Trump (y cambió el internet para siempre)

Por Sofia Scasserra*,  desde Camerún

El pasado 1º de abril fue un día más, como cualquier otro. Pero ese día algo cambió. Algo que no había cambiado hace 28 años. Algo que puede parecer pequeño pero que tiene consecuencias enormes en la geopolítica, la economía y la sociedad digital de nuestros tiempos: la moratoria tarifaria a las transmisiones electrónicas se terminó. Y su análisis es tan complejo, que merece un texto de reflexión.

 

Su historia

Era el año 1998, todavía no teníamos teléfonos inteligentes, pero las empresas de tecnología ya sabían que en el futuro, si algo iba a tener valor eran los datos. En aquel momento empujaron, a través del gobierno de los EEUU, la “moratoria”: un nombre muy técnico y aburrido para decir, básicamente significa que bajar y subir datos a internet iba a estar libre de aranceles. Es decir, desde ese momento, cada vez que vemos una película en Netflix, vemos un video en YouTube, escuchamos una canción en Spotify o jugamos un video juego en Nintendo, puede tener impuestos internos al consumo, pero no tarifas. Esto es una diferencia fundamental. Mientras que los impuestos al consumo los paga el consumidor, las tarifas las pagan las empresas y luego deciden bajo estrategia comercial si trasladan ese impuesto al consumidor o no. Además las pagan solamente las empresas extranjeras, no las locales. Por lo que un sistema tarifario alienta las industrias locales digitales y la localización de datos dentro de las fronteras, entre otras externalidades.

Esto no era posible porque existía “la moratoria”. Dicha norma se renovaba cada 2 años junto con otra que se llama “la moratoria de las no violaciones al acuerdo de propiedad intelectual”, una moratoria que permitía a los países tomarse ciertas licencias en términos de propiedad intelectual sin ser demandados. Esto permitía la producción de medicamentos genéricos, y fue, entre otras cosas, lo que permitió a la industria de IA poder entrenar modelos con información que no le era propia. Ambas moratorias se renovaban cada dos años de forma cuasi automática, sin demasiada negociación ni objeción. Los que veníamos trabajando estos temas veíamos con desesperación cómo los países regalaban año tras año la moratoria sin dudar ni un minuto. Hablábamos de pérdida de ingresos, de industrias digitales, de soberanía, de redistribución de ingreso. Nada parecía conmover a los estados.

Lo cierto es que hace 28 años la industria digital mostró que puede generar una desigualdad gigantesca: mientras que las empresas de tecnología tienen una capitalización de mercado jamás vista, el resto del mundo parece no estar disfrutando de ingresos gigantescos producto de las industrias digitales. Y los impuestos son la mayor herramienta de política pública para redistribuir ingresos en el mundo.

Mientras las naciones del mundo sufren por los paraísos fiscales y la pérdida de ingresos, las empresas más ricas del mundo son las que menos impuestos pagan. Las Grandes Tecnológicas forman parte de ese privilegio. ¿Cómo es posible que tantos bienes intangibles, como la electricidad, paguen aranceles y retenciones, pero los datos, el bien más preciado de la economía hoy por hoy, no lo haga? Parece injusto, y lo era.

 

El comisario de Comercio de la UE, Maros Sefcovic  habla en la conferencia ministerial de la OMC, el 28 de marzo de 2026 en Yaundé, la capital camerunesa © – / AFP/Archivos

 

Qué pasó

Ya en los últimos años, veníamos viendo que cada vez más países se sumaban a expresar sus dudas respecto de renovar la moratoria. Evidentemente la economía digital y la IA tomaban relevancia, y los países notaban que había que redefinir el alcance de la moratoria, qué incluía, y si era necesario renovarla. EEUU se negaba a negociarlo. Ya en la Reunión Ministerial de la OMC en Abu Dhabi en 2024, 8 países se opusieron a renovarla. Aun  así hubo negociación y se renovó sin demasiado problema.

Pero esta vez fue distinto. EEUU entró a la sala con una clara intención: lograr que se renueve la moratoria de forma permanente, sin estar atada de igual manera a la renovación permanente de la moratoria de propiedad intelectual. Es decir, hacerle un favor a las Big Tech y a las Farmacéuticas, todo a la vez. Durante los meses previos EEUU se encargó de juntar adeptos: en muchos de los acuerdos comerciales que firmó la administración de Donald Trump ya se incluía una cláusula donde el país firmante se comprometía a acompañar la posición norteamericana en la OMC. Una especie de acuerdo de no oponerse en el futuro a sus intereses.

Llegó el día de la sesión en la OMC y el resultado fue contundente: 46 países expresaron su apoyo a la postura norteamericana, 57 países apoyaron extender ambas moratorias por dos años (como era la práctica habitual), 6 apoyaron renovarla por 4 años y 16 países expresaron que estaban dispuestos a negociar pero bajo ningún concepto una moratoria permanente. Es decir, los planes de Trump parecían fracasar.

Aun así, al otro día, se vislumbraba un acuerdo a 5 años que iba a ser posible. De a poco los países cedían y EEUU se iba sin lograr lo que quería pero contento con el resultado. Pero Brasil se opuso. O más bien corrijamos el término: no se opuso, sino que vio una ventana de oportunidad para lograr otras cosas. Es decir, si el gigante quiere algo que yo tengo, no se lo doy gratis, se lo doy a cambio de otra cosa que yo quiero. Brasil pidió concesiones en agricultura que necesitaba para su agroindustria a cambio de firmar una moratoria por 2 años y ahí explotó todo. EEUU dijo que a 5 años o nada. Ningún acuerdo en la OMC. Básicamente se puso en la postura de un niño llorando por una caja de cereal en el supermercado: o lo que yo quiero o nada para nadie.

Las negociaciones siguieron hasta la madrugada pero ni hubo caso. Brasil sostuvo su postura y todos se fueron a casa sin nada, dejando caer por primera vez una moratoria que tenía 28 años de existencia.

 

Ganadores y perdedores de la noche

Empecemos con los perdedores:

  • Las Big tech: por años operaron con inmunidad tanto en términos de propiedad intelectual como de impuestos. Hoy ya no es más así. Hoy los estados pueden tener lugar políticas para exigirles que dejen de utilizar información que no es suya, que paguen impuestos en frontera si quieren ingresar a sus mercados y cumplir su ley. Nos hacen falta estados que quieran hacerlo.
  • La directora general de la OMC: durante años apoyó a EEUU en sus decisiones, promovió su agenda de negociación y bloqueó toda participación de los países en vías de desarrollo a través de lo que en la jerga se hace llamar “habitaciones verdes”, básicamente mesas de negociaciones elegidas a dedo por ella donde se cocinan los textos que luego dan a los países menos desarrollados para que firmen sin cambiar una coma. La directora general quiso que EEUU se vaya feliz y terminó teniendo la peor Reunión Ministerial en muchos años, sin ninguna negociación cerrada. En su propio continente, se llevó un trago amargo difícil de tragar.
  • La OMC como institución: Una vez más sigue sin darle respuesta ni a países desarrollados ni a países en vías de desarrollo. Las desigualdades estructurales de sus normas nunca fueron subsanadas en la Ronda de Doha y ese elefante en la sala se hizo notar. Un nuevo Seattle se cocinó en los pasillos de Yaundé, sin protestas debido a la represión del gobierno que no permitió siquiera sostener banners en la puerta, pero con un colapso institucional similar al que tuvo que soportar Pascal Lamy en su famoso discurso donde anuncia que no tiene sentido seguir en la sala.

Los que tienen resultados ambiguos:

  • EEUU: claramente podría ser interpretado como una derrota si no fuera porque el país quiere destruir la OMC hace años. No le sirve una institución donde China tiene cada vez más peso junto con los otros países pertenecientes al BRICS, y por ese motivo hace tiempo intenta sabotear las negociaciones. Si bien el berrinche de Trump y el haberse ido sin nada es claramente una muestra de un poder declinante que no logra consensos para seguir ganando, también es cierto que esta fue su intención desde el principio.
  • Los países en vías de desarrollo: si bien lograron un espacio significativo para la política pública y para “extorsionar” a USA para obtener concesiones a futuro, también perdieron la moratoria de propiedad intelectual, lo que puede complicar la producción de medicamentos genéricos que tantas vidas salvan alrededor del mundo. No consiguieron acuerdos en agricultura, ni en la reforma de la OMC ni en ninguna otra agenda. Se fueron con las manos vacías, pero sí con más espacio para una política pública que si no hacemos trabajo de darla a conocer, difícilmente vayan a utilizarla.

Los ganadores:

  • China: cada vez más tiene lugar para construir una OMC a su imagen y semejanza, mostrándose como un nuevo superlíder con voluntad de negociación, sin generar conflictos ni quiebres, buscando consensos. Esto lo posiciona bien en esta era y en la batalla digital.
  • Brasil: Una vez más demostró que puede cuando quiere. Que tiene la fuerza de un gigante y que no está dispuesto a rendirse. Ya se había plantado frente a Elon Musk en el conflicto con Twitter. Hoy vuelve a pelearse contra los intereses de las Big Tech, y no dio el brazo a torcer.
  • La sociedad civil organizada: Existe una red llamada OWINFS (Our World Is Not For Sale) que viene diciendo “shrink or sink” (encógete o húndete) a la OMC desde Seattle. Esta red, que viene peleando por un sistema de comercio justo, estuvo presente en Yaundé, acompañando a delegados y negociadores con capacidad técnica, empujando hasta el último momento para que las demandas del Sur global se oyeran. No fue su victoria — fue la de los países que se plantaron. Pero sin ese trabajo de hormiga acumulado durante años, difícilmente hubiera habido delegados con los argumentos y la convicción para sostenerse. La OMC dejó de expandirse. El resultado va en esa dirección.

 

La directora general de la Organización Mundial del Comercio, Ngozi Okonjo-Iweala, toma la palabra en la conferencia ministerial en Yaundé el 26 de marzo de 2026 © – / AFP

Qué sigue

Se decidió que las negociaciones siguen en Ginebra y que esto no está cerrado. Se abre un capítulo donde la actividad en Suiza va a ser intensa, EEUU va a pelear por restaurar la moratoria como sea sin devolver la de propiedad intelectual (demanda que sobre todo Colombia puso sobre la mesa). Si no lo logra, van a seguir avanzando por acuerdos bilaterales y plurilaterales que es lo que a EEUU mejor le funciona: esperar a tener un gobierno amigo, firmar un acuerdo irrompible y dejar al país con compromisos de subordinación para siempre.

Lo cierto es que hoy por hoy se abre una ventana de oportunidad. Oportunidad para diseñar políticas de industrialización digital que puedan abastecer otras industrias no digitales en infraestructura crítica. Oportunidad de pensar en esto como un arma de negociación frente a una batalla comercial que se viene peleando hace meses en el mundo. Oportunidad de aliarse regionalmente para pensar la digitalidad en bloques.

¿Cómo podemos pensar el mundo del mañana? ¿Cómo logramos diversidad tecnológica? ¿Cómo incluimos a todos en la economía digital? Hoy podemos pensar respuestas a estas preguntas. Hasta hace unos días teníamos menos margen para imaginar.

La pregunta es si los países van a estar a la altura y si nosotros, como sociedad civil, vamos a saber acercar esas respuestas. La tarea que nos toca es titánica: hay que lograr que los Estados noten la relevancia de esta oportunidad, se animen a diseñar y pensar estrategias, se alíen con otras naciones y puedan imaginar servicios digitales que puedan construir como “industrias nacientes” protegiéndolas hasta que estén listas para competir en el mercado global.

Se abrió una ventana. Angosta, frágil, y con un reloj corriendo en contra. Si no la aprovechamos, alguien más lo hará.

 

(*) Representante de la sociedad civil durante la 14ª conferencia ministerial de la Organización Mundial de Comercio, en Yaundé, Camerún.

Tags: Brasilcamerunconferencia ministerial de la Organización Mundial de Comerciointernetmoratoria tarifariaOMCPlataformassofía scasserratarifasyaunde
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