Por Carlos Aira
La Asociación del Fútbol Argentino acaba de sacudir las estructuras con un anuncio que, bajo el nombre de LFP Play, promete reescribir las reglas del juego. Hace apenas unos días, en el polideportivo de Instituto de Córdoba, Claudio “Chiqui” Tapia lanzó una frase que retumbó en todo el mapa federal: “El fútbol vuelve a ser del fútbol”. Lo hizo ante 400 directivos de clubes del interior. Uno de esos directivos, el cordobés Emeterio Farias, fue quién cruzó el umbral de la prudencia al señalar que sería una plataforma propia y gratuita para ver todos los torneos argentinos.
Este anuncio es un movimiento de piezas en la guerra abierta que mantienen el gobierno de Javier Milei y diversos grupos económicos contra la conducción de la AFA. Desde Radio Gráfica, proponemos algunas claves para entender este escenario que el periodismo deportivo tradicional, quizás por conveniencia o por distracción, ha preferido ignorar.
El misterio de las siglas: ¿Por qué LFP y no AFA Play?
Lo primero que salta a la vista es por qué crear una estructura bajo la Liga Profesional de Fútbol (LPF) cuando ya existe AFA Play. La respuesta está en la historia reciente. La Superliga, creada en 2017 como un ente privado independiente de la calle Viamonte, no desapareció en 2020; solo cambió su nombre público por el de Liga Profesional. En términos comerciales y operativos, la estructura de la Superliga sigue vigente. Por eso, cualquier intento de recuperar los derechos de transmisión de la Primera División debe hacerse bajo la égida de la LPF para evitar vacíos legales. Es un tecnicismo vital que pasó desapercibido para casi todos.
La billetera y el fantasma de Grondona
Hay, por supuesto, un trasfondo económico urgente. Los dirigentes necesitan plata y los contratos actuales con Turner (que vence en 2030) y Disney (2031) quedaron muy por debajo de las necesidades de los clubes. El proyecto de ser dueños de la propia pantalla no es nuevo: lo instauró Julio Grondona en 2011.
La pregunta es: ¿puede la AFA sostener hoy el costo operativo de una transmisión integral? La respuesta parece estar en la solvencia que el Efecto Scaloneta generó desde 2022. La AFA ha tejido una red de vínculos comerciales internacionales que le darían la espalda económica para prescindir de los intermediarios. Esto es lo que verdaderamente preocupa en la Casa Rosada y en los directorios de las corporaciones mediáticas: una AFA con independencia financiera es un actor político indomable.
La gratuidad como arma de guerra
Hablar de fútbol gratuito en Argentina es tocar una fibra sensible. Entre 2009 y 2017, el pueblo disfrutó de Fútbol Para Todos. Aquella inyección de dinero fue vital para los clubes, aunque la clase política —por pereza intelectual o demagogia— nunca terminó de dimensionar su importancia laboral y social.
Hoy el escenario es distinto. La AFA no busca un socio estatal, sino apoyarse en empresas globales interesadas en la Marca AFA. Pero la política, como siempre, ordena la jugada. Así como Cristina Kirchner no hubiera impulsado el FPT o la Ley de Medios sin el conflicto de la 125 y el apagón mediático, quizás hoy la AFA no ofrecería la gratuidad si no estuviera en medio de una guerra total contra el Gobierno.
La AFA está haciendo alta política. Basta ver el impacto del regreso al país del Gendarme Gallo, una gestión donde el fútbol triunfó allí donde el gobierno de Milei fracasó. Esto nos confirma una verdad que muchos prefieren ignorar: el fútbol en Argentina tiene mucho más poder del que parece, y en este 2026, la batalla por la pantalla es, en realidad, la batalla por la soberanía de nuestra pasión popular.
Periodista y escritor. Autor de Héroes de Tiento y Héroes en Tiempos Infames. Conductor de Abrí la Cancha.











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