Por Erika Eliana Cabezas *
Fue una noche de luna llena del año 1979 cuando Sandro imaginó un castillo irrumpiendo en la geografía del barrio de Boedo. Impresionado por la luz plateada que ofrecía el satélite, y con el auto estacionado sobre la avenida Pavón, les comentó a sus acompañantes la ocurrencia que, luego, se convertiría en una realidad. Primero fue su oficina, ahora hay montado un centro cultural que exhibe algunas de sus pertenencias.
Así de Andrea Castelli es una obra que no sólo propone un recorrido por el Castillo de Sandro sino también por sus sueños y su trayectoria. “Hay rock and roll aéreo para bailar y hay momentos de intimidad absoluta, de encuentro con los cuerpos”, adelantó la directora y coreógrafa para Radio Gráfica.
El edificio, que originalmente fue una casa chorizo, cuenta con dos plantas y una terraza. Tal como la había diseñado El Gitano. “Siempre estamos buscando lugares interesantes, desde distintos aspectos, para llevar nuestros trabajos, que tienen que ver con lo coreográfico, el diálogo que se establece entre los cuerpos y el espacio”, confesó Castelli.
“Este lugar nos pareció que tenía mucha pregnancia al haber sido soñado por un artista tan popular y aún vigente, como es Sandro. Él lo diseñó para que fuera su estudio de grabación, y tiene todo el aspecto de un castillo, porque lo dibujó como si fuera un castillo”, agregó.

La obra se presentará el sábado 20 y domingo 21 de noviembre en el marco del Mes de la Cultura Independiente, una programación artística con más de 600 propuestas llevada adelante por el Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires. Sin embargo, venían trabajando en la pieza desde hace rato. “La pandemia retrasó todo y nos hizo pensar que en el adentro se iba a complicar para hacerlo. Entonces lo pensamos para la fachada. Esto va a ser para el año que viene. Ya trabajando en este proyecto, se abrió la convocatoria para el Mes de la Cultura Independiente y salimos seleccionados. No es una previa de lo que va a venir porque es un recorrido por adentro del castillo, para poquita gente, pero ya nos empezamos a meter en ese universo loco de Sandro, que es tremendo porque sin ser fan terminás siendo fan”, expresó.
“Te empieza a atrapar su música, su historia, esta cuestión del vínculo con sus fans, las nenas, como le decía él. Es un fenómeno que sucede con los ídolos populares, y a mi la cultura popular me atrae desde siempre. Yo vengo del tango, del bajo fondo. Todo lo que es popular, lo que hace bailar porque sí, por la alegría de los cuerpos, por la celebración, esto de la música que acompaña a los pueblos, me gusta”, remarcó Andrea.

Durante el recorrido por el Castillo de Sandro, las corporalidades van a transitar por el extensísimo repertorio de El Gitano. De la parte más rockera, con Los del Fuego, a la más melódica y sensual. “Me sostuve mucho de su erotismo. Hay algo del encuentro de los cuerpos que, además, está expresado en su corporalidad, en cómo bailaba, en como hizo erótica su danza. Bastante expuesto, pero no era obsceno. Ese movimiento de la pelvis, esta cosa de la boca. Hay algo de mucha carnalidad. Pensamos un poco junto con los bailarines y las bailarinas en hacer algunas escenas. Hay escenas que sí, que las jugamos como fantasía más que como realidad”, contó Castelli.
Y continuó: “Además Sandro encarnó algo del deseo femenino. Tanto misterio, tanta distancia. También eso es muy lindo de la vida de él, que fue su vida profesional. Esta cuestión de no saber si tenía novia o si no tenía, crea un halo que hace al mito. Lo coloca en un lugar inalcanzable, y la fantasía nunca se realiza. Creo que eso ayuda a la construcción del ídolo, que es un mito también en cierto punto. Y además esta cuestión de la amorosidad, de la reciprocidad. Porque, si bien pasaba en un plano de fantasía, había reciprocidad. El día de su cumpleaños, las fans iban a su casa de Banfield y él les preparaba todo un agasajo. Tenía siempre esa cuestión de devolver con su arte, pero también con gestos”.
A diferencia de Barroco en Barracas, que tenía un elenco numeroso, Así cuenta con cuatro bailarinxs. “Me gusta trabajar con un montón de gente que aparezca por todos lados. Así que para mí también es un desafío. Es más íntimo, el espacio es más reducido. A mi me gusta trabajar con escenas simultáneas que te hagan decidir a vos como espectadora, que hagan presente esta idea que no podés abarcar todo y que tenés que tomar decisiones. Propongo distintos espacios escénicos, casi que trabajo con la frustración del espectador que está viendo algo y sabe que hay algo que no está viendo”, manifestó.
La vuelta. Tras un año y medio de quietud, el encuentro entre los cuerpos se vive de otra manera. Hay movimiento, alegría, disfrute. Hay baile. “La danza es justamente lo contrario al dolor, al sufrimiento. Si bien puede acompañar, pero eso, acompaña, hace un pasaje mejor. El cuerpo cuando baila, no te duele, estás feliz. Se te pasa lo que tenés, te pone en otro estado. Estás en estado de baile, en estado de gracia”, aseguró.
Ficha técnica
Elenco: Katia Pazanin – Maxi Navarro – Eugenia Della Latta – Jose Zarazaga
Guía: Carina Mele
Sonido: Ramón Gallo
Iluminación: Alberto Lemme
Producción: Performartes
Dirección:Andrea Castelli
(*) Periodista de cultura de Radio Gráfica.







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