El Ministerio de Agricultura de la Nación, con Luis Basterra a la cabeza, pondrá en marcha la primera Dirección de Agroecología con el objetivo de desarrollar estrategias, basadas en la sustentabilidad y el equilibrio ambiental, alternativas al modelo productivo que rige en la actualidad. Esta decisión, a su vez, se enmarca en una creciente utilización de agrotóxicos y en el aumento paulatino de casos de cáncer y malformaciones congénitas a raíz del contacto con pesticidas.
Por Juan Patricio Méndez*
La noticia, muy poco difundida y tratada, supone una nueva lógica de producción de los alimentos y un nuevo modo de encarar una etapa en donde lo urgente está enmarcado en el cuidado del ambiente. La creación de una dirección de Agroecología representa una visión a futuro, en donde la sustentabilidad y el equilibrio del ecosistema son las claves del proceso.
La profundización del trabajo que realizan organizaciones como la Red Nacional de Municipios y Comunidades (RENAMA) y la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT) ha tomado lugar en la agenda del Ministerio de Agricultura. En términos de política agrícola, este cambio implica la modificación total de la visión productiva en el plano nacional. Es clave destacar que los 500 millones de litros de agrotóxicos que se vierten al día de hoy, supera en un 1300% a lo que se utilizaba en 1990, es decir, 38 millones de litros. Sin embargo, el área cultivable no aumentó en la misma proporción, y debido a la adaptación y resistencia a los agroquímicos, las mezclas y consumo de productos químicos aumentaron considerablemente, haciendo difícil conocer el impacto biológico de los mismos.
La decisión se enmarca en el siguiente contexto. En la Argentina, y según un estudio realizado por Javier Souza Casadinho, ingeniero agrónomo, docente de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y presidente de Red de Acción en Plaguicidas de América latina (Rapal), se utilizan 107 plaguicidas prohibidos, de los cuales el 33% están catalogados como peligrosos por la Organización Mundial de la Salud. Los herbicidas como Atrazina y el Paraquat son algunos ejemplos.
Dentro de este panorama, hay que sumarle otro estudio llevado a cabo por el SENASA, que en 2019 descubrió 52 tipos de pesticidas en frutas, verduras y hortalizas a la venta en zonas urbanas. El nivel de contaminación que poseen los alimentos en la contemporaneidad es crítico, tanto que la misma ingesta supone un riesgo en algunas ocasiones. El agronegocio, en términos monetarios, supone la puesta en marcha de un aparato destructivo para la salud de las personas.
En virtud de esta coyuntura presentada es que el Ministerio de Agricultura piensa en la creación de una nueva dirección. La misma, según el portal Economía Sustentable, estará a cargo del ingeniero agrónomo Eduardo Cerdá. Ha publicado muchos trabajos en relación a la importancia del equilibrio constante entre el entorno y el ser humano, fundamentalmente en la práctica productiva. La creación de un departamento que oriente sus esfuerzos a una práctica sustentable habla de la necesidad de construir un futuro en donde las políticas públicas tengan en cuenta que el modelo, así como está, no va más.
La dirección tendrá como objetivo diseñar caminos alternativos de producción a base de pesticidas y agroquímicos, y al mismo tiempo, trabajará junto a universidades y organismos públicos para promover el desarrollo de este paradigma productivo. Podemos mencionar el caso en Jáuregui, donde la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT) brinda cursos constantes sobre prácticas agroecológicas.
Gualeguaychú, Adelia María, Coronel Suárez, Pigûé, Coronel Pringles y Guaminí, entre otros municipios y pueblos, son casos en donde la producción se da sin plaguicidas. El objetivo, a futuro, es generalizar y normalizar este tipo de trabajo de la tierra, que en vez de debilitarla y maltratarla como el agronegocio, le da fuerza y la alimenta.
De esta forma, y luego de que la gobernación de la provincia de Buenos Aires, encabezada por Verónica Magario y Axel Kicillof, activara la suspensión de la norma 246 que habilitaba las pulverizaciones con agrotóxicos junto a poblaciones y escuelas rurales, el organigrama institucional en cuestiones de “agenda verde” se va visibilizando. La agroecología, como dirección, es un giro esperanzador en términos de sustentabilidad y equilibrio.
(*) Periodista – Columnista de Abramos La Boca














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