Por Carlos Aira
El festejo será eterno. Es lógico: es necesario hacer memoria, preguntarle a otros especialistas en esto de la memoria del fútbol argentino y tampoco recordamos un caso similar: un equipo que se consagre campeón con un gol en el quinto minuto de adicional. A Enner Valencia el traje de héroe le queda bárbaro. Cuando menos se lo esperaba, se lo puso en Rosario y Boca Juniors dio vuelta una serie de Copa Argentina ante Racing Club que parecía sellada. En el anochecer del sábado 7 de noviembre de 2026, el ecuatoriano volvió a ponerse la pilcha de héroe para convertir el gol que convirtió a Boca Juniors en campeón anual de la temporada. Un festejo desbordante en la Bombonera y en todos los corazones xeneizes.
Boca campeón anual 2026. La vara alta y la histeria del fútbol argentino a flor de piel. Luego de ser eliminado por Huracán en el play off del Apertura y por la Universidad Católica de la Copa Libertadores – ambos partidos en la Bombonera – el ciclo de Claudio Úbeda llegó a su fin. Lo que se venía en Boca era incierto. Las críticas a Juan Román Riquelme iban en aumento. Las genuinas y aquellas que tenían como estrategia allanar el campo político para las elecciones en el club y nacionales de 2027. El presidente no podía fallar con el nuevo entrenador. Cuando se confirmó el regreso de Rodolfo Arruabarrena no hubo muchas expectativas. Pero el vasco fue medular: pidió la salida de dos veteranos (Cavani y otro vasco, Ander Herrera) y en cada conferencia de prensa sinceró la verdad del equipo. La franqueza de Arruabarrena fue notable y positiva para el mundo Boca: le dio tranquilidad al equipo y a sus hinchas.
El ciclo Arruabarrena se inició el 16 de julio con la victoria 2 a 0 ante Sarmiento por Copa Argentina. El camino tuvo piedras. La clasificación ante O Higgings en la Copa Sudamericana fue un parto y el arranque del Clausura deparó un 0-3 durísimo para Boca en cancha de Riestra. Pero pronto, Arruabarrena armó el equipo a través de dos ejes defensivos: un triángulo de hierro en el mediocampo, con Leandro Paredes en plan estelar. A su lado, Milton Delgado (con pocos minutos en el ciclo anterior) y el Ruso Ascacibar. Una clave es la ausencia de posiciones fijas. Paredes juega donde lo dicta el partido, lo que nunca falla es el orden.
¡Qué jugador es Paredes! Aun con ciertas licencias arbitrales, si hay clubes que pagan fortunas por entrenadores que marcan el rumbo, Juan Román Riquelme entendió que, con su regreso, el club no solo sumaba un crack dentro de la cancha. No le erró al ojo clínico: solo faltaba un conductor serio como Arruabarrena para que la sociedad funcionara a pleno rendimiento.
El otro bastión es la línea defensiva. En los primeros partidos, ningún hincha confió en Álvaro Montero. Con el paso de los partidos, el colombiano ganó en solidez y confianza. Arruabarrena confió en dos centrales juveniles: Luciano Di Lollo (implacable en el juego aéreo defensivo y ofensivo) y Facundo Jagger Herrera. Los laterales también tienen sus titulares. El uruguayo Leandro Lozano le ganó la pulseada a la tribuna y se asentó. En el caso de Lautaro Blanco, su rendimiento fue, por momentos, superlativo.
El ataque no tiene brillo, pero es efectivo. Sobre todo, porque los juveniles del Predio Boca le dieron un relieve diferente al equipo. Con Tomás Aranda – el diferente – lesionado antes de comenzar la temporada, la pregunta era quién llevaría el fútbol de Boca. En la noche del debut del vasco en Rosario, debutó el pibe Leonel Flores. Su rendimiento fue tan alto que le permitió semanas más tarde debutar con la camiseta de la Selección Nacional. Allí están el oriental Miguel Merentiel con su promedio altísimo de gol y el ecuatoriano Enner Valencia, el talismán menos esperado. Un comentario aparte merece el regreso de Sebastián Villa. El colombiano regresó a Boca Juniors luego de una situación judicial compleja. Tenía que levantar un pagaré con el público xeneize. Ya no es el jugador de una década atrás, sino un futbolista con más inteligencia táctica. Arruabarrena apostó a ese Villa y a recuperar futbolistas, un arte poco reclamado a los entrenadores actuales. Alan Velasco es un caso. Toto Belmonte podría sero otro.
La manera que consiguió el título es un realce. No solo porque un título logrado en el 5to minuto adicional es un campeonato que se festeja – y se recuerda por siempre – , sino que también le brinda oxigeno: de no haberlo logrado, Boca tenía el estigma de perder de local. La seguidilla fue cruel: Alianza Lima, Independiente, Racing, Huracán, Universidad Católica. Si el equipo mancaba en la última fecha, los efectos para el futuro cercano de Boca era incierto. Hoy, Boca juega una final de Sudamericana en Barranquilla – también una semifinal de Copa Argentina y el play off del Clausura – con la tranquilidad de un campeonato que hacía muchos años gambeteaba Boca Juniors.
Boca dio la vuelta olímpica en la Bombonera. Algo que es casi inconseguible en estos formatos de partido final en cancha neutral. Boca no buscó como objetivo la tabla anual, pero fue tan importante la campaña del Clausura que terminó sumando los puntos para consagrarse como el mejor equipo de 2026. Y en la Boca el título se vivió diferente. Boca se consagró campeón en 2022 y en 2020. Fueron títulos celebrados, pero no festejados. Este Boca del segundo semestre del 2026 le devolvió la alegría al pueblo xeneize y eso se nota.
Este presente de Boca es producto de las buenas decisiones. También del silencio presidencial. Boca Juniors se ha beneficiado de la ausencia de declaraciones. Riquelme es un actor político y lo sabe. Se ha mostrado ajeno a las intrigas del mundo AFA cuando River Plate arrecia en sus críticas. Sabe que detrás de la oposición dentro de su club se encuentra Mauricio Macri. A Riquelme le faltaba un título como presidente. Lo logró. Cambia la ecuación electoral dentro de Boca Juniors de cara diciembre de 2027. Pase lo que pase en la Argentina.
Boca Juniors es un justo campeón anual 2026. Comencemos por la estadística: perdió tan solo 3 partidos sobre 32 en todo el año. Dos en el Apertura (Estudiantes y Vélez, ambos 1-2 de visitante) y cayó en la fecha inicial de este Clausura. Fue un durísimo 0-3 ante Deportivo Riestra. Luego de aquel partido sobraban los reproches y la falta de optimismo. Tres meses y días después, Boca está a las puertas de un cierre de año inolvidable. Siempre y cuando mantenga la competitividad y la diosa fortuna colabore con los muchachos de azul y oro en sus próximos compromisos. Mientras tanto, la fiesta sigue en la Ribera.
Periodista / Conductor de Abrí la Cancha.











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