El editorial de Gabriel Fernández, conductor de La Señal y director periodístico de Radio Gráfica sobre el reciente triunfo de Lula ante Flávio Bolsonaro en Brasil. ¿Cómo revertir la fuga hacia atrás de la Argentina?
En primer lugar debemos señalar que aquellos que nos acompañan y siguieron el programa posterior a la primera vuelta electoral en Brasil, habrán recordado que tuvimos una cautela importante cuando se descerrajaban las críticas más feroces sobre Lula y señalamos, está la grabación desde ya, que Lula no era un tonto como se estaba indicando, que el Partido de los Trabajadores no era un bluf y que era necesario tener respeto por alguien que durante largos años impuso una transformación profunda de la República Federativa del Brasil y la integró al continente al tiempo que la superpuso en ese despliegue a los multipolares.
Decir Luiz Inácio Lula da Silva merecía respeto en ese momento como lo merece ahora, como lo mereció antes. Pero en esa instancia fue llamativo como con un punto y medio de diferencia se sacaron conclusiones integrales acerca del liderazgo del país vecino. Se desarrolló la campaña electoral hacia la segunda vuelta, tuvimos los resultados que todos conocen y para muchos sectores nacional, populares, industriales, la satisfacción de haber obtenido una victoria que permite la continuidad de un gobierno trascendente para la región, para el planeta, para los brasileños.
¿Por qué se dio lo inesperado? A decir verdad, no se dio lo esperado, nada más que con antelación. Ganó la lógica, ganó un país que crece. Se habla habitualmente de “es la economía, estúpido”. Es una de las recurrentes desde hace muchos años debido a aquel debate con el presidente norteamericano Bill Clinton. Bueno, ¿es la economía o no es la economía?
Nos sorprendió, lo digo con sinceridad, que en la primera votación no se hubiera impuesto el premio, la satisfacción al crecimiento del producto bruto interno y la ampliación del mercado interno brasileño, la asistencia social profunda y la mejoría en el nivel de empleo. Todo eso se vino registrando en el Brasil y lo que debería haber llamado la atención es que no fuera en cierto modo plasmado a través del voto popular y ayer lo fue. Por lo tanto, esta elección no es exactamente una sorpresa. Puede hablarse de sorpresa en sentido político más que económico, debido a que no resulta tradicional, por lo menos desde Collor de Mello para acá, que un vencedor de la primera vuelta electoral en Brasil resulte derrotado con posterioridad.
Pero esa es toda la sorpresa. Acá el tema es no hacer teorías rápidas acerca de lo que va sucediendo, sino tomar en cuenta el comportamiento de las distintas variables. Y ahí se observa otro dato que sí vale la pena realzar, porque ahí hay diferencias ostensibles entre un proceder y otro. La primer campaña electoral en Brasil fue bastante deficitaria, poco movilizadora en realidad y también desaprensiva para con el tema comunicacional. Ahí hay un elemento que tal vez esta situación sirva para poder repensar en nuestro vecino país. La comunicación no resuelve nada, podríamos decir, o casi nada, pero genera climas.

Una de las cosas que hemos narrado, que nos llamó poderosamente la atención en Brasil ahí dentro, es la ausencia de medios alternos. Prácticamente O Globo ha desplegado un poderío superior al que conocemos de Clarín en la Argentina, y hablamos de Clarín como el grupo monopólico por excelencia. No ha admitido, pero no se les ha ocurrido a los adversarios realizar medios de comunicación que brinden otra mirada. Y esto se expande por las redes sociales, que además las manejan con mucha destreza determinados segmentos liberal-conservadores de carácter antipopular con el objetivo de originar oleadas que puedan llegar a damnificar a los pueblos y por lo tanto beneficiar a las megaempresas.
En este caso no solamente se empezó a movilizar con intensidad, sino que además para la utilización de las redes lo que se hizo fue saltar líneas; en lugar de salir jugando a través de los volantes cercanos a las defensas, lo que se hizo fue saltar esa línea de medio para ir directamente al ataque. ¿Qué quiere decir esto? Fueron sobre WhatsApp.
Ayer Luiz Inácio Lula da Silva presentó al que llamó su general, al que se hizo cargo de esta instancia comunicacional profunda, inteligente y necesariamente desplegada por jóvenes, como es el diputado en cuestión, André Janones,. Porque de otro modo Lula, con ese encare tan simpático que identifica a tantos, ni teléfono usa. Bueno, queda muy risueño, humorístico, pero no resulta a la hora de llevar adelante un comicio. Se convocó a las calles de un modo que Brasil no recordaba, y creo que hay que rastrear también una movilización tan grande aquí; no es para nada fácil. Por supuesto, hay que hablar de las proporciones poblacionales, pero fue importante.
Entonces, entre redes y entre la movilización social hubo un despliegue apreciable, se pisó fuerte y se reivindicó lo que se viene haciendo en Brasil, que es lo que arrancamos señalando. Esto es: la comunicación fue importante, pero no fue decisiva. Lo decisivo ya venía siendo el respaldo que amplios sectores populares brindaron a Luiz Inácio Lula da Silva, debido a que su gobierno mejoró la situación del país de manera importante, imponente y lo sigue haciendo, y lo anunció a futuro: mejorar la calidad de vida en Brasil de un modo desconocido hasta el presente.
¿Qué sucedió allí? Hubo una revalorización de las obras realizadas por el gobierno de Lula y por lo tanto una premiación, por así decir, a través del voto colectivo que se pegó un susto al observar que, frente a la desaprensión (“no me interesa tanto la política”, “no sé si es necesario ir a votar” o “llueve mucho”), observaron que podía llegar a ganar Flávio Bolsonaro. Claro que frente a esa situación hubo una reacción y también eso confluyó para poder realizar un sufragio adecuado.

Foto: Ricardo Stuckert
Hace rato que Brasil viene siendo una especie de curiosidad en un continente con serias dificultades económicas. Por supuesto que la propaganda logró tapar una parte, asentado en la inseguridad, asentado en el delito, que sirve para un barrido como para un fregado. Desde ya es absurdo presuponer que alguien que señala que lo trascendente es el desarrollo del producto bruto y de la industria, lo que no le importa es la inseguridad. Sí que importa la inseguridad, pero no al punto de anular el conjunto de las variables y situar a toda una sociedad en una discusión parcializada. Esto fue aprovechado por los medios que, reitero, recién en esta última semana en serio tuvieron algo de respuesta a través del canal realizado por el diputado que fue realzado, Janones, por Luiz Inácio Lula da Silva durante la campaña.
Bien. Entonces se desarrolla la actividad, se logra la victoria anhelada y surgen los interrogantes, porque alguien dice: “Sí, pero con el Congreso en contra”. Bueno, entonces nos tomamos el trabajo de mirar cómo quedó el Congreso para poder entender la situación y no hablar sin registros concretos. ¿Sabe qué? El Partido Liberal crece en diputados y en senadores, crece en el Congreso brasileño, pero lo hace raspando zonas del centroderecha. Es decir, no es que le sacó votos a la izquierda y se posicionó con potencia en el Congreso; se posicionó muy bien, pero piense en Alckmin, piense en el vicepresidente de Lula y cómo se fueron negociando las situaciones.
Esta gente sabe negociar sin perder el control de lo esencial, sabe incluir distintos sectores. ¿Y qué es lo que uno observa? Que se pueden lograr alianzas y acuerdos dada la orientación de muchos de los legisladores que no son ni del Partido Liberal ni del Partido de los Trabajadores, y se alcanza un equilibrio contrariamente a lo que se viene pensando para el desarrollo de las votaciones que puedan llegar a ser esenciales en el nuevo periodo de gobierno de Lula. Es decir, no es que el Partido Liberal copó la parada y maneja el Congreso a gusto y piacere. Hay muchas fuerzas en el interior que están dispuestas a acercarse al Partido de los Trabajadores si se los convence del modo adecuado, y hay fuerzas centristas claramente que negocian esos apoyos, y así como los negociaron en otro momento con Bolsonaro, lo pueden negociar con Lula, sin olvidar que Lula tiene el gobierno central.
Es decir, una vez que uno encuentra los números finos del Congreso de Brasil, encuentra que hay perspectivas para entreabrir puertas en los temas que puedan llegar a ser determinantes.
En este marco, la pregunta que nos han hecho reiteradamente varios medios hoy a lo largo de la jornada era cómo influye sobre la República Argentina, porque bueno, llama la atención la sorpresa —eso llama la atención—, lo cual indica que había muchos que tenían un diagnóstico superficial de Brasil; no del Brasil en crecimiento, sino del Brasil progresivo, es decir, que garantiza derechos. Entonces, es bueno: si no crece el producto, la industria y el poder adquisitivo del trabajador, todo eso se deshace, se desparrama entre el ambiente político local y pasa a priorizarse la objeción acerca de la calidad de vida local. Como mejoró esa calidad de vida, había posibilidades de una aquiescencia de la sociedad para con el gobierno de Lula.
Lo que la República Argentina no hagamos, no lo va a hacer Lula por nosotros. No lo va a hacer el Partido de los Trabajadores en beneficio de los trabajadores argentinos, como tampoco lo van a hacer los multipolares, como tampoco lo van a hacer ni Rusia, ni China, ni India, que ya se cansaron de invitar a la Argentina a participar de los BRICS, que es una manera de decir: este es un ejemplo a seguir, construcción de asociaciones de estados industriales con estados muy sólidos y con priorización de la inversión productiva.
Entonces, Brasil no puede hacer más que lo que ya hizo: mantener un vínculo comercial apreciable con nuestro país. Pero si el argentino promedio no batalla para que se oriente la política local en una dirección económico-social adecuada con los intereses profundos de la comunidad en base a los preceptos de la comunidad organizada, de la tercera posición y del desarrollo industrial, no se va a poder usufructuar como se desea la victoria lograda por el PT en la jornada de ayer.

Ahora bien, esto no quiere decir que de todos modos no influya, porque puede haber una especie de danza y contradanza; cómo el explosivo resultado de las elecciones en Brasil va igual a generar un clima sobre América Latina, sobre todo en América del Sur, en el cual se pueden llegar a despertar algunas conciencias destinadas precisamente a modificar las estructuras que vienen perjudicando la vida cotidiana de nuestros pueblos y el desarrollo de las naciones.
Ahora uno piensa, ¿y cuánto tiempo puede llevar eso? Y ahí está la dificultad por la que atraviesa la República Argentina. Por el momento no hay registro de modificación de comportamientos, pero sobre todo no parece haber una conciencia clara sobre los temas esenciales sobre los cuales habría que debatir para poder modificar. ¿Cómo llega Lula a esto? ¿Por qué digo esto? Por ejemplo, llega sin dudar con respecto a qué hacer con las empresas públicas y sobre todo con los recursos naturales, y sobre todo con Petrobras. Ahí no hay una dificultad relacionada con quien está destruyendo en la Argentina el Estado desde adentro, que está enajenando los recursos más importantes de nuestro país.
Mientras todo esto sucede, se observa el acercamiento a nivel internacional de Vladimir Putin, Donald Trump y Xi Jinping. Mientras todo esto sucede, se observa el problema que está padeciendo económicamente Europa, que se refleja en las calles incendiadas de tantas capitales históricas del viejo continente, y se observa en el debilitamiento de la influencia de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) sobre Estados Unidos, sobre Europa y en general, por lo tanto, sobre el planeta.
¿Por qué señalamos esto? Porque lo de Brasil está inserto muy profundamente. Es más, no hubiera sido tan reverberante la victoria de ayer de Lula si hubiera sido otro país, aún cuando resultara importante del continente. Porque Brasil es, además de todo eso, además de toda esa gente movilizada, además de un puntal de América del Sur, es BRICS, la “B” que abre el juego de la construcción multipolar que está modificando el equilibrio planetario.
Fíjese cómo vamos llegando a una conclusión: hay modificaciones en Brasil, ratificación de tendencia en México. Las dos grandes naciones industriales del subcontinente afirman su proceder. El desertor es Argentina. Hay dificultades en Europa, que no puede garantizar sus propios presupuestos y quiere ampliarlos para combatir a un hipotético fantasma ruso que se está construyendo comunicacionalmente.
El problema es nuestro. Es decir, no estamos ante una situación de deterioro absoluto, “la derecha gana en todo el mundo” y cosas así como se dicen de manera recurrente, sin mayor explicación ni datos concretos. Y a partir de allí creemos que todo está mal y por lo tanto no es tan grave que la Argentina esté retrocediendo.
Lo que sucede es que mientras aquellas naciones de Shanghai, aquellas naciones BRICS que han resuelto crecer y desplegarse, y aquellas naciones latinoamericanas que han resuelto seguir adelante en el mismo sentido —estén o no dentro de los BRICS, pero que tienen un potencial enorme—, mientras todo esto sucede, Argentina fuga hacia atrás. Es decir, Argentina mantiene una caída de la industria muy fuerte, mantiene una enajenación de empresas muy potente, muy rápida, muy vertiginosa, casi imposible de frenar, y mantiene también la entrega de los elementos más importantes de tecnologías avanzadas que le podría ofrecer a la humanidad en este momento.

La Argentina tiene ante sí un horizonte que junto a Brasil y junto a México puede ser formidable, pero que aún cuando hubiera un desencuentro con esas naciones sería importante de todos modos. Fíjese usted por qué le dimos tanta importancia a la Comisión Nacional de Energía Atómica. En este momento la lucha por la inteligencia artificial está sentada en la obtención de energía para poder desplegar esa nueva tecnología que cuesta fortunas, que hay una pulseada de las tecnológicas para que los Estados la financien, pero sobre todo conseguir la energía para poder sostenerlas, porque consumen más que el resto de las nuevas tecnologías.
La Antártida es uno de los elementos claves: frío y agua, también los combustibles tradicionales, en los cuales la Argentina es poseedor de un caudal enorme que está siendo fugado de modo parcial a paraísos fiscales y a centrales de empresas que dicen invertir en la Argentina, pero se llevan la parte del león precisamente.
Y sobre todo la energía atómica y sobre todo dentro de las centrales nucleares que tiene la Argentina, las creaciones más nuevas de nuestro país, del talento generado en este sur, que son las centrales sintetizadas, las acotadas (CAREM, RA10…), que son las que se pueden transportar y focalizar dentro de los núcleos de realización de inteligencia artificial. Eso lo tiene la Argentina. Hay naciones que trataron de lograr el CAREM y no lo consiguieron, necesitan la obra construida acá. Y en el momento en el cual nuestro país puede ofrecer un beneficio a toda la humanidad a través de la comercialización de los productos y de la misma energía que genera, lo que hace es entregar a las empresas norteamericanas los frutos de semejante crecimiento, de semejante investigación. Habría que añadir ARSAT.
Por eso arrancamos diciendo: lo que no se haga aquí en este país, aunque Lula gane 10 elecciones seguidas, no se va a conseguir. Más allá de la satisfacción y la importancia que estamos marcando que tiene el desarrollo de la fuerza de los trabajadores en el Brasil y la continuidad de uno de los héroes de nuestro tiempo en el continente, que es Luiz Inácio Lula da Silva —creador junto a Hugo Chávez, a Evo Morales, a Néstor Kirchner, junto a Pepe Mujica de una instancia de unidad y de despliegue de nuestro país muy apreciable—.
Ha ganado Lula. Vieron que no había que menoscabarlo. Vieron que no era cuestión de dejarlo de lado.
Pero pasó algo más antes de cerrar esta charla entre nosotros. Ha pasado algo: en todo el desarrollo del Partido de los Trabajadores no se escuchó públicamente recriminación alguna, ni en las derrotas y aún en periodos en los cuales no solo se sucedieron las derrotas, sino que fue preso el presidente. Pero no apareció Lula diciéndole traidora a Dilma, y no apareció Haddad diciéndole traidor a Lula, y no aparecieron entre ellos peleándose ante el público. Sí hubo discusiones muy duras y muy fuertes puertas hacia adentro, pero Haddad o Lula se equivocaban porque no le daban bola, y Lula no lo monitoreó diciéndole “¿cómo vas a decir esto?, ¿por qué hiciste aquello otro?” criticándolo ante la opinión pública, apenas alguna diferencia discursiva, pero no más que eso. ¿Y decirle traidor al que está al lado? Ni se les cruzó por la cabeza. Se acompañaron, se desarrollaron de manera conjunta, se bancaron los errores.
Es ostensible la diferencia que hay entre una campaña de Lula y una de Haddad. Está claro, no voy a desarrollarlo ahora, pero se puede ver a simple vista, y Lula no se lo recriminó públicamente y se acompañaron. Así como Andrés Manuel López Obrador acompaña hasta hoy a Claudia Sheinbaum, no diciéndole “te equivocás en esto, te equivocás en el otro, tenés que echar a este ministro”. Eso me parece una enseñanza que también vale la pena considerar junto con las calles, junto con las redes y junto con lo determinante del elemento económico.
Les habla Gabriel Fernández.











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