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Home Historia

Invasiones Inglesas. Marcelo Gullo: “La reconquista del 12 de agosto de 1806 es la fecha más importante de la historia argentina”

Un 12 de agosto de 1806, el pueblo argentino en armas expulsaba a los británicos a casi dos meses de la primera invasión. ¿Por qué es una fecha fundante de la historia argentina? Las interpretaciones de la historia, el rol de la oligarquía contrabandista para favorecer a los ingleses, Santiago de Liniers y la necesidad de recuperar una conducción política nacional.

14 agosto, 2026
en Historia
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Invasiones Inglesas. Marcelo Gullo: “La reconquista del 12 de agosto de 1806 es la fecha más importante de la historia argentina”

Un 12 de agosto de 1806 se producía la Reconquista de Buenos Aires tras la primera Invasión Inglesa. Una derrota al Imperio Británico que había comenzado el 25 de junio de 1806 a cargo de William Car Beresford.

Marcelo Gullo, historiador, politólogo, escritor y docente, autor de libros como La insubordinación fundante que narra cómo distintos países se insubordinaron contra el poder hegemónico para convertirse en potencias o lograr un desarrollo económico importante; y La historia oculta: La lucha del pueblo argentino por su independencia del imperio inglés. 

 

 

Por Juan Natalizio (Conductor de Malvinas Causa Central)

Juan Natalizio: ¿Por dónde arrancarías para explicar esta fecha del 12 de agosto?

Marcelo Gullo: Es la fecha más importante de la historia argentina. Recordemos primero a nuestro público que, como a la mayoría de los argentinos, se le ha deformado la cabeza a través de la subordinación ideológico-cultural que comienza con la falsificación de la historia. Siempre comienza allí.

La falsificación de la historia es el origen de todos los males y de la falsa política. Esto se ve clarísimo en el 12 de agosto: en ese período que comienza con la llegada de los británicos y termina con su expulsión, queda claro todo lo que va a pasar en la Argentina después.

Recordemos un poquito los hechos. La ciudad de Buenos Aires era la capital de un virreinato, pero era una aldea de barro. La ciudad importante del Virreinato del Río de la Plata era Córdoba, que tenía más población y contaba con la universidad; luego estaba Tucumán. Además, antes de ser el Virreinato del Río de la Plata, fuimos parte del Virreinato del Perú: fuimos más tiempo peruanos que ríoplatenses. Esto es muy importante.

En esta ciudad no había un ejército español como tal. En América no había tropas permanentes; había un fuerte con una bandera y cuatro soldados. Entonces, mientras el virrey Sobremente se retira, William Carr Beresford —el general inglés— invade Buenos Aires.

Los historiadores liberales dicen: “No, esto no fue una invasión, fue una simple ocurrencia de Beresford porque estaba en Sudáfrica tomando la colonia holandesa y se le ocurrió hacer una pequeña aventura en el Río de la Plata”. Es una mentira gigantesca.

No hay un general en el mundo que pueda emprender una tarea que implique cruzar el Atlántico para invadir una ciudad como Buenos Aires sin que el Almirantazgo inglés lo autorice, porque sabe que después lo cuelgan, sobre todo si pierde. Beresford vino con una clara intención británica. Los británicos siempre habían mirado a la América española como el gato mira al canarito: se la querían comer.

Esto lo cuento muy bien en el libro Madre Patria, publicado por la editorial Biblos. Allí explico que Beresford estaba dentro de un plan británico para apoderarse de América del Sur.

Esto ya lo había previsto un sacerdote, Martín del Barco Centenera, en el poema La Argentina (el poema que le da nombre a nuestro país). Él recorrió el virreinato y contó: “Esta tierra es fantástica, tiene minerales, agua y ríos navegables como ninguna parte de Europa. Pero este paraíso va a tener un problema con los piratas ingleses”. Señaló a Francis Drake y nos dio nuestro nombre y nuestro enemigo estratégico. Por supuesto, nadie lo estudia. Martín del Barco Centera nos da el nombre y nos dice quien va a ser nuestro enemigo.

Beresford viene a quedarse con el Virreinato porque le mandan informes desde Buenos Aires. Y hay que preguntarse: ¿quién le mandaba esos informes?

¿Cómo era la composición social de la Buenos Aires de ese momento?

Buenos Aires fue fundada por criollos paraguayos. Juan de Garay era vasco, pero el resto eran “mancebos de la tierra”, criollos que bajaron desde Asunción. Ellos eran los verdaderos patricios (los fundadores).

Al poco tiempo llegaron comerciantes desde el Brasil portugués con mucho dinero y les compraron sus casas y terrenos a estos pobladores originarios, quienes tuvieron que irse a las afueras, a las “orillas”, pasando a ser llamados orilleros.

Estos sectores recién llegados, Borges, Dorrego, Unzué,  se enriquecieron con el contrabando con los ingleses. Son lo que denomino la oligarquía angloporteña. Es importante precisar el adjetivo, porque la izquierda suele hablar solo de “oligarquía” para señalar únicamente un enemigo interno. No: es la oligarquía angloporteña, simplemente los gerentes locales de un directorio que estaba en Londres.

Esa oligarquía contrabandista, que quería el libre comercio para importar mercadería británica, le mandó cartas a los ingleses diciéndoles que la población estaría encantadísima de que viniera una fuerza británica y nos ocupara. Y las primeras horas y días de la ocupación parecieron darles la razón.

Beresford desembarcó con unos 1.200 hombres. Para una ciudad de 40.000 habitantes sin ejército preparado, era una fuerza imponente. Salvo algún intento de resistencia como el de Pueyrredón, los ingleses llegaron al Fuerte, izaron la bandera inglesa y esa misma noche se produjo un acto clave: unas 40 familias contrabandistas le juraron lealtad a su majestad británica, mientras esta les prometía la defensa de sus vidas y patrimonios.

Entre los firmantes estaba la familia Martínez de Hoz. Beresford nombró a Martínez de Hoz como gerente de la Aduana. ¿Y quién fue el ministro de Economía de la dictadura militar de 1976 que nos dejó una deuda fraudulenta de 40.000 millones de dólares, el 80% de ella con bancos ingleses? Un descendiente de esa misma familia.

En contraposición, Manuel Belgrano —un hombre de honor— se negó a jurar lealtad, dijo que le daba asco y se escapó.

La ciudad parecía tranquila, pero el levantamiento empieza a gestarse desde abajo. Son las mujeres las que se ponen los pantalones. Pepe Rosa cuenta que en una taberna de Buenos Aires, una mujer que servía las mesas increpó a los hombres presentes: “Si yo fuera hombre, no estaría aquí tomando y divirtiéndome; estaría con las armas echando al invasor inglés y a esos herejes” por la identidad católica. Los hombres reaccionaron ante esa arenga y comprendieron que debían actuar.

Ahí aparece una figura central: Santiago de Liniers, un francés proveniente de La Vendée, que conocía bien los estragos de los abusos de poder. Al ver que se había ultrajado a la población y a sus símbolos, decidió ponerse al frente. Cruzó a la Banda Oriental y volvió con un contingente de voluntarios orientalistas, sumados a la gente que en Buenos Aires ya se organizaba en secreto.

El 12 de agosto de 1806, Liniers y el pueblo en armas derrotaron al invasor inglés. Las tropas británicas se rindieron y sufrieron una humillación militar completamente.

Ahí está resumida toda la historia argentina: por un lado, la oligarquía que le abre la puerta al invasor y se ofrece como su gerente; por el otro, el pueblo y las mujeres que empujan a sus hombres a organizarse para formar el primer ejército de liberación.

Ahí nace el verdadero Ejército Argentino. No nace el 25 de mayo de 1810; nace el 12 de agosto de 1806 luchando contra la invasión británica. Si a los cadetes del Colegio Militar se les enseña que el ejército nace combatiendo al Imperio británico, entienden desde el primer día quién ha sido nuestro enemigo histórico. Ahí está resumido todo, los cipayos, los entreguistas y los hombres que están dispuestos a dar su vida por la patria.

Mural de Rodolfo Campodónico

Mencionabas también lo que ocurrió con las autoridades inglesas tras la rendición.

Marcelo Gullo: Los ingleses sufrieron una derrota militar, pero consolidaron su alianza política con esa oligarquía permanente hasta el día con un nucleo de argentinos informantes de los ingleses. Beresford logró escaparse de su prisión gracias a la colaboración de figuras como Castelli, Rodríguez Peña y Padilla.

Años después, el propio Rodríguez Peña se incriminó a sí mismo al escribirle una carta al embajador inglés reclamando que la pensión que le daban era muy baja para el servicio que le había prestado a Su Majestad facilitando la fuga de Beresford. Sin embargo, hoy tiene una calle con su nombre en la Ciudad de Buenos Aires.

Es el acto fundacional de la Argentina,, es un hito fundamental por la trascendencia de este hecho, la Revolución de 1943 estableció el 12 de agosto como feriado nacional. Así se mantuvo hasta 1955. La primera medida del gobierno de la autodenominada “Revolución Libertadora” fue quitar el 12 de agosto como feriado nacional, dejándolo únicamente como fecha conmemorativa escolar. Y más tarde, la dictadura militar de 1976 eliminó definitivamente su recordatorio obligatorio en las escuelas para borrar esa memoria histórica.

 

Este programa se escucha en muchas provincias como Entre Ríos, Tierra del Fuego o Santa Fe. Es importante remarcar que la Reconquista no fue un hecho meramente porteño, sino un acontecimiento de alcance continental.

Sin duda alguna. La Reconquista de Buenos Aires está regada de sangre paraguaya, oriental (uruguaya), santafesina y peruana.

Las derrotas inglesas en el Río de la Plata conmovieron a toda Hispanoamérica. Se festejó desde México hasta Buenos Aires, pasando por Lima, Bogotá y Caracas. Los periódicos de la época hablaban de los “heroicos argentinos” y el mundo hispanoamericano puso sus ojos sobre Buenos Aires porque se había derrotado al Imperio Inglés, el primero del mundo porque ya había hecho la revolución industrial.

En las calles de Buenos Aires pelearon José Gervasio Artigas y figuras clave de la futura independencia paraguaya como Fulgencio Yegros y Fernando de la Mora. Fue una gesta de toda Hispanoamérica. Beresford mandó el tesoro de la Ciudad de Buenos Aires a Londres y entra con un carruaje con la gente festejando. Tesoro que todavía está depositado en el Banco de Londres y que Scalabrini Ortiz se tomó el trabajo de calcular el interés que en 1956 era de 6.000 millones de dólares.

Si los ingleses hubieran logrado asentarse, habrían recibido los 10.000 hombres de refuerzo que enviaron tiempo después al mando de Whitelocke, apoderándose del Virreinato del Río de la Plata y luego del Virreinato del Perú.La reacción popular del 12 de agosto impidió la consolidación de ese plan imperialista. Por eso, el 12 de agosto de 1806 es el primer gran hito fundacional de nuestra historia. La oligarquía angloporteña es la que nos entregó.

Esa oligarquía angloporteña fue derrotada militarmente en 1806, pero en realidad terminó triunfando en la política de largo plazo. Y triunfaron porque, cuando volvió a aparecer el movimiento nacional encabezado por el primer gran conductor criollo de nuestra historia, Juan Manuel de Rosas, se las arreglaron —junto con los ingleses y el Imperio del Brasil— para sobornar a Justo José de Urquiza.

Así provocaron la fatídica batalla de Caseros (1852) y derrotaron nuestro primer gran intento de insubordinación fundante. Rosas sabía que había que reconstruir la unidad perdida, volver a las raíces hispano-católicas y aplicar el proteccionismo económico. Por eso la Ley de Aduanas de diciembre de 1835 expresaba que los 25 años previos de libre comercio solo habían servido para traer miseria. Rosas es el gran conductor nacional.

Esa oligarquía se confabuló con las potencias extranjeras para derrocar a Rosas y frenar ese proceso. Tiempo después, intentamos esa insubordinación por segunda vez con Juan Domingo Perón que va del 43´ al 55´. Por eso Perón asume el día que se había hecho la revolución de 1943. Los mismos sectores que llamaron a Rosas “el primer tirano” tildaron a Perón de “segundo tirano”.

Perón encabezó otro proceso de insubordinación fundante que nació en la Revolución de 1943. Hubo un segundo Caseros en el golpe de 1955, y el tiro de gracia fue el golpe de marzo de 1976 que es el segundo Pavón. De ahí en más hemos ido a los tumbos, esperando que vuelva un criollo a esta tierra a mandar como dice el Martín Fierro.

 

Marcelo Gullo

Volviendo a esos grandes nombres, hay una figura muy ninguneada y atacada: Santiago de Liniers. Liniers pasa a ser un verdadero héroe popular. 

Santiago de Liniers no es solo un héroe popular; fue un ídolo. En el Río de la Plata ocurrió un hecho insólito para la época: nosotros éramos parte de la monarquía española y el rey nombraba al virrey (en ese entonces, el marqués de Sobremonte). Pero tras la invasión, el pueblo de Buenos Aires se reunió en un Cabildo Abierto y eligió como virrey al propio Liniers, que era el gran héroe popular.

España terminó aceptando la designación realizada por el pueblo. Liniers se convirtió así en el primer gran caudillo popular. La Argentina tiene una mística integradora que supera a la ciencia política: integra a quien llega, lo hace propio, lo fagocita y lo convierte en argentino. Liniers ya era un rioplatense más. El segundo caudillo va a ser Artigas.

Su historia termina en una gran tragedia cuando es fusilado por orden de la Junta de Buenos Aires…

Fue un drama trágico promovido por influencia británica a través de dirigentes como Mariano Moreno y Juan José Castelli, quienes ordenaron su ejecución por venganza inglesa. Cornelio Saavedra, que había sido jefe del Regimiento de Patricios y peleado bajo sus órdenes, supo que aquello era una infamia, pero no tuvo el valor de detenerlo.

Liniers podía haber tenido diferencias políticas, pero no se lo podía fusilar; era el héroe de la Reconquista. La prueba de la infamia es que, cuando lo tomaron preso, los soldados criollos se negaron a levantar la mano contra él o integrar el pelotón de fusilamiento. Desde Buenos Aires insistieron en que se lo fusile.

Ante la negativa de los criollos, mandaron desde Buenos Aires a un grupo de prisioneros ingleses —los llamados “casacas rojas”— a los que liberaron para que ejecutaran la orden en Cabeza de Tigre, camino a Córdoba. Liniers fue fusilado por soldados ingleses porque ningún criollo estuvo dispuesto a levantar la mano para asesinar a un héroe nacional.

Posteriormente cometimos la vergüenza, con la alegría de los liberales, de permitir que sus restos fueran llevados a España. Nuestro héroe de la Reconquista tendría que estar enterrado aquí, con un gran monumento en su honor. La oligarquía angloporteña siempre ha actuado por venganza: lo hicieron con Liniers, lo hicieron al fusilar a Manuel Dorrego y lo repitieron en 1956 con el general Juan José Valle.

Marcelo, te dejo cerrar con la reflexión que quieras sobre esta fecha tan importante como el 12 de agosto.

Si la historia no sirve para explicar el presente y construir un futuro distinto, no sirve para nada; sería como ir a un museo a mirar cuadros. Es para boludos. Hoy estamos como en los días en que los ingleses han ocupado la Ciudad de Buenos Aires cuando flameaba la bandera inglesa. Hoy están gobernando la Argentina los ingleses. La Patria está ocupada. No hace falta un ejército de invasión, hay un presidente que es su representante del poder inglés.

Parece que todo estuviera en calma y que fuéramos una causa derrotada. Sin embargo, como decía el historiador José María “Pepe” Rosa, existe un ejército invisible de argentinos que, cuando encuentre nuevamente su conducción, protagonizará una nueva reconquista de la patria.

Estamos golpeados, pero no vencidos. Como los derrotamos el 12 de agosto de 1806, en julio de 1807, durante la Vuelta de Obligado contra la flota anglo-francesa, como los derrotamos de 1945 a 1955 los volveremos a derrotar de nuevo. El pueblo está solo y espera. Solo hace falta que emerja una auténtica conducción nacional.

Tags: argentinainvasiones inglesasMarcelo GulloSantiago de LiniersVirreynato del Río de la Plata
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