Por Erika Silva, desde Santa Cruz
Durante ocho décadas, las mujeres tuvieron prohibido trabajar e ingresar en el interior de la mina de carbón del Yacimiento Carbonífero Río Turbio (YCRT), ubicado en la provincia de Santa Cruz. Una antigua ley, reforzada por creencias arraigadas en la cultura minera, las mantuvo alejadas de una de las actividades mejor remuneradas de esa empresa estatal. La historia dio un giro en octubre de 2023, cuando cuatro trabajadoras comenzaron a desarrollar labores a más de 700 metros bajo tierra.
El 19 de octubre de 2023, a las 10 de la mañana, cuatro mujeres ingresaron por primera vez a Mina 5. El hecho marcó un punto de inflexión en esta labor productiva masculinizada y puso fin a la prohibición femenina. Así se abrió una nueva etapa en la historia de la principal actividad económica de la Cuenca Carbonífera.
Karina Huala, María Belén Millanahuel, Beatriz Paz y Vanina González fueron las pioneras. Hasta entonces, ninguna mujer se había desempeñado en interior de mina, un sector que ofrece mejores salarios, jornadas laborales de seis horas y un régimen jubilatorio diferencial debido a las condiciones de riesgo de la actividad.
Estas incorporaciones fueron el resultado de un proceso de lucha de las mujeres y de la negociación entre la administración de YCRT y los sindicatos: ATE, APS, Luz y Fuerza, y La Fraternidad. Durante semanas trabajaron en la elaboración de un protocolo destinado a prevenir situaciones de violencia laboral y garantizar condiciones adecuadas para la convivencia en un espacio históricamente masculino.
“El protocolo se trabajó durante un mes y medio de forma hermética y la selección de las trabajadoras también”, recordó Graciela Sandoval, secretaria de Género y Diversidad de ATE Río Turbio.
La dirigente explica que existía preocupación por la reacción que podía generar el cambio dentro y fuera de la empresa. Por ello, sindicatos y especialistas analizaron la legislación nacional e internacional y construyeron un protocolo capaz de generar consensos en una comunidad donde todavía persisten fuertes resistencias culturales.
“Se planteaba que la sociedad no estaba preparada, que el machismo seguía siendo muy fuerte. El texto tenía que proteger a todos y todas, porque de otra manera hubiera sido imposible que las mujeres pudiéramos entrar”, señaló Sandoval y agregó: “Aunque ATE tiene la representación mayoritaria de los mineros y trabajamos fuertemente en el convenio con la administración, sabíamos que esta decisión cambiaba definitivamente el rol de las mujeres trabajadoras de la empresa”.
Finalmente, el 18 de octubre de 2023, la intervención YCRT habilitó por resolución administrativa y en acuerdo con los cuatro sindicatos el ingreso de mujeres y diversidad de género al interior de la mina. Al día siguiente, las cuatro trabajadoras realizaron el histórico ingreso por boca de Mina 5.
“Pensamos que iba a haber resistencia, un piquete de varones en boca de mina y no pasó. Fue algo muy emocionante. Era la primera vez que mujeres ingresaban a la mina en un día que no fuera el 4 de diciembre”, rememoró Sandoval.

El mito de la Viuda Negra y una ley de 1924
La explotación de carbón mineral en Río Turbio comenzó en 1943 y desde entonces las mujeres fueron excluidas por 80 años. Esta segregación se sostuvo estructuralmente por un mito, una ley del siglo pasado y un sistema patriarcal y cultural dominante que se fue propagando en las familias mineras.
Según la leyenda, en un tiempo lejano, un hombre quedó atrapado dentro de la mina de carbón. Su esposa, desesperada, ingresó al socavón en busca de su marido, pero ella tampoco salió. A partir de entonces, la llamada Viuda Negra pena su alma por las galerías de la mina, rompiendo en llanto por los rincones. Los mineros, sobre todo los más antiguos, aseguran que la Viuda y la mina de carbón -a la que definen como femenina- son celosas, y si otra mujer ingresa al interior se “augura una desgracia”.
Los relatos de los trabajadores sobre pasos en túneles vacíos, voces que surgen desde las profundidades o apariciones inexplicables, alimentaron durante décadas ese mito, que terminó integrándose al imaginario colectivo de la comunidad.
La creencia tenía incluso una excepción ritual. Cada 4 de diciembre, durante la celebración de Santa Bárbara, patrona de los mineros, las mujeres podían ingresar al interior de la mina en recorridos organizados para la festividad. El resto del año, ese espacio permanecía reservado exclusivamente para los hombres.
Pero además del mito existía una barrera legal. La Ley 11.317, sancionada en 1924 durante la presidencia de Marcelo T. de Alvear, prohibía a las mujeres desempeñarse en actividades consideradas “peligrosas e insalubres”. Entre ellas figuraban expresamente los trabajos subterráneos.

Las primeras mineras
Karina Huala trabaja desde hace 18 años en YCRT. Fue la primera en presentar notas a la gerencia acompañada con la firma de sus compañeros mineros. Ella les dice “los viejos” -así se llaman entre los trabajadores de YCRT- “los viejos o las viejas”. En esos escritos, que fueron rechazados, solicitó una y otra vez su ingreso a mina. En 2023 la dirección a cargo de las designaciones no dudó en convocarla.
Es la única mujer que hace el histórico trabajo considerado masculino, el de fuerza. Trabaja en preparación secundaria: excava junto a su cuadrilla las galerías que luego se unen y abren los frentes largos de explotación. Dice que entrar a mina es su cable a tierra, pero que también tuvo que aprender a no sobrecargar peso: “Mi orgullo estaba primero, tenía que demostrar que podía”. Karina es conocida y reconocida por los mineros y mineras, destacan su fuerza y dicen que ella no se cansa.
“Yo soy intensa, busqué mucho entrar a trabajar como minera. Es un laburo pesado, pero yo lo disfruto. Hacemos 5 kilómetros caminando hasta llegar al tope de la galería. Ahora trabajo con equipos de arrastre, transportamos el material: descargamos maderas, herramientas y durmientes”.
María Belén Millanahuel, conoce la mina desde hace años, aunque durante mucho tiempo no pudo recorrerla. Técnica en Seguridad e Higiene, ingresó a YCRT en 2008 después de trabajar en el sector petrolero. Desde entonces desarrolló tareas vinculadas al control de contaminantes, ruido e iluminación. Sin embargo, mientras sus compañeros realizaban mediciones bajo tierra, ella debía permanecer en superficie.
“Siempre aparecía el mismo cuestionamiento: ‘No conocés porque nunca entraste’. Y tenían razón. Yo estudiaba procedimientos, analizaba documentación y hablaba con los trabajadores, pero había una parte de la realidad que me estaba vedada”, recuerda.
Durante años aprovechó las visitas turísticas del 4 de diciembre para conocer las galerías y complementar el trabajo técnico que realizaba. También observaba cómo sus compañeros accedían a mejores condiciones laborales simplemente porque podían desempeñarse en interior de mina. Cuando habilitaron el ingreso de mujeres Belén se destacó rápidamente, hoy es jefa de Seguridad Industrial de Mina y tiene a su cargo a 180 personas.
Beatriz Paz atravesó una experiencia distinta. Licenciada en Enfermería, se convirtió en la única mujer de un equipo de veinte trabajadores que presta servicios sanitarios en interior. “Cuando me propusieron ingresar tuve miedo, pero acepté”.
Aunque señala que encontró respeto entre los trabajadores, también enfrentó dificultades dentro de la estructura de trabajo. “Hubo situaciones de persecución laboral y terminé pidiendo un pase. Fue un proceso difícil, tuvo mucho costo para mí ese ingreso, tanto en lo profesional como en lo personal”.
Aun así, destaca la importancia de aquel día: “Me cambió la perspectiva porque en la universidad nos preparan principalmente para el ámbito hospitalario, pero esto me mostró la enfermería laboral e industrial. En una mina la lógica es diferente. Trabajamos mucho en prevención, capacitación y acompañamiento. Los propios mineros están entrenados para actuar ante emergencias y han salvado vidas gracias a esa preparación”.
Vanina González llevaba años vinculada al yacimiento cuando surgió la posibilidad de ingresar. Trabajaba en tareas administrativas dentro del área de transporte, pero decidió obtener la licencia profesional para conducir camiones. Tras superar varios obstáculos, comenzó a manejar vehículos de la empresa en superficie.
“Era injusto porque podía hacer el trabajo, pero no podía entrar a mina”, afirma. Proveniente de una familia ligada históricamente al carbón, nunca imaginó que terminaría conduciendo en el interior de las galerías.
Cuando fue seleccionada para integrar el primer grupo de mujeres para trabajar bajo cerro estaba embarazada de mellizos: “Tenía miedo de que eso afectara mis posibilidades, pero no fue así”.
Hoy es la única chofer de interior de mina y transporta materiales fundamentales para el desarrollo de las galerías. “Sentía mucha presión porque sabía que había muchas personas observando cada paso que daba. Ahora me siento respetada y cómoda. Ojalá más mujeres puedan conocer este trabajo. Todavía queda camino por recorrer, pero abrir esta puerta fue un paso muy importante”, sostiene.

Predecesoras
A lo largo de las distintas crisis que atravesó YCRT, las mujeres ocuparon un lugar fundamental. Fueron sostén de sus familias, se ocuparon de sus hogares y participaron activamente en la defensa de los puestos de trabajo de los mineros. Esposas, madres, abuelas e hijas enfrentaron con organización y firmeza las adversidades que marcaron la historia del único yacimiento de carbón activo del país.
Durante el proceso de privatización impulsado por el gobierno de Carlos Menem, la empresa sufrió miles de despidos y un profundo vaciamiento y reducción de la actividad. En ese contexto surgieron las Mujeres en Lucha, quienes acompañaron en 1994 la histórica toma de la Unión 24 -en interior de mina- que duró once días. Mientras sus maridos cumplían con la huelga en el socavón, ellas desde la superficie organizaron ollas populares, participaron de las movilizaciones y sostuvieron las protestas en espacios estratégicos del yacimiento. Resistiendo el frío viento sur, no solo defendían el empleo de los mineros, sino el futuro de toda la comunidad.
En 2018, una nueva ola de conflictos volvió a ponerlas en la primera línea. Tras el despido de más de 400 trabajadores durante el gobierno de Mauricio Macri, las Mujeres del Carbón retomaron esa tradición de lucha. Muchas de ellas eran, además, trabajadoras de YCRT. Levantaron ranchos de acampe en la boca de mina, cortaron rutas, encabezaron acciones para visibilizar el conflicto y participaron protagónicamente de la resistencia que impidió el ingreso de Gendarmería Nacional a la cuenca.
Aunque la perseverancia de esas generaciones encontró un nuevo capítulo en 2023, las mujeres siguen siendo una minoría dentro de YCRT, representando apenas el diez por ciento de una planta cercana a los dos mil trabajadores. La mayoría ocupan puestos administrativos, de servicio o soporte en superficie y sólo catorce se desempeñan en interior de mina. Sin embargo, la presencia de mujeres avanza y según informaron las autoridades de la empresa, siete mujeres más serán incorporadas en el área de enfermería dentro de la mina.
Lo que durante décadas fue considerado imposible hoy forma parte de un proceso de apertura en la vida del yacimiento y la explotación subterránea de carbón mineral estatal. Y las pioneras que entraron por primera vez a las profundidades de la mina dejaron abierta una puerta que, durante ochenta años, estuvo cerrada.












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