En el marco de los 50 años del 24 de marzo de 1976, Víctor Lupo, ex subsecretario de Deportes de la Nación, ofreció una mirada descarnada sobre el impacto persistente de la dictadura cívico-militar en el entramado social y deportivo de la Argentina.
En diálogo con Carlos Aira, en Abrí la Cancha, Lupo sostiene que el desorden social impuesto por el régimen de facto no solo desmanteló el orden económico, sino que instaló una lógica de odio y segmentación que la democracia aún no ha logrado revertir, dando lugar a lo que define como una “democracia renga“.
“El golpe de Estado fue el inicio de la noche más oscura, una etapa que hirió de muerte la organización popular que se había consolidado desde 1943”, señaló Lupo en Abrí la Cancha. En ese contexto, destaca la figura de Mary Terán de Weiss, la deportista más perseguida de nuestra historia, quien sufrió la proscripción tanto en 1955 como en 1976 por su identidad peronista. Según el ex funcionario, el odio inoculado en aquellos años de plomo “es el responsable de la falta de debate actual en las cámaras legislativas, donde los gritos reemplazan a la discusión de fondo mientras los grandes negocios, como el de las apuestas, avanzan en la oscuridad sin rendir cuentas al pueblo”.
Uno de los ejes centrales de la denuncia de Lupo es el incumplimiento de la Ley del Deporte de 1974. Esta normativa, diseñada bajo la concepción de la Comunidad Organizada de Perón, buscaba un Estado que acompañara a las organizaciones libres del pueblo en lugar de un Estado hipertrofiado pero ineficiente. Lupo señala que, salvo en su gestión entre 1989 y 1992, la ley ha sido ignorada sistemáticamente. El motivo de este olvido no es casual: cumplirla implicaría una inversión real en los clubes y una transferencia de poder hacia las bases, algo que la lógica política actual parece no estar dispuesta a ceder.
El modelo de gestión deportiva también se vio alterado por el precedente del Mundial 78. Lupo explicó que “aquel evento instauró la costumbre de manejar fondos millonarios sin transparencia, una caja negra que se extendió incluso en tiempos democráticos con ejemplos como los Panamericanos de 1995 o los Juegos Olímpicos de la Juventud de 2018”. Frente a esta tendencia, reivindica con orgullo: “el Mundial de Básquetbol de 1990 fue la única gran cita que presentó balances con superávit, demostrando que la honestidad administrativa es posible incluso en contextos de profunda escasez económica”.
Finalmente, el titular del Movimiento Social del Deporte subrayó que la falta de soberanía económica, blindada por la Ley de Entidades Financieras de la dictadura, es el techo de cristal de nuestra democracia. Lupo advierte que la política argentina suele pecar de ignorancia al relegar el deporte a una mera cuestión estética, designando exdeportistas famosos al frente de carteras nacionales y provinciales sin un proyecto político real. Citando al Papa Francisco, concluye que el deporte es una herramienta fundamental de salvación social, pero que su recuperación definitiva solo será posible cuando se reconstruyan los vínculos de amor y solidaridad, devolviendo a los clubes de barrio el lugar central que la dictadura les arrebató.











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