Por Clarisa Gambera *
El proceso asambleario a partir de la convocatoria de las centrales sindicales para construir la calle este 8 de marzo se dio mientras avanzaba de manera acelerada la votación de la reforma laboral en el Congreso, una reforma que tiene la intención de resetear la Argentina borrando (nos) años de historia de organización, luchas y avances de los trabajadores y las trabajadoras.
Las asambleas transfeministas volvieron a ser un espacio colectivo de mapeo del deterioro y el ataque pero también de las resistencias y tramas organizativas novedosas que surgen para enfrentar esta etapa. Entre asamblea y asamblea estuvimos acompañando al Frente de Sindicatos Unidos (FRESU) que irrumpe como respuesta ante la quietud de algunas cúpulas sindicales, estuvimos en la calle en rechazo a las reformas, acompañamos a jubilados y jubiladas y a los trabajadores de FATE.
Las asambleas contuvieron la sensación de derrota y también pusieron en común que acá no se rinde nadie y esto está comenzando. Compartimos la bronca que nos enciende y nos permitimos habitar la derrota también como estado de animo que cuando se colectiviza nos hace recuperar fuerza. Muchas veces se dijo que teníamos compañeras que no podían estar porque las changas, porque les pibis, porque la plata para la SUBE, porque el agotamiento y la ansiedad, porque la falta de empleo, porque la sobrecarga de trabajo. Se manifestó con claridad la decepción con la idea de diálogo con un gobierno que no dialoga.
Estuvieron las mujeres que están sosteniendo los hogares y la lucha de los trabajadores de FATE, las que sostienen comedores y trabajo en los barrios, estuvieron las jubiladas, estatales, referentes de orgullo disca, la economía popular, personas travesti trans y diversos sectores del feminismo poniendo voz y cuerpos a la situaciones del trabajo, la violencia económica y el ataque a nuestros derechos en la Argentina.
Se expresó de todas las formas posibles y rechazo a la reforma laboral.
Una reforma que no viene a modernizar nada y que plantea un enorme retroceso en materia de derechos, que consolida el proceso de re-precarización de la vida.
Una reforma laboral que hace más desigual el mundo del trabajo, debilita la acción colectiva, desconoce la relación entre empleo y cuidado, que impacta más en las que cuidan y en las más precarias.
Ellos dicen modernizar pero se trata de flexibilizar. Está ley legaliza el trabajo sin protección, ningún artículo aporta nada para que pasen a ser formales quienes nunca tuvieron derechos, ni se regula nada del trabajo de plataformas con quienes se buscó legitimar la destrucción de la leyes laborales de la Argentina promoviendo la confusión entre privilegio y derecho.
Llegamos hasta acá con un proceso largo de fragmentación de la clase trabajadora segmentada en relación a la protección, los ingresos y las condiciones laborales que fragmentó las luchas, quebró la solidaridad y fue deteriorando los lazos comunitarios.
Hace tiempo que en las grandes ciudades hay grupos de personas que dejamos de ser vecinos, nunca nos cruzamos porque cada vez son menos los espacios comunes, hace tiempo que nos organiza el acceso a consumos diferenciados y un diseño urbano que no tiene ni la vida, ni la comunidad en el centro.
Con esta situación para las trabajadoras y los trabajadores la reforma laboral esta en el centro de la agenda para este 8M paro internacional feminista que en la Argentina tendrá el 9M marchas en todo el país dejando claro que el movimiento feminista en argentina hace años que dejo claro que es un transfeminismo de clase con fuerte presencia de las organizaciones sindicales que se poblaron de feministas al calor de la marea verde y la ola feminista que impregnó incluso las estructuras masculinizadas del movimiento obrero.
Las feministas salen en rechazo a la reforma de Milei, el presidente que asumió atacando los derechos de género y la justicia social y nos pone a contramano del mundo en relación al debate que impulsaron los feminismos sindicales por la redistribución del tiempo y que hoy es agenda en diversos países.
Esta reforma no contempla ninguna ampliación de licencias para madres y padres, ni ampliación del tiempo para cuidar en situaciones diversas, no reconoce los hogares actuales y las necesidades de cuidado que requieren y no solo no contempla la posibilidad de reducción de las jornada para distribuir mejor el trabajo sino que propone llevarse puesta una conquista que nació con el movimiento obrero y que se llevó vidas como fueron las ocho horas de trabajo.
La ley que se votó luego de negociar con los gobernadores, comprar traiciones y manipular la opinión pública desde las corporaciones mediáticas empeora la situación de las trabajadoras de casas particulares que son casi en su totalidad mujeres, borró la reglamentación sobre teletrabajo que hacía mención explícita al trabajo de cuidado, propone el banco de horas y el acuerdo “voluntario” entre partes para definir vacaciones todos artículos que desorganizan la vida y alejan aún más la posibilidad de conciliar empleo y cuidado.
Cada vez necesitamos trabajar más horas en un contexto de pérdida de salario, de endeudamiento de las economías domésticas con incremento de la tasa de morosidad. El costo de vida sube porque subieron los servicios básicos, los gastos en salud, alquileres y el transporte y se hace insostenible la vida de muchas personas en un contexto donde el 72 % de la población cobra menos de 1 millón de pesos y en el que el único trabajo que crece es el trabajo sin protección.
Este estado de cosas viene a normalizar esta ley que hay que frenar con organización en los lugares de trabajo que se pueda, con herramientas jurídicas y en la calle con lo que se pueda porque el daño es enorme.
El Fondo de Asistencia Laboral (FAL) que desfinancia la seguridad social impactando en las jubilaciones actuales y haciendo peligrar el futuro para quienes tengamos que jubilarnos en un tiempo también compromete los fondos para la AUH, las asignaciones familiares y la necesidad de establecer moratorias en todos los casos golpeando particularmente a mujeres y diversidades.
Para quienes trabajamos en el Estado la sensación es que fuimos la antesala de esta reforma. La pérdida de salario implicó pluriempleo y el retroceso de políticas públicas nos sobrecargo de tareas de cuidado. La variable de ajuste fuimos nosotras que perdimos ingresos y tiempo y fuimos también la antesala de las reformas que hoy cristaliza está ley que es inaceptable.
El incumplimiento de la estabilidad en el empleo público, el ataque a la organización sindical, el hostigamiento y la violencia laboral en los sectores de trabajo, la insistencia en desconocer avances que consagramos en la negociación colectiva y la amenaza permanente. Muchas compañeras evitan tomarse días para el cuidado de sus hijes enfermos o las horas para acompañar el primer día de clases porque se volvió peligroso, menos aún hay condiciones en algunos sectores de trabajo para poder solicitar una licencia por violencia de género nuestros avances hoy nos ponen bajo sospecha en un clima de persecución constante.
Frente a esto la asamblea de los feminismos populares vuelve a ser el método que revitaliza la idea de unir las luchas y trama la unidad de las trabajadorxs en la calle frente a las reformas esclavistas de Milei.
Como apuesta, como esperanza, como un modo feminista de hacer política que logra -no sin debates y tensiones, construir un bloque para oponerle a esta crueldad sabiendo lo que me recordó amorosamente un compañera, eso de que la marea se retira y la sensación es que no queda nada pero la ola vuelve, siempre vuelve.
* Secretaria de Género y Diversidad de ATE Nacional. Conductora de “Hora Libre” en Radio Gráfica.











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