Mónica Russis, directora ejecutiva de la ONG “Amigos en el Camino”, pasó por Radio Gráfica y puso en palabras una realidad que duele: la de las personas mayores en situación de calle y la de tantos jubilados que, por la crisis económica, no logran comer en la Argentina.
Entrevistada por Cristian D`Alessandro en Somos Mayoría (domingos de 10 a 12hs), la referente en el acompañamiento a personas sin techo describió un panorama desolador y cuestionó los relevamientos oficiales. “Dentro de la ciudad de Buenos Aires el Gobierno hace un relevamiento que difiere muchísimo de las que realizamos las diferentes Organizaciones”, señaló.
La dirigente explicó que las cifras oficiales no reflejan la magnitud del problema. A modo de contraste, contó que sólo en la Comuna 1, su organización relevó 1.483 personas sin techo, mientras que la gestión de Jorge Macri contabilizó en toda la Ciudad un número apenas inferior a 1.500.
Para Russis, la diferencia se explica por dos motivos centrales: por un lado, “no quieren mostrar el número”, y por el otro, emplean “una forma de censar muy diferente y más precaria”, que excluye espacios sensibles como salas de espera de hospitales o sectores de plazas. “Nosotros rastreamos toda la Ciudad y no dejamos una porción libre”, enfatizó.
La crudeza del día a día también golpea a los jubilados inquilinos. Según un informe del diario Perfil, siete de cada diez no llegan a cubrir las cuatro comidas diarias y se ven obligados a elegir entre comer o pagar el alquiler. Russis lo sintetizó con dolor: “Es muy doloroso que deberían ser personas cuidadas porque tuvieron una vida de trabajo, están desamparados”. Y amplió: “Vemos muchas personas de la tercera edad, muchos desprotegidos y están en situación de calle, mientras que muchos otros se acercan con mucha vergüenza con un taper pidiendo comida. Los que tienen propiedad no llegan a comer porque tienen que elegir qué hacer con el poco dinero que reciben”.
Para cerrar, relató una escena que expone la fragilidad del sistema de atención: un adulto mayor enfermo fue llevado a un parador de la Ciudad; su organización le había conseguido turno médico y gestionado el ingreso pese a que no contaba con DNI. Pero “a los diez minutos que se vaya la camioneta oficial, se acercó una persona diciendo: ‘Se van a tener que retirar porque acá no hay vacante’”. La frase retumba como un diagnóstico de época y deja al descubierto una gestión que, frente a los más vulnerables, llega tarde o directamente no llega.











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