Por Erika Eliana Cabezas
La historia comienza a desarrollarse en un consultorio odontológico de la mano de Inés, que va a arreglarse un diente roto y -de yapa- a buscar a Gastón, quien supo ser el amor de su infancia. Sin embargo, él la deja en las manos de su colega Mauro y sus almas colisionan, formando un triángulo oxidado.
“Los personajes están en el abismo, con muchos traumas, muy solos, y se necesitan. Ahí es donde se establece ese triángulo, que es más emocional que amoroso. Están perdidos y van a descubrir que la única salvación que tienen es el que está al lado, que está tan hecho mierda como ellos”, expresó Gonzalo de Otoala, autor y director de Óxido, para Radio Gráfica sobre la obra que está llevando adelante los viernes a las 22.30 en el Teatro El Grito.
– ¿Por qué sostenés que la obra parte de una premisa racional?
A mi se me ocurrió como primer disparador la siguiente situación: hay dos personajes que están hablando de un tercero, dicen cosas bastantes fuertes, y después ese tercer personaje entra en la obra. Y, en apariencia, no cumple los requisitos de todo lo que han estado hablando anteriormente los otros personajes.
Tenía muy en mente a Juan Carlos Gené, con quien estudié muchos años, que decía que lo que hace un personaje es hasta que se demuestre lo contrario en la obra. A partir de esa premisa, me planteé ¿ese personaje que entra, ya por el hecho que han dicho esas cosas de él, se convierte en eso? Si a lo largo de la obra se va demostrando que ese personaje no es, entonces qué es ese personaje. Ese es uno de los temas centrales. La imagen que la sociedad y este sistema tiene sobre uno y cómo eso también condena. Cómo se etiqueta una persona y cómo queda sujeto a eso, sea o no sea.
– ¿Cómo fue encarar el proceso creativo?
Fue un proceso de un año, un poco más. Cuando escribes una obra y la diriges hay dos fases. Una primera fase de escritura, que uno cree que entiende la obra, que cree que sabe de qué va. Pero, cuando tenés la fortuna de poder elegir el material, te das cuenta que hay que se te habían escapado, de que la obra tiene vida propia. Aparecen los actores, que con su trabajo le dan forma definitiva. Son dos etapas distintas. Dirigiendo me di cuenta que no lo tenía tan claro. Afrontas el material desde otro lugar. También te alumbra partes de la escritura que tu pasaste de largo porque en ese momento era otro proceso. Es muy recomendable.
– Además, me imagino que en escena iban surgiendo otras cosas…
Si, absolutamente. A mi me gusta mucho trabajar con los actores. Tengo la suerte de que tengo tres actores que son fabulosos y que entre los tres se genera una magia muy particular. Hay una cuestión física de altura entre los dos personajes masculinos. Mucha gente me pregunta si fue premeditado y la verdad es que no. Me acuerdo en el primer ensayo que vi uno al lado del otro y dije “madre mía, si algún día la tengo que grabar en video va a ser un problema”. Se genera algo no solo por lo físico. Hemos trabajado mucho y cada uno le aporta algo muy especial. Óxido no sería lo que es si no estuvieran esos actores. Y evidentemente cuando esos personajes empiezan a ser personas gracias al trabajo de los actores es un momento maravilloso. Y ahí empiezas a descubrir cosas nuevas de esos personajes que desconocías. Ahí empieza el otro proceso desde la dirección, que te lleva a replantearte el material desde otro lugar y te lleva a encontrar misterios que no sabías que tenía la obra.





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