Por Ariel Velázquez *
Los resultados definitivos de la elección de medio término, tras unas primarias sumamente adversas, dejan al oficialismo con un sabor a superación propia y al Gobierno, de cara a los dos años y fracción que restan de gestión, con la pelota en su poder para seguir disputando el juego.
Las principales señales de esta recuperación se dan en la provincia de Buenos Aires, dónde tras unas PASO con 4.5 puntos abajo de Juntos finaliza provisoriamente a 1.3 puntos de distancia e igualando la cantidad de diputados repartidos entre las dos fuerzas principales, como así también en distritos como Chaco y Tierra del Fuego, dónde dio vuelta la elección.
En otros dónde mejoró, no le alcanzó para evitar perder el control absoluto del Senado, como el caso de La Pampa, y se encendieron algunas señales de alerta en distritos que empeoraron como Santa Cruz (caída al tercer lugar) o Tucumán, tierra del erigido jefe de gabinete, dónde una ventaja holgada en las PASO se redujo a 2 puntos.
Lo importante de esta elección es que todos los pronósticos de crisis aguda en el gobierno y nubarrones económicos e institucionales, sobrevenidos de manera inevitable hacía el día después, parecen haberse despejado con este nuevo viento.
La posibilidad de una gestión en la pospandemia que permita recuperar la economía y, sobre todo, la distribución del ingreso en los sectores golpeados económicamente por la caída desde 2016 a la fecha, pasa a ser el imperativo necesario para un Gobierno que logra volver a fojas cero su arranque y que tiene por delante la doble misión de superar la coyuntura covid y la deuda externa.
El anuncio del presidente Alberto Fernández, con aval del conjunto del Frente de Todos, de un proyecto de ley para refrendar en el Congreso lineamientos de un acuerdo sustentable y sostenible por la deuda con el FMI tiene el efecto de ubicar nuevamente al Gobierno en el centro de la escena y recuperar la agenda que, sobre todo en tiempos electorales, pareció ser marcada por la oposición.
Por otra parte, estos resultados parecen ser un límite a las políticas de flexibilización de las leyes laborales y achique del Estado propuestas desembobozadamente por los talibanes del neoliberalismo.
El juego del poder conlleva a la responsabilidad popular de comprometerse aún más con la acción política e inclinar la cancha en favor de los sectores populares. Cobra en esto especial importancia la convocatoria del 17 de noviembre, Día de la Militancia peronista, a la Plaza de Mayo, como símbolo de fuerza y unidad.
El partido está abierto y de todos y todas depende que volvamos a hacer los goles que necesitamos para recuperar de una vez y para siempre nuestros sueños.
(*) secretario administrativo de FOETRA











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