Cuando Natalia Oreiro interpretó a la Cholito en Muñeca Brava quizá jamás haya imaginado lo que vendría después. Allá por el año 1998, con apenas 21 años, se pegó en la piel de Milagros Espósito, una chica huérfana que jugaba al fútbol y adoptaba una expresión de género masculina para encarar la vida. Un personaje con una calidez humana que enamoró al pueblo ruso al punto tal que pasó a ser parte de la familia. Nasha Natasha (nuestra Natalia), así es como le dicen en las tierras de Vladimir Putin.
Por Erika Eliana Cabezas *
“Disfruto mucho cada vez que me subo al show y, cuando sonrío, es como el espejo de lo que me devuelven. De tanto amor, tanto cariño, tanta alegría, tanta espera. Solo mirar videos de fans que me cuentan que me siguen desde hace 15 años, y me doy cuenta de que eran niñas y eso me llena de energía”, confiesa emocionada Natalia Oreiro durante su gira por Rusia a finales de 2014. Un recorrido por 16 ciudades bajo el registro de Martín Sastre, que dio lugar a la película documental Nasha Natasha, estrenada el 6 de agosto en Netflix.
Las temperaturas son extremadamente bajas, la nieve lo cubre todo. Aún así miles de fans se acercan para ver a esa mujer que lxs acompañó desde la infancia a través de un personaje que, al no ajustarse a los cánones establecidos, se presentó como disruptivo. Comportarse como una dama no era opción para la Cholito, ella iba al frente, construía con sus pares y no se dejaba intimidar por los hombres. Un hecho que enamoró a muchxs niñxs del país de Europa del Este, al punto tal que se convirtió en un juego más. “Este personaje era diferente. Contestaba, era muy segura en sí misma y todas queríamos ser así”, reconoce una de sus seguidoras en el film.
“Muñeca brava mostraba a una chica empoderada que rompía el canon de su tiempo. Quizás por eso pegó tanto. Tomaba sus propias decisiones, no se dejaba avasallar. En esa época no era nada común. En las novelas típicas las mujeres eran sumisas, las engañaban y parecía que no tenían otra cosa para pensar que en el amor y limpiar. Se tiende a creer que los rusos son fríos y no es así. Son personas muy emotivas”, declaró la actriz en Tiempo Argentino.
Si bien Natalia Oreiro apareció por primera vez en Rusia con Ricos y famosos, el verdadero furor lo adquirió con esa novela que protagonizó junto a Facundo Arana (Ivo Di Carlo/ Ivo Miranda). Una época en la que la crisis financiera (1998), producida por el declive de precios de los commodities, impactó de lleno en la sociedad rusa. Muchos abuelxs tuvieron que hacerse cargo de sus nietxs, dado a que los padres se vieron obligados a salir a trabajar para poder solventar los gastos.
Cada vez que la actriz uruguaya devenida en argentina pisa el territorio ruso, el clamor popular se enciende. Cambio dolor, Tu Veneno, Río de la Plata, son algunas de las canciones que se escuchan y hasta se cantan. Aunque no es el único repertorio que suena, porque con Muñeca Brava, primero; y Gilda, no me arrepiento de este amor, después; llegaron a conocer la música de la cantante de cumbia autora de Corazón Valiente.
Sin embargo, no es la primera vez que una artista latinoamericana cautiva los corazones rusos. La actriz y cantante Lolita Torres también supo llegar a lo más alto de la idolatría. Interpretó a Ana María Rosales en La edad del amor (1954), una película que se convirtió en éxito de taquilla dentro de la Unión Soviética. Y, en 1961, fue invitada al Festival de Cine de Moscú. Un momento en la que se empezaba a fortalecer la relación cultural entre Argentina y Rusia, esa que había tenido lugar a comienzos del siglo XX y que posibilitó la circulación de obras de León Tolstói, Fiodor Dostoevski y Antón Chéjov.
Lolita tuvo tal repercusión en Rusia que viajó al espacio con el cosmonauta soviético Yuri Gagarin. Fue el 12 de abril de 1962, en plena Guerra Fría, cuando despegó el Vostok 1 desde la base de Baikonur que colocó al primer ser humano en el espacio. “En 1962, por intermedio de la Embajada de la Unión Soviética en la Argentina, recibí una carta de Yuri Gagarin, el primer astronauta que orbitó la Tierra. En ella se declaraba fan mío y me solicitaba una foto autografiada. Yo no lo podía creer y hasta sentí algo de pudor, por provenir de un héroe a nivel mundial. Así se lo manifesté a vuelta de correo, al tiempo que le mandé la foto, pidiéndole a su vez, que me mandara una suya. Cuando lo hizo, me respondió algo que nunca olvidé: ‘No soy ningún héroe. Soy sólo su admirador Nº 1’, contó la actriz en el libro “Querida Lolita. Retrato de Lolita Torres” de Mario Gallina.
Y continuó: “En esa carta, me contaba también que durante el período de concentración y entrenamiento que le demandó su hazaña, había escuchado diariamente mis discos. Concluía con algo que me emocionó profundamente: ‘Por eso, la primera música que llegó al espacio es la que llevé en mi mente y en mi corazón. Es decir, su voz’. Tuve el honor de estrechar su mano al año siguiente de este intercambio epistolar, cuando fuimos presentados en el Festival de Cine de Moscú”.
Ambas actrices obtuvieron el amor incondicional del pueblo ruso. Incondicional porque no estuvo sujeto a un acontecimiento futuro e incierto. Incondicional porque perduró – y perdura – en el tiempo. “Pensé que era una moda, que me iban a olvidar”, confiesa Oreiro, que en más de una oportunidad ha cantado temas con el ritmo de la zarzuela. Esos mismos que interpretaba Lolita Torres y que se llevaban todo el clamor popular.
(*) Periodista de Cultura de Radio Gráfica.











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