Por Carlos Aira
Ahí está Lionel Andrés Messi. El pibe rosarino del barrio La Bajada, de una ciudad futbolera como pocas; tierra de Gabino Sosa, Capote de la Mata y el mito del Trinche Carlovich, entre tantos otros cracks. Con sus 39 años y una gloria que ningún otro futbolista en la historia pudo conseguir, el genio festeja sus goles ante Austria. Sabe perfectamente que ya no quedan muchos deseos para pedirle a la lámpara, pero no le importa: él es el dueño de la lámpara, de los sueños y de la ilusión argentina en esta Copa del Mundo 2026.
El capitán lidera a un equipo que, de a poco, comienza a mostrar las uñas. Esta Selección no tiene el vuelo lírico de Qatar, pero ante los duros austríacos mostró una combatividad notable. Como bien señalamos en la transmisión de La Gráfica, Austria le propuso a los campeones del mundo un partido propio de nuestro fútbol, no de este Mundial: dientes apretados, combate físico y un freno de mano a la velocidad supersónica con la cual se disputan los partidos hoy en día. Y allí emerge Lionel, escoltado por sus laderos de siempre. Enzo Fernández, Alexis Mac Allister y Rodrigo de Paul son tres escuderos de lujo; un mediojuego excepcional que aúna juego, garra y algo casi imposible de conseguir en el fútbol actual: el sentido para manejar los tiempos.
En este fútbol de 2026, que se juega a la velocidad vertiginosa de las redes sociales y casi sin tiempo para pensar, el capitán comanda una banda que parece anacrónica. Pero lo viejo funciona. El fútbol argentino —ese que es denostado todos los fines de semana— se puso al servicio de la causa para vencer a los europeos. Sin ese ADN tan nuestro, el encuentro de Dallas se hubiera complicado.
Minutos después de fallar un penal — ¿Cuántos habrá errado en su carrera?— y tras una picardía de Thiago Almada, Messi abrió el pie izquierdo para batir la meta austríaca. Sobre el final, tuvo una iluminación digna de Mario Alberto Kempes en la final del 78: combinó técnica y garra para marcar el segundo gol, sentenciando la clasificación a los novedosos dieciseisavos de final.
Ahí va Lionel, rumbo a los 39 años que cumplirá este miércoles. Lleva los sentimientos a flor de piel y la asombrosa marca de cinco goles en dos partidos. Con 18 tantos, ya es el máximo goleador en la historia de los Mundiales. ¿Que lo puede superar Kylian Mbappé? No cabe duda de que eso sucederá, pero hoy, 22 de junio de 2026, el dueño absoluto del récord es argentino y se llama Lionel Messi. Su figura es la bandera de un pueblo que quizás no llegó al Mundial con la efervescencia de otras veces, pero que no puede más que emocionarse con el hijo pródigo que decide ser el mejor cuando otros, a su edad, ya disfrutan las mieles del retiro.
¡Qué tierra gloriosa la nuestra! Es el trasvasamiento generacional que señaló alguna vez un sabio. Durante el partido fue inevitable viajar en el tiempo al 22 de junio de 1986, en el Estadio Azteca. La guerra por nuestras islas del Atlántico Sur era entonces un recuerdo cercano y lacerante. En días de profunda desmalvinización, aquella tarde fue una caricia al alma. Diego Armando Maradona le regaló a la patria su día eterno. Pasaron ya 40 años y bien sabemos que fueron más que dos goles; porque el tiempo es el que casi siempre vence y la muerte prevalece, pero aquel partido ante los ingleses le ganó al tiempo y al olvido. Hoy disfrutamos a Messi, pero jamás olvidaremos a Diego, Dios terrenal y guía celestial. Cuando el Diez se retiró, pensamos que jamás brotaría de este suelo algo igual. El pibe de La Bajada lo consiguió. No se le puede pedir a Messi que escriba las páginas de Maradona, porque son otros libros y otras historias. Alcanza con la emoción de saber que ambos son hijos de este pueblo. El milagro de nuestra tierra.
¡Ahí va Argentina! Con la defensa maltrecha por las lesiones, pero con un corazón enorme y la ilusión de conseguir un bicampeonato mundial que a nivel global es esquivo desde 1962. Pasó Austria y se viene Jordania. Con Lionel Andrés Messi como bandera, nos animamos a cualquier batalla.
OTROS PARTIDOS…
Corriendo mucho y jugando otro tanto, Argelia superó 2 a 1 a Jordania y le permitió a la Selección Argentina asegurar el primer puesto del Grupo J. Los Zorros del Desierto dieron vuelta el partido de la mano del talentoso Ibrahim Maza, un pibe de 20 años nacido en Alemania que, a pura gambeta y rebeldía, sacudió el amor propio de los suyos y les marcó la ruta para evitar la caída. Argelia puede seguir soñando, aunque tendrá que levantar mucho la puntería si pretende reverdecer viejos laureles y emular a aquel equipo que sorprendió al mundo en España 1982 o al que alcanzó los octavos de final en Brasil 2014. Un detalle: ambas naciones son árabes, pero con distinta postura ante la realidad de las cosas. En 1988, Argelia reconoció al estado Palestino; por su parte, desde 1994, Jordania mantiene un tratado de amistad con Estados Unidos transformándose en un gendarme de Washington en medio oriente. Dos realidades distintas.
¡Qué fácil se le hace todo a Francia cuando juega ante rivales tan ingenuos como los iraquíes! Así suelen ser las Copas del Mundo. Cabo Verde ya había sorprendido con dos empates fuera de libreto, pero los muchachos de Bagdad le regalaron a los subcampeones mundiales el segundo gol a pura inocencia en la salida de un saque de meta. En un partido atravesado por la tormenta que se abatió sobre Filadelfia —la tierra de Benjamín Franklin y su pararrayos— y que obligó a suspender las acciones durante dos horas, Francia terminó goleando 3 a 0 a Irak con un doblete de Mbappé y otro tanto de Dembélé. Un detalle sobre los números de Mbappé con Les Bleus: alcanzó los 60 goles en 100 partidos internacionales y se consolida como el segundo máximo artillero en la historia de los Mundiales.
Finalmente, Noruega selló su clasificación al ritmo de los goles de Erling Haaland. Los escandinavos derrotaron 3 a 2 a Senegal con un doblete del rubio ariete en un partido donde siempre llevaron la delantera. A los 13 minutos del primer tiempo, Marcus Pedersen marcó el primero, a poco de haber ingresado en reemplazo del lesionado Julian Ryerson. Ya en el complemento, Haaland, que en la primera mitad había estrellado un tiro en el palo tras un error del arquero Édouard Mendy, logró estirar la diferencia. Minutos más tarde se desató una ráfaga de emociones. Ismaila Sarr descontó para los africanos pero, de inmediato, el Androide convirtió el segundo en su cuenta personal y el tercero para los Vikingos. Sobre el cierre, en tiempo de descuento, Sarr volvió a acortar la distancia en el marcador. Un detalle sobre este equipo noruego: de la boca para afuera no se creen candidatos, pero hacia adentro se saben peligrosos. Un rival de fuste para tener muy en cuenta en esta Copa del Mundo.
(*) Periodista / Conductor de Abrí la Cancha / Autor de Héroes de Tiento y Héroes en Tiempos Infames.












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