Por Fidel Fourcade *
Benito Antonio Martínez Ocasio lleva cinco años siendo el artista más escuchado del planeta. Grabó con Al Pacino, con Snoop Dogg, con Brad Pitt. Vive el esplendor de su triada de albums top con “Un Verano Sin Ti” que reinició al reggaeton en su nueva era de oro y otro “Nadie Sabe…” que le dio al trap la solemnidad de un género consagrado. Y acaba de pasar por Buenos Aires, en su mejor momento, para presentar “Debí Tirar Más Fotos” con tres River agotados.
“Debí Tirar Más Fotos”, el disco que lo trae de gira al pais, es una carta de amor a Puerto Rico con el puño cerrado. El disco habla de lo que duele: la gentrificación que echa a los boricuas de su tierra (“Turista”), los apagones eternos (“Pitorro de Coco”) y el éxodo de los que se tienen que ir (“Lo que le pasó a Hawaii”). Pero también es un archivo de resistencia: samples de plena, sapos conchos en peligro de extinción y clases de historia colonial metidas en los visualizadores. Bad Bunny no hace política, la respira. Puerto Rico existe, resiste y no se va.

Benito va camino a ser el artista más importante de la década, compite palmo a palmo con Taylor Swift, ¿qué década floja no?
¿Está bien? ¿Está mal? ¿La música murió hace al menos 50 años?
Realmente no importa.
La cita era a las 21. A las 21:10 ya sonaba “La Mudanza”. Después “Callaíta”, luego “Pitorro de Coco” con esa intro de “Alfonsina” que nadie esperaba.. River, el templo del rock, convertido en una gigantesca fiesta puertorriqueña de argentinos y el resto del continente.
Para los que no lo conocían, y fueron a verlo de todas formas, fue la presentación de la leyenda, y para quienes lo teníamos en el radar, fue el gusto de poder disfrutar de un artista en su mejor momento y con un show de clase mundial.
Lo mejor pasó en “La Casita”, esa tarima secundaria desde donde Bad Bunny desgranó lo mejor de su repertorio: “Me Porto Bonito”, “Neverita”, “Mónaco”, “Otra Noche en Miami”, “Café con Ron”. Hubo un cover de Soda Stereo con “De Música Ligera” en el medio, que sonó a trámite, pero a esa altura a nadie le importaba. La gente no vino a escuchar rock -por que esa es una canción de una persona que no le gusta el rock- vino a bailar.
“El apagón”, “DTMF” y “Eoo” cerraron una noche redonda para las casi 90 mil personas que asistieron para ver al artista más grande de la década. Bad Bunny, cumplió y fue más allá. 30 canciones, más de 2 horas de show y un recital que va a quedar en la historia.

No por lo que signifique para la música, ni por el debate cultural que dispara. Sino por lo que significa para la gente que estuvo ahí: 90 mil personas por noche cantando a coro, emocionándose con una intro de Mercedes Sosa y bailando hasta reventar. Bad Bunny no es la solución a nada, no viene a salvar el pop ni a redimir el reggaeton. Es, simplemente, el artista más grande de su generación, en su mejor momento, dando el show que la gente pagó por ver.
¿Cómo Bad Bunny va a ser el rey del pop?
Con reggaeton y dembow.
(*) Enviado especial de Radio Gráfica













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