El 3 de enero Estados Unidos atacó Venezuela y secuestró al presidente Nicolás Maduro. Tras ello, son días de frases altisonantes de Donald Trump: expresó abiertamente que buscan quedarse y manejar el petróleo venezolano.
En diálogo con Radio Gráfica, el analista internacional Francisco González contó desde Venezuela que “de a poco se reestablece una relativa normalidad” en la vida cotidiana. En referencia al petróleo manifestó que Estados Unidos busca debilitar el vínculo con China, principal comprador”, pero también, dijo, “busca implosionar a la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo)”.
Al referirse a la vida cotidiana, contó que con el correr de los días hubo mayor presencia de personas en las calles. El transporte se reactivó el lunes reestableciendo “una relativa normalidad”, sumó.
Contó que el ataque se dio en un período muy especial para los venezolanos, ya que la Navidad y el fin de año son las festividades más importantes para su país. “El ataque del 3 de enero se dio en ese contexto. Nos agarró un poco desprevenidos. Había gente de noche festejando”, a lo que agregó que fueron utilizadas 150 aeronaves y drones norteamericanos.
Sobre el episodio de un tiroteo en los alrededores del Palacio de Miraflores, que se produjo el lunes por la noche, sostuvo que “se controló rápidamente la situación. Hoy la gente está muy atenta y alerta”.
Uno de los temas centrales en los días posteriores al ataque es que sucede con la unidad política en el gobierno venezolano. La vicepresidenta Delcy Rodríguez fue designada presidenta encargada. “La ruptura del país la han estado buscando hace rato. Hoy tenemos una continuidad administrativa, hay estabilidad en el país“, aseveró.
Sobre los recursos energéticos afirmó: “Trump quiere gestionar el petróleo venezolano, también implosionar a la OPEP para poder bajar el precio con una mayor producción desde Venezuela“.
Paralelamente se refirió a China, que representa el “80% de las exportaciones de crudo de Venezuela”. Contó que, recientemente, los chinos “invirtieron 1.000 millones de dólares en una plataforma marina” e indicó que un objetivo paralelo es “mermar las capacidades de las inversiones chinas para tener mayor control de las exportaciones”.










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