Andrés Fernández, Veterano de la Guerra de Malvinas, ex soldado del Regimiento de Infantería Mecanizado 6 y actor teatral, habló en Radio Gráfica sobre su desempeño en el conflicto bélico de 1982. El autor de la obra “Silencio Ficticio” junto a Julio Cardoso, destacó cómo el arte le salvó la vida después de la guerra.
Lucas Molinari: ¿En qué año llegaste a Río Gallegos?
Andrés Fernández: Llegué acá como mochilero en el año ’85. Decidí venir a vivir porque el paisaje era el que estaba buscando. Me erradiqué en el ’88. Trabajaba en Entel y conseguí el pasaje de Buenos Aires para Santa Cruz.
LM: Río Gallegos está sobre el Mar, ¿no?
AF: La ciudad está a unos 30 kilómetros del Mar. Río Gallegos tiene una desembocadura, ahora se llama estuario, pero que se conoce como ría. Se mezclan las aguas del mar con las aguas del Río Gallegos y se va haciendo cada vez más ancho hasta que llega el mar. La ciudad está enclavada en una de las orillas de esa ría.
LM: Me imagino todo eso nevado. ¿En el año 88 trabajabas en Entel?
AF: Sí, muchos de los veteranos de guerra, llamados ex combatientes, en aquella época nos quedamos sin trabajo. Fue el caso mío, como el de muchos compañeros. El gobierno del general Bignone, que sucedió a Galtieri, hizo una movida para que muchos de los soldados civiles que habían ido a Malvinas pudieran tener trabajo en las empresas del Estado. Concretamente, en el Ministerio de Obras y Servicios Públicos fue el lugar. Muchos entramos allí.
A mi me tocó entrar en agosto del ’82 en Entel. Me había quedado sin trabajo, me dieron la famosa palmadita en la espalda, “anda a descansar nene que estuviste en una guerra”. Nunca más me llamaron. Además de haber perdido la batalla de Puerto Argentino, perdimos los trabajos, los estudios, todo. Había que empezar de cero todo.
Juan Natalizio: Recién mencionaste de haber perdido la batalla de Puerto Argentino, vos habías sido reincorporado en el ’82 porque habías hecho el servicio militar anteriormente. Contanos ¿Cómo fue tu vida como soldado para ir a Malvinas?
AF: Hice el servicio militar en el año ’81. Había pedido prórroga por estudios secundarios que se podía hacer, en ese momento, dado que eran seis años. Yo hacia la nocturna. Pedí esa prórroga y me incorporaron en el año ’81 al servicio militar. Pero en el año ’81 salí de baja por buen comportamiento en noviembre.
Cuando ocurrió lo de Malvinas, en abril, toda mi clase 62, más la que estaba haciendo el servicio militar, estaba adentro. Me incorporaron. Vivía en Merlo, en una localidad que se llama Libertad. Trabajaba en Morón en una editorial. Me llamaron, tuve que ir y en ese trayecto que va desde el tren eléctrico y tren diesel que nos llevaba hasta Mercedes, iban subiendo muchos compañeros que también estaban dados de baja.
Llegamos el día 7 de abril al regimiento. Ahí nos dieron todos los equipamientos, nos dieron nuevos destinos. A mi me tocó estar en comunicaciones de mi compañía. A otros los pusieron en otras compañías. Quedamos ahí esperando. Solamente esperando.
Ese fin de semana de Semana Santa, permitieron que algunos familiares nos vinieran a ver. Ahí pude ver a mi madre y mi hermana por última vez antes de irnos a Malvinas. El día posterior 12, nos llevaron a Palomar, y de Palomar nos embarcaron en un avión desmantelado hacia el sur. Nunca nadie nos dijo dónde íbamos.
Llegamos a Río Gallegos, cambiamos los bolsos grandes desde la panza de un avión a otra panza de un avión más pequeño. Con ese avión fuimos a otro lugar que terminó siendo las Malvinas, sin que oficialmente nos dijeran dónde estábamos.
Un compañero cuando fue amaneciendo vio un cartel tirado que decía Stanley Airport. Ahí nos dimos cuenta que estábamos en Malvinas porque los kelpers llaman Stanley a su capital.
JN: A partir de ahí ¿Cómo pasó a ser tu vida? Primero la sorpresa. ¿Qué sentiste cuando estabas en Malvinas? ¿Sabías algo de las Islas?
AF: Sabía bastante de las Islas porque estando en la escuela secundaria había hecho un trabajo especial sobre Malvinas. Había que hacer un trabajo mancomunado sociales, historia y geografía. Era como una previa a lo que sería la universidad. Nos preparaban para que después tengamos esa suerte de parciales en la universidad. Investigué mucho y estudié. Sin saber que me iba a pasar esto.
Conocía bastante todo lo que era la historia, la topografía y a sus habitantes. A todo lo que había pasado recientemente también y el reclamo de la Argentina desde 1883 por su soberanía. Todo eso lo sabía.
Jamás pensé que algún día podría llegar a conocerlas. Siempre digo lo mismo, para mi fue cumplir con la obligación que yo tenía. Nosotros cumplimos con una obligación que era el servicio militar. En este caso con la obligación de defender a nuestro país. Fuimos instruidos para eso, y me hice cargo de lo que me tocaba. No me hice ningún planteamiento filosófico o el planteamiento que uno se puede hacer ahora después de tantos años, siendo adulto y con la historia ya contada.
En ese momento, creo que todos, mis compañeros y yo, nos hicimos cargo de la situación que era ir a defender a nuestro país. Así fue. Hasta el último minuto. Nosotros no perdimos la guerra. Quizás los que nos mandaban perdieron la guerra. Pero nosotros no.
LM: Vos dijiste una frase para definir y que me impactó: “uno se parece a los recuerdos que elige conservar”.
AF: Esa es una frase que nosotros con Julio Cardoso, un teatrista y un hombre muy comprometido con la Causa Malvinas, hicimos una obra de teatro que se llamaba “Silencio Ficticio”. Justamente, ese texto, se parece a los recuerdos que quise conservar esta dentro de lo que es el programa de la obra.
Cada vez estoy más convencido de esa frase, porque realmente uno va creciendo y va conservando esos recuerdos a lo que se parece. Realmente, esos son los recuerdos que en definitiva nos van formando, son esos recuerdos compartidos con otros quizás, son los que nos identifican. Voy creciendo, cumplí 61 y cada vez esa frase está más fuerte. Más incrustada en mi corazón.
LM: Me pareció interesante porque venimos entrevistando con Juan a diferentes veteranos y lo que siempre aparece es esta idea de la memoria como una construcción que se va modificando con el tiempo y que también el olvido es parte de esa memoria.
AF: Por supuesto. Creo que uno va seleccionando. Por eso uno se parece a los recuerdos que elige conservar. Siempre me pasa lo mismo. Después de Malvinas y antes de Malvinas por una construcción familiar, de cómo nos criaron, siempre vemos el vaso medio lleno, jamás vemos el vaso medio vacío.
Mi familia es muy humilde, criados con lo mínimo. Siempre fuimos muy felices con ese mínimo. Porque nuestra madre, nuestro padre, tíos y abuelos siempre nos hicieron ver ese lado positivo de todo. Eso me ayudó muchísimo en Malvinas y me ayuda hoy, claro, a ir transitando la vida porque está llena de sorpresas y post Malvinas inclusive, donde muchas no son agradables.
Hay que seguir viendo eso. Viendo ese medio vaso lleno, viéndole lo positivo. En eso creo que están también los recuerdos que uno elige conservar. Siempre son esos recuerdos, instantes, en los que uno fue feliz. Es lo que elijo conservar siempre. No son muchos los momentos de felicidad en la vida, pero hay instantes de felicidad y esos los aprendo, los agarro, y van construyendo esos recuerdos a los que uno se parece.
JN: En 1982, vos me dirás si es triste o es bueno, creo que por lo que venís contando, ¿cómo fue el 14 de Junio para vos?
AF: Fue bastante raro. Había estado en unas posiciones a unos cinco kilómetros custodiando lo que sería entre Puerto Argentino y el aeropuerto. Esa entrada de mar por la que nunca vinieron los ingleses, que nosotros pensábamos que iban a desembarcar por allí.
Ya se veían durante toda la noche del 13 los ataques en los montes cercanos y nos ordenaron replegarnos hacia unas posiciones alternativas que estaban a ocho kilómetros, más cerca del aeropuerto.
Nosotros estábamos con mi compañero, Marcelo Caminos, un amigo con el que hicimos el servicio militar juntos, los dos en comunicaciones. Él era profesor de inglés, siempre nos comunicábamos con los kelpers que estaban cerca o que cruzábamos a través de él.
Ese día nos metimos en el pozo alternativo que teníamos y lo que dijimos “a todo o nada”. Entre los dos, nos prometimos hasta el último suspiro enfrentarnos a lo que sea y lo cumplimos. Marcelo hacia la carga de los cargadores. Estábamos listos, pero a eso de las 10 de la mañana, alguien nos llama y nos dice que había un “alto al fuego”. Nosotros habíamos sentido que ya no había tanto ruido.
Un poco más tarde, no puedo precisar la hora porque ya los relojes nos andaban, no teníamos idea siquiera del día. Después nos enteramos que fue el 14. Vino un suboficial y nos dijo “muchachos, se rindió Menéndez, Nos vamos a casa”.
A partir de ahí todo cambió. Nosotros no queríamos irnos. Todos en mi grupo nos habíamos puesto de acuerdo para pelear hasta el último aliento. No nos queríamos ir. Pero empezó un momento bastante complejo que se pueden ver en las fotos, que es ese tránsito pesado de dar nuestras armas, de entregar todo el equipamiento que teníamos, cascos y todo, yendo hacia el aeropuerto donde a todos nos pusieron ahí porque era el único lugar aislado, dado que la única conexión era una ruta que llevaba al pueblo y esa ruta estaba controlada por los ingleses. Todos estuvimos en ese aeropuerto, esperando para saber que, porque nadie nos decía nada.
Por ahí uno podía pensar en lo peor, que nos iban a matar a todos, total ¿qué saben? No fue así. Sino que después se dijo que había un buque, el Canberra, que iba a llevar a soldados de regreso a tierra continental argentina y empezamos a resignarnos. Pero no fue inmediato eso. Tardamos bastante.
LM: Te quería preguntar ¿qué tiene que ver con tu obra, la que construiste con Cardoso, que recién constabas?. Te llevaste una gran cantidad de cartas que te habían llegado durante el conflicto.
AF: Lo único que no me habían sacado eran las cartas. Me había las había quedado. Eran pan nuestro de cada día. Ninguna comunicación posible había, solamente cartas o telegramas.
Las cartas en algún momento, en los primeros días de junio, se empezaron a quemar, y yo pensaba en todas estas palabras de mis compatriotas que son tan importantes, no quería que desaparezcan. Así que las empecé a guardar. Las enterré en un pozo con varios plásticos. Antes de entregar las armas y volver a las posiciones que teníamos saqué esas cartas y me las puse en la panza. Había adelgazado 35 kilos. Era un montón.
Todo me quedaba grande y esa panza, no era una panza. Eran las cartas. Me costaba pasarlo, pero cuando salí del aeropuerto con mis cartas en la panza y ya llegados al pueblo donde estuvimos cinco días prisioneros de guerra.
Cuando vamos a embarcar en el Bahía Paraíso, un inglés me vio, llamó a otro y me separó de la fila. Con sus armas me golpearon el abdomen. Yo les decía “letters”. Jamás aprobé inglés en la secundaria. Me costó muchísimo. “Letters my family”, decía. Los tipos me separaron mucho más. Me llevaron delante de lo que entendí era un oficial y seguían insistiendo. Hasta que se me cayó la bolsa con todas las cartas y empezaron a husmear. Les repetí “letter my family” y en castellano le decía que eran mías. “Me las voy a llevar. O me quedo con las cartas”.
Este hombre me puso contra un paredón y me palparon de armas. Cuando me doy vuelta, el oficial estaba mirando los papeles. Entonces, le hizo un gesto a los otros dos como para que me acercaran, agarró la carta fuertemente y me la dio. Después, me hizo una seña que recogiera las demás y que me vaya. Así me acompañaron hasta la fila y por eso fui el último en subir al Bahía Paraíso. Estos dos ingleses medio que me saludaron cuando me fui. No me llevaba ningún mapa estratégico militar de las Falklands para un posterior ataque. Eran cartas.
LM: Esas cartas son las que después fueron el insumo para esta obra Silencio Ficticio.
AF: Sí, además Julio Cardoso hizo un documental sobre estas cartas que se llama “Cartas de Batalla”. Después también dio pie para seguir trabajando con él, en una beca del Fondo Nacional de las Artes para poder describir un espectáculo teatral, que tiene como idea fundir dos pasiones que son por un lado el teatro y Malvinas. Para dejar un testimonio escrito.
Tuvimos la suerte de ganar la beca con Julio, vino para aquí, estuvo trabajando quince días y quedó esta obra que se llama Silencio Ficticio. Ya lleva 200 representaciones. Voy haciendo como una forma de malvinización. El arte me sirvió como disparador para poder hablar de Malvinas y de nuestro reclamo por la soberanía.
JN: ¿Cómo te ayudo con esa mochila que es haber pasado una Guerra? Porque después del conflicto mencionaste que habías conseguido laburo por lo que había dado el Estado a los combatientes de Malvinas.
AF: El arte me ayudó. Me ayudó mucho. Estudiaba teatro desde los 14 años. Empecé con un actor muy conocido, viejo, galán de Mirtha Legrand y Cris Morena, Juan Carlos Torre, allí en Merlo. Cuando hice el servicio militar seguía haciendo teatro y cuando vine de Malvinas también seguí.
A mi el teatro me salvó porque cuando volví de Malvinas no tenía sentido la vida. En este caso no tenía trabajo, no tenía proyectos, me había ido a la universidad y me dijeron “venga el año que viene porque perdió el año”. Estuve en una guerra señores, pero a ellos no les importó. Todo era para atrás.
Vinieron dos cosas importantes: el llamado de Entel donde me hicieron sentir una persona; y el teatro. Varios compañeros me dijeron “hacé una obra de teatro”. Tenía un proyecto de vida. Y el arte me fue salvando después. Me tocó trabajar en Corrientes y Maipú, en la sede central de Entel. Me mudé a Buenos Aires y empecé, en el periodo democrático, a estudiar con los grandes maestros que vinieron exiliados. Siempre estuvo presente el arte. Nunca me animé a escribir sobre Malvinas.
LM: Hasta que apareció la experiencia con Julio, ¿no? Quiero preguntarte porque vos te presentaste con Silencio Ficticio en varios países de América Latina, por ejemplo en Cuba. Uno decía que era solamente una obra, pero te diste cuenta después que había una pasión malvinera que trascendía la frontera Argentina.
AF: Si. Terrible. Se podría decir que me sorprendió porque están muchos más involucrados que nosotros. Yo me autogestiono en la medida de lo posible, pero en este caso me anoté en un concurso y quedé seleccionado para un proyecto que hice que es de “Malvinas es Latinoamérica”.
Viajé a Venezuela, México y Perú. A Cuba fui por una función en la Casa de Las Américas e hice 12 funciones. O sea, es tan importante la presencia del tema de Malvinas que cuando fui a hacer la obra, era un acto. Estaban todos o gran parte del gobierno. Ya había estado también Julio con “Las Malvinas, islas de la memoria”, y había abierto una puerta importante. Había un interés increíble. Inclusive, el Presidente de los Estudios Históricos Cubanos pidió una entrevista conmigo. Fuimos a la Embajada, estuvimos hablando seis horas con él de toda mi experiencia.
LM: Me imagino la felicidad de encontrar todo ese espíritu malvinero. Contanos ¿qué tiene que ver Andrés Fernández con el heroico Sargento Cabral?
AF: Mi familia es Cabral. Nuestro abuelo hizo el servicio militar en el mismo regimiento que yo, ahí en Mercedes en el año 1910. Él siempre nos decía que éramos descendientes. Nosotros le decíamos “cállate abuelo, no viste que en las figuritas de Billiken es rubio casi blanco y nosotros somos todos negros”. Él respondía “No, ustedes no saben nada”.
Cuando falleció el abuelo, uno de mis primos que ahora vive en España hizo una investigación sobre si realmente el abuelo tenía razón. Y llegamos a la conclusión de que sí. ¿Por qué? Porque su papá era primo del sargento Cabral.
Cabral no era sargento. Era un sambo, era alguien que ni siquiera se llamaba Cabral, sino que tenía el apellido de su dueño. Era hijo de una india guaraní y de un descendiente africano de Brasil. Tuvo varios hijos esa unión, y uno de sus hijos, anduvo por la provincia de Buenos Aires, porque en aquella época, como se hacía en algunos lugares, se iba a trabajar a otras provincias. Este hombre, Zacarias San Juan Bautista Cabral, que es el papá de mi abuelo, mi bisabuelo, el más joven de los hijos, anduvo por la provincia de Buenos Aires teniendo hijos por todos lados.
Por eso, me puse Andrés Fernández Cabral en homenaje a la familia materna, pero en homenaje de mi abuelo que de alguna manera nos estaba diciendo la verdad y no lo sabíamos.
- Entrevista realizada en Malvinas, 40 historias (martes de 14 a 15 horas)














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