Por Lorena Fernández Bravo*
La heteronorma se refiere a un orden construido en base a un sistema de sexo y género binario y jerárquico, donde lo humano se reduce a mujeres hetero-cis, consideradas inferiores y a varones hetero-cis entendidos como superiores. A su vez, este orden es reforzado por la imposición de la Heterosexualidad Obligatoria, institución política denominada de esta manera por Adrienne Rich, feminista y activista lesbiana estadounidense.
En otras palabras, este sistema limita la definición de lo humano a solo dos categorías genéricas y además disciplina el deseo sexual para que la orientación sexual sea solo por el sexo opuesto.
En definitiva, la heteronormatividad discrimina e invisibiliza a todas las personas que no se identifican con estas dos identidades de género ni con la única opción que brinda de orientación sexual. Por lo tanto, quedan expulsadas las personas travestis, trans, intersexuales, lesbianas, bisexuales, asexuales y gays.
Heterosexualidad obligatoria
Rich, en Heterosexualidad obligatoria y existencia lesbiana, publicado en 1985 por la revista “Nosotras que nos queremos tanto”, se hace una pregunta que pone en jaque el carácter innato de la heterosexualidad, “¿por qué son necesarias restricciones tan violentas para asegurar la lealtad y sumisión emocional y erótica de las mujeres respecto a los varones?”.
Considerar que la heterosexualidad es lo “natural” o la única opción, elimina la posibilidad de pensar que la orientación sexual puede ser una elección. En consecuencia, quienes no la respeten, aparecerán como antinaturales, anormales o personas enfermas.
Si bien el 17 de mayo de 1990 la Asamblea General de la Organización Mundial de la Salud (OMS) removió a la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales y la aceptó como una variación de la sexualidad, aún hoy esa concepción hace eco en la sociedad.
Consecuencias de no cumplir con lo normado
Rita Segato, escritora, antropóloga y feminista, en Las Estructuras Elementales de la Violencia. Ensayos sobre género entre la Antropología, el Psicoanálisis y los Derechos Humanos, reflexiona sobre lo que ella llama “la extracción del tributo”, que se da en una relación asimétrica de poder entre un perpetrador y su víctima. El perpetrador extrae el tributo de la víctima para mantener su relación con sus pares. Esto lo puede hacer porque siente que el cuerpo de las mujeres, que serían las víctimas, es su dominio.
Por su parte, María Luisa Femenías, filósofa feminista, afirma que el cuerpo de las mujeres es el lugar donde se inscribe el dominio y la potencia coercitiva de un grupo inestable.
Si bien Segato y Femenías se refieren a las mujeres, el poder que sienten los varones hetero-cis para hacer lo que prefieran con los demás cuerpos también se refleja en las personas LGBTIQ+, a las que agreden y discriminan sin tener la capacidad de entender que son personas al igual que ellos.
El poder y dominio que ejercen los varones ante las personas que no cumplen con la heteronorma se puede encontrar en distintos casos de la actualidad, como por ejemplo, el de Mariana Gómez y su esposa, Rocío Girat, que en 2017 mientras charlaban y se besaban en la estación de trenes de Constitución, un policía se acercó a decirle a Mariana que no podía fumar, a lo que ella respondió que no había carteles que lo prohibieran y que otras personas estaban haciendo lo mismo.

Por normativa esto podría haberse solucionado si Mariana apagaba el cigarrillo o se iba del lugar pero en su declaración aseguró que al intentar irse uno de los policías le puso la mano en el pecho, la trató de “pibe” y le dijo que iba a ser “detenido”.
Ese día la detuvieron y la trasladaron a la estación policial de la estación Boedo de la Línea E, donde estuvo seis horas detenida. Ahí la obligaron a desnudarse y le revisaron sus partes íntimas, lo cual no está permitido.
Finalmente en 2019 la condenaron a un año de prisión en suspenso por resistencia a la autoridad y lesiones leves contra dos efectivos de la Policía de la Ciudad, Jonatan Rojo y Karen Villarreal.
El 17 de febrero pasado comenzó la audiencia por la absolución de Mariana, donde se expusieron los argumentos de su apelación ante la Cámara Nacional de Casación Criminal y Correccional de la Capital Federal y se denunció al fallo como discriminatorio y lesbofóbico, porque se entiende que el arresto y la condena fueron parte de una lógica de criminalización y adoctrinamiento hacia las identidades disidentes que rompen la heteronorma.
Pero el caso de Mariana no es el único, sin buscar demasiado aparecen muchos otros, como el de Tomás y Joaquín en 2018, insultados y echados de la pizzería a donde habían ido a cenar o el de Brian y Ariel en 2019, que mientras estaban en su cita un hombre se les acercó y los empezó a golpear con un látigo “por estarse besando”.
En definitiva, la heteronorma excluye y repudia todo lo que supone diferente a ella. En palabras de Judith Butler, filosofa feminista, se podría decir que esta normativa muestra miedo al deseo homosexual por temor a la pérdida tanto de la feminidad como de la masculinidad, por lo tanto su comportamiento es violento.
Otras consecuencias concretas de la heteronorma son legitimar la desigualdad de género entre las posibilidades laborales y la brecha salarial; impedir que sea bien vista la maternidad y la paternidad entre identidades que no sean un varón y una mujer hetero-cis; dividir juguetes “para nenes” y colores para “nenas”, entre otras.
Para deconstruir esta norma que cada día queda más obsoleta y es más inútil, debemos trabajar desde nuestros círculos erradicando ciertos insultos, teniendo en cuenta a todos los géneros, desterrando los estigmas que durante años recayeron sobre el colectivo de la diversidad y tratando a todes por igual porque todes somos personas y eso es lo que importa.
*Columinista “Loló Decronstructora” en Abramos la Boca, lunes a viernes de 16 a 18 hs, por Radio Gráfica.












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