Por Héctor Amichetti*
Occidente suele calificar a Estados Unidos como tierra de la “libertad y la democracia”.
Tal es la creación que se ha hecho al respecto que le han conferido autoridad suficiente como para intervenir en cualquier lugar del mundo donde -según su criterio- no se respete la “libertad y la democracia”.
Es así que, con su moral devaluada, el “Gran Satán” invade, bombardea, conspira, golpea, asesina.
Fue precisamente un Presidente de los Estados Unidos quien elaboró una frase muy adecuada a los acontecimientos de estos últimos días: “Se puede engañar a algunos todo el tiempo y a todos algún tiempo, pero no se puede engañar a todos todo el tiempo” (Abraham Lincoln).
Quien quiera perder su tiempo que siga hablando de la democracia en los Estados Unidos, quienes a las luz de los hechos históricos estamos absolutamente desengañados, preferimos a menudo hablar de como se construye.
En nuestro país comenzamos a transitar el camino de la auténtica democracia representativa, republicana, federal y social con el proceso electoral que culminó con Juan Perón en la presidencia de la nación en 1946.
Hasta ese momento los partidos del libre juego de la formalidad republicana en Argentina, como lo son el Demócrata y el Republicano en el “gran país del norte”, reinaban con su sistema elitista y fraudulento.
Tan es así que el movimiento surgido bajo el liderazgo de Perón tuvo que fundar de apuro un partido nuevo para poder participar en las elecciones del 24 de febrero de 1946: el Partido Laborista.
La vieja partidocracia (radicalismo claudicante, conservadores, socialistas, demócratas, comunistas), se amontonó como reacción defensiva en lo que se llamó la Unidad Democrática, aunque la verdadera conducción de tal fuerza “republicana y democrática” era la Embajada de los Estados Unidos.
Pocas semanas antes de los comicios y con la abierta intención de frenar la llegada de Perón a la presidencia, el gobierno de los Estados Unidos intentó en vano influir en la elección publicando el llamado “Libro Azul” (Blue Book on Argentina).
“Argentina expuesta” decía en su tapa, mientras el diario “The New York Times”, alarmado en las últimas horas por la payasada del Capitolio, titulaba en aquel entonces: “¡Argentina acusada! La negra perfidia de la patota fascista de Perón y toda su traición desenmascarada por nuestro propio Departamento de Estado”.
El nuevo movimiento surgido de la histórica sublevación popular del 17 de octubre no solo sintetizaba con el “Braden o Perón” la alternativa a la que se enfrentaba el pueblo argentino, en el material de difusión preelectoral (como el que se adjunta a ésta nota), definía que representaban esos comicios del 24 de febrero como ejercicio de la verdadera democracia.
“Usted votará mañana contra: Braden, el Jockey Club, el Círculo de Armas, la Unión Industrial, la Bolsa de Comercio, la Sociedad Rural, los latifundistas, el Gran Capitalismo, la Prensa Subvencionada y por la Argentina que nace con Perón sin corrupción y sin pobreza”.
Más claro imposible!!!
En Argentina y en todos los países del mundo ése sigue siendo el desafío de la Democracia, si quien gobierna es la fuerza política que triunfó en una elección o son las Corporaciones que constituyen un poder de facto que no necesita que lo voten.
En Estados Unidos eso está resuelto hace rato, las elecciones y los partidos son apenas una formalidad, matizada como en éste caso con un pintoresco toque de diversión.
*Federación Gráfica Bonaerense / Corriente Federal de Trabajadores











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