Por Juan Natalizio
El barrio Segunda Loma Grande, ubicado en el partido bonaerense de Merlo, eligió llamarse Defensores de Malvinas a partir de una iniciativa impulsada por el Veterano de Guerra Walter Núñez, junto a instituciones educativas y organizaciones comunitarias. La propuesta involucró a estudiantes, docentes, familias y vecinos, quienes participaron de un proceso de varios meses que culminó con una votación popular el pasado 22 de septiembre.
En diálogo con Malvinas Causa Central, Núñez explicó que la iniciativa surgió después de su regreso a las Islas Malvinas en 2025, cuando participó de un viaje organizado por el municipio de Merlo junto a otros veteranos y estudiantes secundarios. Durante aquella experiencia comenzó a pensar en la posibilidad de modificar el nombre del barrio donde reside, integrado por aproximadamente 45 manzanas, para rendir homenaje a los caídos en la guerra de 1982.
La propuesta comenzó a tomar forma en febrero de este año, cuando Núñez se reunió con la directora del Jardín de Infantes N.º 954, quien también tenía la intención de asignarle un nombre a la plaza del barrio. A partir de ese encuentro se desarrolló un proyecto que incorporó a las escuelas primaria y secundaria de la zona, además de la sociedad de fomento y distintas organizaciones comunitarias.
Núñez recordó que inicialmente propuso tres nombres vinculados con la historia de Malvinas: Gaucho Rivero, Operativo Cóndor y Barrio Parque Islas Malvinas. Posteriormente, durante una actividad organizada por la sociedad de fomento, una familia propuso incorporar la denominación Defensores de Malvinas. Las alternativas fueron trabajadas durante varios meses por los estudiantes, quienes investigaron los acontecimientos históricos relacionados con cada propuesta.

Finalmente, el 22 de septiembre se realizó una votación en distintos establecimientos educativos y espacios comunitarios, de la que participaron cerca de 1.400 personas. El nombre elegido fue Defensores de Malvinas. “Para mí es algo histórico”, expresó Núñez, quien destacó especialmente la participación de los niños, jóvenes y vecinos en la decisión.
“Esos nenes chiquitos el día de mañana se van a dar cuenta que están en una parte de la historia del barrio, porque ellos mismos eligieron su nombre”, sostuvo el veterano de guerra. Además, señaló que el proyecto permitió involucrar a distintas generaciones en el conocimiento de la historia argentina y en el reconocimiento de quienes combatieron en las Islas Malvinas.
La iniciativa también contempló la elección del nombre de la plaza, que pasó a denominarse Plaza Parque Malvinas. Núñez explicó que, junto al municipio, trabajan en un proyecto para mejorar el espacio público mediante la construcción de senderos, instalaciones deportivas y lugares de encuentro para los vecinos. También planteó la posibilidad de incorporar elementos y referencias históricas vinculadas con Malvinas, el Gaucho Rivero y el Operativo Cóndor.
En ese sentido, recordó que una de las calles próximas a la plaza lleva el nombre Operativo Cóndor, en homenaje a la acción de 1966, en la que participaron seis vecinos de Merlo. Entre ellos se encontraba el Toti Aguirre, quien vivió sobre esa misma calle. “La idea ahora es seguir laburando en conjunto con el barrio, malvinizando, mejorar el barrio”, explicó.
La lucha por el trabajo de los veteranos
Durante la entrevista, Núñez también repasó su trayectoria en las organizaciones de excombatientes y las iniciativas que impulsó desde la posguerra. Recordó que los primeros encuentros de veteranos en Merlo comenzaron entre 1985 y 1986, a partir del trabajo de Rubén Gómez, quien recorrió en bicicleta los domicilios de antiguos compañeros para reunirlos. Aquella organización derivó en la conformación del Centro de Veteranos de Guerra de Merlo en 1993.
Uno de los principales proyectos que impulsó estuvo relacionado con la inserción laboral de los excombatientes en las escuelas de la provincia de Buenos Aires. Núñez explicó que, durante la década de 1990, numerosos veteranos permanecían desocupados y tenían dificultades para acceder a empleos formales. “Tenemos cualquier cantidad de veteranos sin trabajo. La mayoría de los que somos soldados conscriptos tenemos estudios primarios nada más, y nos cuesta mucho conseguir trabajo”, recordó sobre los argumentos que presentó ante las autoridades educativas.
La iniciativa consistió en solicitar que el 10% de los puestos de porteros y auxiliares escolares fueran destinados a veteranos de guerra. Según relató, el proyecto comenzó en Merlo y posteriormente se extendió a toda la provincia de Buenos Aires, permitiendo el ingreso de aproximadamente 3.500 excombatientes a distintos establecimientos educativos.
“Qué mejor para un hombre, padre de familia, que pueda llevar el sustento a su familia por su esfuerzo”, expresó Núñez al recordar la importancia de aquella conquista. También destacó que la propuesta incorporó actividades de malvinización dentro de las escuelas, mediante charlas de veteranos y la asignación de nombres vinculados con Malvinas a aulas y establecimientos educativos.
El veterano de guerra recordó que, junto a otros compañeros, también trabajó en iniciativas vinculadas con la jubilación anticipada y la posibilidad de que los hijos de los excombatientes pudieran acceder a los cargos que sus padres dejaban al jubilarse. Estas acciones formaron parte de una extensa trayectoria de organización colectiva para mejorar las condiciones de vida de quienes regresaron de la guerra.
Los campos minados durante la Guerra de Malvinas
Núñez también reconstruyó su participación en la guerra de 1982 como soldado conscripto de la Compañía de Ingenieros Mecanizada 10, donde integró la Segunda Sección de Ingenieros. Su unidad tuvo entre sus principales responsabilidades la instalación de campos minados y otros trabajos defensivos en distintas posiciones argentinas, entre ellas las zonas próximas a Wireless Ridge y Monte Longdon.
El veterano de guerra explicó que la colocación de minas exigía conocimientos técnicos y una preparación específica adquirida durante el servicio militar. Sin embargo, recordó que las condiciones cambiaron considerablemente durante los últimos días del conflicto, cuando las tropas británicas se encontraban cada vez más cerca de las posiciones argentinas y los trabajos debían realizarse bajo fuego enemigo.
“Lo que me acuerdo yo era que hacía lo que hacía y en todo momento decía: ‘Dios, ayúdame, Dios, ayúdame'”, relató sobre aquellos momentos. Núñez recordó que, mientras trabajaban en los campos minados, debían interrumpir constantemente sus tareas para protegerse de los bombardeos británicos.
Al referirse a la preparación militar recibida, sostuvo: “Para la guerra no está preparado nadie, porque vos te podés preparar y aprender un montón de cosas. Después, cuando sentís las balas cerca, o las bombas cerca, no sabés cómo reaccionar”. No obstante, destacó que los integrantes de su compañía habían recibido instrucción específica para desarrollar las tareas de ingeniería que les fueron asignadas.
También recordó uno de los episodios más dolorosos de su experiencia en las Islas, cuando cuatro soldados argentinos del Regimiento de Infantería 7 murieron al activar accidentalmente una mina antitanque colocada en uno de los campos minados. Núñez relató que los jóvenes intentaban cruzar un río en busca de alimentos cuando se produjo la explosión.
Sobre los combates finales, recordó especialmente la noche del 13 al 14 de junio, cuando las posiciones argentinas fueron sometidas a intensos bombardeos de artillería. Núñez describió las dificultades para descansar durante los últimos días y el repliegue de su sección hacia Puerto Argentino, mientras las fuerzas británicas avanzaban sobre las defensas.
Consultado sobre lo que sintió al conocer el cese de los combates, respondió: “Una tranquilidad bárbara, la verdad. En ese momento no sentí amargura, sentí una tranquilidad de que estaba vivo, que iba a volver a ver a mi vieja, a mi viejo, a mis hermanos, mis amigos”.
La malvinización como construcción colectiva
Tras regresar al continente, Núñez comenzó a participar activamente en las organizaciones de veteranos y en distintas campañas para mantener presente la causa Malvinas. Recordó especialmente los años en que numerosos excombatientes, ante la falta de trabajo, recorrían los trenes ofreciendo publicaciones, calcomanías y banderas argentinas, al mismo tiempo que difundían sus experiencias de guerra.
El veterano de guerra destacó el acompañamiento recibido por parte de la sociedad durante aquellos años. “Había gente que te abrazaba, te daba la mano, siempre te daba una mano”, recordó. También señaló que la presencia creciente de la bandera argentina y de las Islas Malvinas en la vida cotidiana fue resultado de un trabajo sostenido durante décadas.
La presencia creciente de la bandera argentina y de las Islas Malvinas en la vida cotidiana fue uno de los aspectos abordados durante la entrevista. Núñez destacó que ese proceso fue resultado del trabajo sostenido de los propios veteranos, junto a docentes, periodistas y organizaciones populares, que contribuyeron a mantener vigente la causa Malvinas en la sociedad argentina.
Hacia el final de la entrevista, Núñez reivindicó la importancia de la educación y la formación de las nuevas generaciones para construir una Argentina con mayores capacidades para defender sus intereses nacionales. “Esa gente hace una patria más grande y más fuerte. Y cuando tengamos una patria más grande y más fuerte vamos a poder recuperar nuestras islas diplomáticamente, sin ir a una guerra”, sostuvo.
Finalmente, agradeció a los vecinos, docentes, estudiantes y organizaciones que participaron en la elección del nuevo nombre del barrio, así como a quienes continúan desarrollando actividades de malvinización en todo el país. “Ese trabajo que hacemos es lo mejor que podemos hacer para que no se olviden nuestros caídos”, concluyó.










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