Como parte de la repentina malvinización del Gobierno de Javier Milei, una de las iniciativas anunciadas fue el impulso a una ley de Defensa de la Soberanía Nacional, que ha despertado críticas y advertencias por las consecuencias que podría generar en materia de seguridad interior. Pero, además, la ley se da en un contexto de un fuerte deterioro presupuestario de las Fuerzas Armadas en equipamiento, salarios y con una obra social detonada.
En diálogo con Radio Gráfica, Julio Mosle, periodista especializado en temas de defensa, analizó aspectos de la ley, describió la situación que atraviesan las Fuerzas Armadas e hizo una síntesis de la disputa que se viene en torno a la Antártida y cómo está posicionada la Argentina.
“El principal problema del proyecto es en el contexto que se da al mirar las políticas de defensa que tuvo el gobierno de Milei”, comenzó.
“Hoy los militares en actividad tienen problemas con sus salarios, como todos los empleados públicos. Recién en el último mes le dieron un aumento que es una parte de lo que les había otorgado (Jorge) Taiana (ex ministro de Defensa durante el último tramo del gobierno del Frente de Todos) y nunca había sido aplicado”, sumó.
Un tema de debate, que el proyecto vuelve a introducir, es introducir a las Fuerzas Armadas en la seguridad interior. Mosle afirmó sobre el tema: “Ya durante el Gobierno de Cambiemos, cuando Patricia Bullrich busca que las Fuerzas Armadas hagan seguridad interior, uno de los temas por lo que se negaban era la diferencia salarial con Gendarmes y Prefectos que en esos años habían sido desplegados en el Conurbano y grandes centros urbanos y con eso habían mejorado sus salarios”.
“Había un descontento de la tropa con esa situación y por otro lado recordaban que la última vez que hicieron seguridad interior sin un marco legal que nos avalara fueron presos lo militares mientras Martínez de Hoz se fue a su casa”, agregó.
“Además, en términos técnicos esta ley plantea definiciones tan amplias y vagas que le da libertad de interpretación al Juez en lo que pueda suceder”, indicó.
“Al desfasaje salarial, la crisis de la obra social (IOSFA) se suma la falta de capacidades operativas para llevar eso adelante. Algo muy básico, pero para que salgan de los cuarteles hace falta presupuesto”.
Tras ello Mosle describió: “El Gobierno compró los aviones F-16, los blindados Striker para el Ejército y recientemente anunció la posibilidad de un endeudamiento de 2.300 millones de dólares para la compra de submarinos. La discusión es en que contexto de planificación de defensa se da esto. Se firmó la compra de los F-16 para una fuerza que no venía operando con aviones de combate porque no había presupuesto y una hora de vuelo con ese avión vale 15.000 mil dólares. Como contraparte, de los cinco aviones de transporte C-130 que tiene en condiciones de volar hay uno solo y está por ingresar en mantenimiento”.
“Hay que sumar que hoy las Fuerzas Armadas están limitadas, están compuestas en gran parte por voluntarios que cobran un salario mínimo y que tienen un plazo de permanencia de ocho años. No tenés la capacidad de personal ideal, pero además no tenés operatividad. Hoy la Armada no tiene ningún submarino operativo. No hay plata para que navegue”, detalló.
“No pueden adiestrar al personal calificado porque basicamente no hay presupuesto ni para que vuelen o manejen un tanque“, sumó.
LA GUERRA FRÍA POR LA ANTÁRTIDA
Uno de los anuncios que hizo Milei hizo en el impulso malvinero fue anunciar que se retomará la construcción de la Base Naval Integrada en Ushuaia que su propio gobierno paralizó. ¿Cuál es la importancia de esa base en relación a la Antártida?
“Para analizar la Antártida hay que mirar que está pasando en el Ártico donde con el cambio climático se abrieron nuevas rutas comerciales. En el último tiempo, Rusia construyó media docena de rompehielos nucleares porque son la cabeza del convoy de los barcos que van de China a Europa por la ruta del norte”.
“La Antartida se va a convertir en una ruta comercial y probablemente se exploten los recursos naturales a partir de 2048 (cuando finaliza el Tratado Antártico). Hoy tenemos una guerra fría por el control de la Antartida con cinco grandes puertos de acceso: Ciudad del Cabo en Sudáfrica, Hobart en Australia, Willington en Nueva Zelanda, Punta Arenas en Chile, Ushuaia en Argentina, además del puerto de Malvinas. Hay una carrera diplomática que por ahora es de exploración y ciencia, pero es importante que la Base Naval Integrada comience a funcionar para dar esa disputa”, concluyó.











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