Por Carlos Aira (*)
¡Argentina para todo el mundo! El campeón pasó por la Kansas de los tornados y dejó plasmada su impronta de candidato. El 3 a 0 ante Argelia, tal vez, ni siquiera alcance a dimensionar el verdadero rendimiento del equipo. Y ahí está él: Lionel Andrés Messi. Con su veteranía sapiente. El crack que entiende que ya no es dueño de aquel pique corto y demoledor que quedará en la memoria por siempre, pero que, como los viejos cracks de todos los tiempos, sabe exactamente cómo ubicarse en la cancha.
Aparece luchando en la mitad del terreno o, por momentos, metiendo un relevo defensivo por la derecha; sin embargo, lo suyo siempre fue el gol. Con el objetivo latente de superar el récord de 16 conquistas mundialistas de Miroslav Klose, la noche de Kansas lo vio firmar un triplete maravilloso. Así, alcanzó la línea del alemán y hasta lo hubiera superado si aquel grito del inicio del juego no hubiese sido anulado por un fuera de juego made in FIFA. ¡Qué curiosidad del destino! Exactamente veinte años atrás, en Gelsenkirchen, Argentina goleaba 6 a 0 a Serbia en una demostración de fútbol inolvidable. En aquella noche alemana, un pibe Messi convertía su primer gol mundialista. Dos décadas después, el rosarino sigue vigente, notable, plantado en la cima como el máximo goleador en la historia de las Copas del Mundo.
Las dudas de Argentina estuvieron en el fondo. De hecho, la constitución del sistema defensivo había sido motivo de intensos análisis previos. El entrenador finalmente decantó por la opción que señalamos en Abrí la Cancha: una dupla de centrales dura y rápida, compuesta por Romero y Lisandro Martínez, priorizando la velocidad por sobre la altura y la presencia física de Otamendi. La otra incógnita eran los laterales. Con Nicolás Tagliafico fuera de competencia por lesión, la presencia de Facundo Medina era una fija, ¿pero quién ocuparía la banda derecha? La inclusión de Gonzalo Montiel fue una sorpresa, y el lateral surgido en River tal vez haya sido el punto más flojo del equipo. Luego, el ingreso de Nahuel Molina en la segunda etapa aportó otro tipo de seguridad. Es que Argelia tuvo su momento en la primera mitad: la telaraña verde recuperaba la pelota y, en los pies de Fares Chaibi y el hábil Anis Hadj Moussa, le generó serios problemas al fondo argentino.
En el complemento, la entrada de Nicolás González brindó mayor recorrido que el inconexo pero empeñoso Thiago Almada. Allí apareció ese trío que quizás no descolle desde lo visual, pero cuyo fútbol es cinco estrellas. Enzo Fernández fue el barómetro del equipo, marcando el ritmo en todo momento, mientras que Rodrigo De Paul y Alexis Mac Allister se ofrecieron como salidas claras. Vale destacar este rasgo del conjunto argentino en su presentación: en una Copa del Mundo donde la norma son las transiciones supersónicas entre defensa y ataque, Argentina sigue apostando al viejo fútbol de control, al manejo de los tiempos y, si es necesario, a dormir el partido. El equipo va a contramano de una tendencia mundial, y será sumamente interesante observar ese choque de estilos ante otros seleccionados de fuste.
El párrafo final debe ser para el cuerpo técnico encabezado por Lionel Scaloni. El objetivo que tiene la Selección por delante es inmenso. Tan solo dos naciones se han consagrado bicampeonas del mundo en forma consecutiva: la Italia de la década del 30 (1934-1938) y el Brasil de Pelé (1958-1962). Estuvieron cerca la propia Argentina en 1990 y Francia en la última cita mundialista. Esta competencia será más larga que cualquier otra y ya se intuye que los rivales considerados débiles en el pasado ya no lo son tanto. Si Argentina logra coronarse, estaríamos ante una verdadera proeza deportiva.
Pero que el árbol no tape el bosque: este ciclo que se inició en la Copa América de Brasil 2019 y se estira hasta hoy ya es lo más brillante en la historia de nuestro fútbol. Es sabido que en los años 40 existió una generación dorada (¡gloria eterna a todos ellos!) que se consagró tricampeona de América; también están más que presentes los procesos de César Luis Menotti y Carlos Salvador Bilardo. Sin embargo, esto es único: se trata de un ciclo en el cual el equipo se mantiene permanentemente en el tope del rendimiento mundial. Y lo mejor de todo es que somos contemporáneos de esta maravilla.
¡FRANCIA, SIEMPRE FRANCIA!
Si nosotros tenemos un crack maravilloso llamado Lionel Messi, Francia tiene a un superdotado llamado Kylian Mbappé. En el MetLife Stadium, el subcampeón del mundo derrotó 3 a 1 a Senegal, luego de un primer tiempo donde no la pasó bien y se vio superado por el rigor africano. Sin embargo, en la segunda etapa, los galos mostraron toda su contundencia: con dos goles de Mbappé y otro de Bradley Barcola, terminaron liquidando la historia. Les Bleus expusieron su mayor credencial, ese contragolpe maravilloso y demoledor. Pero, como bien señaló Lautaro Fernández Elem en la transmisión, allí radica la clave para enfrentar a los franceses: la premisa absoluta será no otorgarles la más mínima ventaja en la transición y cerrarle los caminos a su contraataque.
LA NORUEGA DE HAALAND
Todo el mundo se enloquece con Erling Haaland. Voy a decir algo que va a contramano de la corriente general, y créanme que no lo hago con ánimo de snobismo ni desconociendo el inmenso poder de fuego del lungo nórdico, pero a mí Haaland no me mueve un pelo. Me da la sensación de que si tuviera que jugar en un fútbol más competitivo y con marcas en serio, su capacidad goleadora decrecería notablemente. Lo suyo es la velocidad y la prepotencia física, virtudes que puede desplegar cuando tiene espacios. Espacios —y una dosis grande de ingenuidad— que Irak le regaló generosamente a los bacalaos nórdicos. Al final, Noruega derrotó 4 a 1 a Irak con un triplete de Haaland. Las estadísticas son las estadísticas y el rubio es sinónimo de gol. Pero, ¿Qué quieren que les diga?… ¡Tiene menos onda que un asado vegano!
¿QUE VIMOS DE AUSTRIA?
Con el pitazo final de Argentina-Argelia, la atención se trasladó de inmediato al choque entre Austria y Jordania, los otros dos integrantes de nuestra zona en esta cita mundialista. Aunque los europeos terminaron abrazándose a un 3 a 1, la chapa final resulta sumamente engañosa: al conjunto conducido por Ralf Rangnick no le sobró absolutamente nada. El marcador se abrió a los 21 minutos gracias a una genialidad de Romano Schmid, quien desenfundó un violento derechazo desde media distancia que dejó sin opciones al guardameta Yazeed Abulaila. Lejos de amedrentarse, el combinado asiático respondió de inmediato por intermedio de Ali Olwan, cuyo remate reventó el poste. La paridad que se olfateaba en el trámite llegó recién a los 5 minutos del complemento, cuando el propio centrodelantero jordano lideró una réplica letal y la mandó a guardar con un disparo cruzado.
La polémica se instaló sobre los 67 minutos. El histórico Marko Arnautović capitalizó un grosero blooper de Abulaila en la salida para estampar el segundo, pero la tecnología entró en acción y el juez anuló la conquista por una infracción previa de Stefan Posch, quien se había llevado la pelota con la mano. Sin embargo, el destino le guiñó el ojo a los austríacos a falta de un cuarto de hora para el cierre: tras un tiro de esquina, la pelota impactó fortuitamente en la espalda del defensor Yazan Al-Arab y se metió de manera insólita en su propia valla. Ya en el epílogo, sobre el décimo minuto de adición, el VAR volvió a intervenir para certificar una mano inequívoca dentro del área. Esta vez sí, Arnautović no perdonó desde los doce pasos y sentenció un 3 a 1 exagerado por donde se lo mire.
LA DEL ESTRIBO: ¡Enorme transmisión del stream de la Gráfica! Lautaro, Podro y quien habla al aire. Con la producción de Mauro Negro y las redes de Giuliana Vigilante. El área técnica, coordinada por Julian Pelliza y las presencias de Lao Espíndola y Malena Cohelo. 26.000 visitas es el comienzo de un camino que ojalá termine en bicampeonato del mundo.











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